Dos días después de que una pareja fuese denunciada por infringir la prohibición vigente, la Autoridad Portuaria aprovecha sus redes sociales para visibilizar tanto las consecuencias legales, como las lesiones que un chapuzón frente a los muelles puede tener
Es un plato de lo más tentador, ¿verdad? La ‘manzana prohibida’, que dirían quienes gustan de los textos religioso. Sobre todo, en estos días tórridos, de calor y humedad, tan propios del agosto asturiano. Uno pasea junto al Puerto Deportivo de Gijón, contempla sus aguas habitualmente calmadas, piensa en la alta temperatura imperante… ¿Y a que apetece despojarse de la ropa, embutirse dentro de un bañador y darse un chapuzón? Sí, ¿verdad? Pues no. ¡En absoluto! No porque no haya ganas, que claro que las hay; ni, tampoco, por la prohibición de bañarse en la rada, que existe y es bien visible en los múltiples carteles distribuidos por las instalaciones. Es que uno de esos placeres, aparentemente inocentes, puede degenerar en lesiones de gravedad; algunas de ellas, incluso, permanentes. Es el riesgo del que la Autoridad Portuaria de Gijón ha querido alertar este sábado, apenas dos días después de que una pareja fuese denunciada, precisamente, por saltarse la restricción y zambullirse en las aguas del puerto. Y no hubo heridos… Pero podría.
Ante todo, pensemos en la fisonomía del lugar: una bahía artificial relativamente pequeña, angosta, poblada por muelles y pantalanes en los que decenas de embarcaciones, grandes y pequeñas, descansan firmemente amarradas, y por la que no cesan de navegar muchas de ellas, entrando o saliendo de mar abierto. Motor acuáticas, lanchas rígidas y semirrígidas, veleros de esloras diversas… Un trajín constante que, fácilmente, puede producir una colisión entre el casco de cualquiera de tales vehículos y el cuerpo de un bañista imprudente, o cortes o mutilaciones al contacto con hélices en movimiento, turbopropulsores, cabos o cadenas. A todo lo anterior hay que añadir el inherente riesgo de caídas desde grandes alturas, de impactos contra el lecho al zambullirse, de choques contra las estructuras… En fin, que el catálogo de potenciales accidentes es amplio, y también el de daños a sufrir, que incluyen desde contusiones, cortes y fracturas hasta, en casos extremos, casos de paraplejia o tetraplejia, sin olvidar los casos que se saldan con muertes. Y todavía quedan las multas, que pueden alcanzar los 300 euros… ¿Vale la pena jugársela por algo tan nimio como un par de brazadas? El Puerto lo tiene claro: no.