El autobús, que salió de Avilés a las 8 horas, sufrió un reventón mientras se dirigía a Gijón; los 33 pasajeros fueron recogidos por el vehículo que enlaza la primera ciudad con el Aeropuerto de Asturias, aunque algunos pasajeros achacaron el suceso al fenómeno de esta tarde
El tiempo pasa, el reloj avanza y las 17.34 horas, inicio del largo proceso que desembocará en el eclipse solar total de esta tarde, están cada vez más presentes en la mente de millones de ciudadanos. Eso sí, no será hasta las 20.30, aproximadamente, cuando el esperado evento alcance su punto más espectacular… Aunque ya hay quienes comienzan a ver supuestos efectos en los hechos cotidianos. Y eso mismo es lo que, en la mañana de hoy, ha ocurrido en la A-8. Apenas quince minutos después de que, a las 8 horas, el autobús ALSA que debía enlazar Avilés con Gijón saliese de la primera localidad, el reventón de una de sus ruedas obligó a la conductora a parar en el arcén, a solicitar asistencia de la Guardia Civil y el envío de un vehículo de reemplazo, y a llamar a la calma a los 33 inquietos pasajeros, preocupados ante la posibilidad de llegar tarde a sus trabajos, o de perderse planes de ocio ya organizados. Por suerte, en menos de un cuarto de hora el vehículo que conecta Avilés con el Aeropuerto de Asturias alcanzó la zona, embarcó a los afectados y terminó el viaje sin más incidentes… Pero no sin que alguno de esos viajeros, más con guasa que en serio, achacase al fenómeno que se avecina tan leve infortunio.
«¿Esto es cosa del eclipse, o cómo va?», bromeó una pasajera, entre las carcajadas generales de los viajeros más cercanos, iniciando una ronda de chistes y comentarios ingeniosos que contribuyó a restar tensión al momento. Y es que a muchos de esos divertidos ciudadanos el momento del pinchazo, que sonó como un estallido de piezas metálicas -fruto del impacto de la rueda contra el carenado que la cubre por encima-, les dejó con el corazón en un puño. La chófer, ya bregada en tales lides, llevó hasta el arcén el vehículo -un modelo de tres ejes fabricado por la firma alemana Setra-, recordó al pasaje que nadie debía descender a tierra y, acto seguido, bajó a revisar el alcance de la avería, y a colocar las balizas correspondientes. A los diez minutos, como un caza militar escoltando un avión en el que volase algún viajero VIP, se posicionaba tras el vehículo un coche patrulla de la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil, equipado sobre su techo con un cartel luminoso que advertía a los restantes pasajeros de que tuviesen cuidado. Los mismos agentes que lo tripulaban dieron indicaciones a la conductora del autobús del aeropuerto para que aparcase a pocos metros frente al inmovilizado.
Por fin, bajo la atenta mirada de uniformados y empleadas de ALSA, las tres decenas de afectados cambiaron de transporte -en ese punto se planteó la dificultad de acomodarlos a todos en las plazas disponibles, aunque pudo improvisarse una opción de emergencia en la zona reservada a personas con discapacidad motriz para dos que, de otro modo, se habrían quedado en tierra- y reemprendieron la marcha… Atesorando aún la duda de si el inminente eclipse habría tenido algo que ver. ¿Quieren un spoiler al respecto? Ahí va: no.



