La cooperativa gijonesa estará presente durante toda la FIDMA entre el stand de Gijón Impulsa y el Mercado de Caja Rural de Asturias, donde muestra los productos que le han llevado a ser reconocida con el Premio Alimentos de España a la Iniciativa Emprendedora, otorgado por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación

Hubo un momento en el que Elena Fernández y Ana Marcos pensaban que quizá Panduru, el proyecto que crearon hace ya seis años, podría vivir exclusivamente de sus dulces creados con pan excedente de panaderías artesanas. La realidad, sin embargo, les obligó a cambiar de estrategia. Y es que después de poner en marcha esta cooperativa gijonesa de economía social, el proyecto ha crecido precisamente gracias a la capacidad de adaptación: la repostería sigue siendo su producto más conocido, pero ahora conviven con servicios de restauración sostenible, formación, sensibilización y nuevos proyectos de innovación que buscan llevar el aprovechamiento alimentario mucho más allá del pan.
Esa evolución es la que muestran durante esta edición de la Feria Internacional de Muestras de Asturias (FIDMA), donde estarná presente por partida doble: en el Mercado de Caja Rural de Asturias, situado en el Pueblo de Asturias y también en el stand de Gijón Impulsa (pabellón 4), entidad con la que Panduru mantiene además una estrecha relación al haber sido ya reconocida su labor con el Premio a la Sostenibilidad en 2023. Por si fuera poco, la empresa encara uno de sus mejores momentos, ya que el pasado año recibió el Premio Alimentos de España a la Iniciativa Emprendedora, un galardón otorgado por el Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación que supone un reconocimiento de ámbito nacional y que, como admite Fernández, supuso un importante respaldo al trabajo desarrollado desde sus inicios. «Hay categorías para productos, empresas sostenibles o divulgación, y nosotras recibimos el de Iniciativa Emprendedora», explica. Sin duda, el jurado valoró «el modelo de negocio y la base de la empresa, que son los valores».
Adaptarse para sobrevivir en un sector muy complejo
El proyecto nació en sus inicios con una idea aparentemente sencilla: recuperar el pan que las panaderías ya no podían vender y transformarlo en productos de repostería. Sin embargo, sus dos socias -ya tres, con la reciente incorporación de Verónica Miranda- comprobaron que, pese a la buena acogida del proyecto, era muy complicado sostener económicamente una empresa únicamente con la venta de producto. «El sector de la alimentación es muy precario, así que pensamos: si la gente no viene a la galleta, llevamos la galleta a la gente». Una reflexión que marcó un punto de inflexión y dio lugar a dos nuevas líneas de negocio que, según explica, incluso funcionan mejor que la actividad original.
Una de ellas son las pausas café de residuo cero, organizadas con productos ecológicos y de proximidad y servidas en vajillas reutilizadas de Duralex, Arcopal o procedentes de campañas de recogida ciudadana, recuperando la estética de las casas de madres y abuelas. La otra gran línea de trabajo es la formación y sensibilización, dirigida tanto a escolares como a entidades y administraciones públicas para concienciar sobre el desperdicio alimentario y la economía circular. Precisamente durante la FIDMA han desarrollado parte de estas formaciones a través de varios showcookings.
Así, poco a poco y con mucho trabajo, Panduru se ha convertido en una marca ampliamente conocida en Asturias, una notoriedad que, sin embargo, no siempre se traduce en ingresos. «Es verdad que nos conocen, pero ese hecho no tiene nada que ver el impacto con las ventas. Es muy curioso», confiesa la emprendedora. Pese a ello, y gracias a la diversificación, y a no parar de materializar ideas, la empresa continúa creciendo año tras año: «Aún así, y hay que decirlo, sigue siendo muy difícil sacar un medio de vida digno a través de una empresa de economía social o del sector de la alimentación». Pero lo de resignarse no va con este equipo. Por eso, defienden la necesidad de visibilizar esa realidad: «Hay dificultades y hay que nombrarlas, aunque sea desde una visión optimista. Si no creyéramos en ello, no seguiríamos».
Un nuevo laboratorio para aprovechar otros alimentos
Después de demostrar que el pan podía tener una segunda vida, Panduru quiere aplicar esa misma filosofía a otros excedentes alimentarios. La cooperativa trabaja actualmente para conseguir financiación que permita poner en marcha un laboratorio-obrador itinerante junto a otra cooperativa asturiana. El objetivo será implicar a productores, ciudadanía y centros educativos en la búsqueda de nuevas formas de reutilizar alimentos descartados.
«Queremos hacer con otros productos lo mismo que hicimos con el pan», explica Fernández. La iniciativa pretende lanzar retos colectivos para descubrir nuevas aplicaciones culinarias, elaborar recetarios colaborativos y analizar cómo esos excedentes pueden volver a introducirse en la cadena alimentaria. ¿Cómo nació la idea? No es raro el día que reciben llamadas de empresas que les ofrecen restos de otros alimentos por asociar Panduru al aprovechamiento alimentario. «Nos dicen: ‘Tengo barritas energéticas’, ‘tengo recortes de panceta’… Como usamos pan, parece que todo vale. Evidentemente no podemos hacer nada con ello, pero este proyecto sí permitiría estudiar esas posibilidades».
Una trayectoria de perseverancia en la que no hay secretos, pero que deja aprendizajes, como el que comparte esta asturiana con quien se esté planteando emprender: «Hay que rodearse de gente. Es muy importante formar red porque de ahí surgen muchísimas oportunidades». Una actitud que, unida a la disposición abierta ante nuevas propuestas, ha conseguido que el sueño de dos mujeres se haya materializado con éxito.


