La polémica enfrenta la apuesta por nuevos formatos de ocio con quienes reclaman proteger la hostelería local y recuperar espacio para los vecinos

La tercera edición del Paseo Gastro se ha convertido en uno de los asuntos más polémicos de estos días en Gijón. La instalación de casetas de hostelería en algunos de los espacios más transitados del centro ha vuelto a abrir un intenso debate en redes sociales, donde muchos de gijoneses han expresado opiniones muy diferentes sobre una iniciativa que, al menos a tenor de los comentarios, no está dejando indiferente a casi nadie.
«Unas bravas, 10 euros», resume gráficamente uno de los mensajes. Otro usuario asegura haber pagado «3,50 por un vino en vaso de plástico», mientras otros hablan directamente de precios «desorbitados».
También hay críticas a la calidad. Algunos visitantes describen la oferta como excesivamente basada en hamburguesas, patatas, nachos o perritos calientes y consideran que se ha perdido parte de la singularidad que, a su juicio, debería acompañar a un evento gastronómico celebrado en Asturias.
«El primer año se esforzaron en tener una propuesta un poco interesante; ahora todo son patatas, burgers, nachos y perritos calientes», lamenta uno de los comentarios.
Otros van más allá y creen que el problema reside precisamente en que la propuesta no representa suficientemente la cultura gastronómica asturiana. En varias intervenciones se reivindican el chigre, la sidrería, el producto de proximidad y los establecimientos tradicionales como elementos que deberían protagonizar la oferta turística de la ciudad.
El debate sobre el espacio público
El segundo gran foco de controversia tiene que ver con la utilización de calles, paseos y jardines para actividades privadas. Numerosos comentarios cuestionan que determinados espacios públicos sean ocupados temporalmente por casetas comerciales y terrazas.
Algunos vecinos muestran especialmente su malestar por los Jardines de la Reina y aseguran que la instalación ha afectado al uso habitual de bancos y zonas de descanso. Otros amplían la crítica a la proliferación general de terrazas en la ciudad y reclaman más bancos, fuentes o aseos públicos.
La expresión «invasión del espacio público» aparece en diferentes mensajes, aunque otros participantes en el debate rechazan esa visión. Recuerdan que Gijón acoge habitualmente ferias del libro, mercados artesanales, festivales y otras actividades que también ocupan temporalmente calles y plazas.
«En verano nos molesta tanta folixa, pero ye lo que toca», resume uno de los comentarios favorables a normalizar este tipo de acontecimientos.
Precisamente uno de los argumentos más repetidos entre quienes defienden el Paseo Gastro es que, pese a las críticas, existe público. Un visitante relata que acudió recientemente y encontró «todas las mesas ocupadas». Reconoce que la variedad puede ser limitada y que los precios son elevados, pero utiliza la afluencia como prueba de que existe demanda.
Otra usuaria destaca además una ventaja distinta: la posibilidad de descubrir establecimientos que normalmente no conoce o que, por horarios, no puede visitar. Según relata, el formato le permitió probar diferentes propuestas y apuntarse algunos establecimientos para visitarlos posteriormente en sus locales.
¿Competencia para los bares de siempre?
El impacto sobre la hostelería estable de Gijón constituye otro de los grandes frentes del debate.
Una parte importante de los comentarios considera que, en plena temporada alta, la prioridad debería ser dirigir visitantes y vecinos hacia sidrerías, bares, cafeterías y restaurantes que mantienen su actividad durante todo el año. Bajo esa premisa, algunos usuarios creen que montar una oferta gastronómica adicional en la calle supone competir con establecimientos que ya soportan alquileres, personal y gastos permanentes.
Otros, sin embargo, hacen exactamente la lectura contraria. Defienden que llevar actividad al centro genera movimiento y que una persona que acude al Paseo Gastro puede terminar consumiendo también en otros bares y comercios cercanos.
«Sumar nunca resta», sintetiza uno de los defensores de la iniciativa.
También aparece otra posible explicación a la participación empresarial: el coste de las casetas. Varios comentaristas aseguran que las condiciones económicas y logísticas podrían resultar poco atractivas para determinados negocios locales. Uno de ellos cifra el coste en 4.500 euros más IVA, aunque esa cantidad aparece únicamente como testimonio de un usuario y no consta acreditada en los comentarios facilitados.
A ese desembolso habría que sumar, según diferentes opiniones, personal adicional, montaje, infraestructura y la dificultad de atender simultáneamente el establecimiento habitual y una caseta temporal.
Una discusión que trasciende al Paseo Gastro
La polémica ha terminado derivando hacia un debate mucho más amplio sobre el modelo turístico y hostelero de Gijón.
Hay quienes consideran que la ciudad está orientándose excesivamente hacia el visitante y reclaman una mayor atención a quienes residen en ella durante todo el año. Otros creen que precisamente el turismo obliga a multiplicar los acontecimientos estivales, llenar las calles de actividad y ofrecer alternativas diferentes.
También existen críticas hacia la propia hostelería tradicional. Algunos usuarios rechazan la idea de que los establecimientos convencionales sean necesariamente más baratos o mejores y denuncian que salir a comer o cenar en Gijón también se ha encarecido notablemente en los últimos años.
Y mientras unos describen el Paseo Gastro como «cutre», «caro» o poco representativo de Asturias, otros aseguran directamente que les encanta la iniciativa.
El resultado es una fotografía bastante clara del debate: precios, calidad, espacio público, turismo, apoyo al comercio local y modelo de ciudad se mezclan alrededor de unas casetas que han terminado convirtiéndose en algo más que una propuesta gastronómica.
Va más allá del modelo turístico. Va a qué tipo de ciudad queremos para el futuro.
Esto es como la Semana Negra, uso privado del suelo público sin pagar. Por eso hay que quitar ambos. Eso sí, quién defiende una y ataca al otro se le ve el plumero.
Al menos podían limpiar las mesas. 20 min para conseguir una y tenemos que limpiarla los clientes.