
«Han convertido Xixón en un gran Monopoly»

Los hijos somos desagradecidos. Está en nuestra naturaleza. Y además es inevitable. Y también algo bueno. Lo acabas entendiendo con el tiempo, y, sobre todo, si alguna vez llegas a encontrarte al otro lado del espejo. Porque cuando se tiene un hijo o una hija lo que deseas es que también llegue a ser desagradecido, que viva su vida, que sea una persona independiente, feliz, libre. Si has tenido la suerte de criarte en una familia, o en un entorno más o menos funcional, sabrás que es imposible devolver todo lo que te han dado. Porque si crías a tus hijos con amor querrás que estos nunca se sientan en deuda contigo u obligados, pues lo que has hecho por ellos lo has hecho desde el amor y la responsabilidad. Sin esperar nada a cambio. Porque los lazos que os unen nacen del cariño, el respeto, la confianza, jamás en la expectativa del agradecimiento o la deuda. Y es que tenemos que entender que no se tienen hijos para que nos cuiden en nuestros días de ancianidad, ni desde luego para que nos tengan que dar las gracias por hacer por ellos lo que era nuestra obligación legal, moral y emocional.
Pues lo mismo pasa con los votantes en política. Que no debemos nada a quienes hemos elegido para representarnos en las instituciones, ni siquiera el agradecimiento por sus servicios prestados, pues esto último no deja de ser su obligación. Por eso es tan peligroso -como estúpido- pensar que, porque has alcanzado la cima, con independencia de dónde consideres que esta esté -al principio de la escalada, a medio camino o tras coronar la montaña-, te has vuelto intocable o, lo que aún es peor y más tonto, imprescindible, por mucho que, en algún momento dado, te lo hayan hecho creer. Porque eso de la política tiene más de ilusión, de performance, de mundo del espectáculo, que de otra cosa, aunque a veces nos parezca tan previsible y aburrida como un telefilm de fin de semana o una serie de Netflix basada en una novela de Harlan Coben.
Porque un día estás en la cima, firmando contratos a diestro y siniestro sin dar explicaciones, aturullando la ciudad con un ruido de mil demonios y rescatando viejas glorias que creíamos que ya habíamos enterrado para bien, o haciendo contactos que es posible que te van a ir fetén en tus negocios privados, o cobrando un buen sueldo público mientras acusas a quienes realmente necesitan de las ayudas públicas de vivir de las “paguitas”, o te haces tránsfuga porque estos son tus principios y si no les gustan tienes otros mientras presumes de que tu voto es tan esencial como imprescindible, y resulta que, al día siguiente, te encuentras cesado de la noche a la mañana, sin sueldo y mirando el móvil en el pleno municipal para disimular el malestar y la vergüenza y con una empresa quebrada porque las elecciones están a la vuelta de la esquina y ya han empezado los demás a repartirse los cromos y los trozos de la tarta y resulta que a ti, esta vez, no te va a tocar nada, ni las migajas.
Pero cuidado también con hacer las cuentas de la vieja y con dar por sentados resultados que están todavía en el aire. Mucho ojo por tanto en confundir los ecos de los palmeros, los halagos de una prensa entusiasta de las subvenciones municipales que quiere hacer pasar por noticias lo que solo es propaganda política y partidista, pero sobre todo en creer que los sentimientos de la ciudadanía coinciden con tus deseos y ambiciones propios hasta el punto de que te has olvidado de cómo diferenciar estos últimos de la cruda realidad. Porque los cálculos electorales están muy bien hasta que la gente se lanza de verdad a las urnas y te echan por tierra todos los planes, pactos y maquinaciones con las que pensabas que ibas a continuar en el poder.
Y así, es posible que mientras te pavoneas en las portadas presumiendo de que prefieres darle la espalda a la ciudadanía y ponerte del lado de los especuladores inmobiliarios que han convertido Xixón en un gran Monopoly y nuestros barrios en lugares sucios y ruidosos, mientras tiendes la mano a quienes coquetean con los neonazis y alimentan el odio racista, el desprecio a las personas pobres, niegan la violencia de género e intoxican la convivencia, o regalas parcelas a empresas privadas que solo vienen a depredar los servicios públicos y, por ende, nuestros impuestos, puede que sea posible que la ciudadanía esté tomando buena nota de todo esto mientras intenta pasear entre humos de coches esquivando la invasión de terrazas en unas aceras que ya no pueden disimular ni su mal estado ni su falta de limpieza, a la vez que observan cómo se tiran edificios históricos para levantar en su lugar bloques de hormigón feos y anodinos y pensados solo para la especulación. O puede que quizás hayas creído que una victoria electoral conseguida por los pelos y sostenida con alianzas tan inestables como poco éticas se debió a méritos propios y a los deméritos de los rivales políticos. Porque si es así se corre el peligro de que estos al fin hayan aprendido la lección y estén dispuestos a presentar una candidatura sensata y, sobre todo, sensible a los problemas reales y acuciantes de la ciudad de Xixón. Y si esto pasa, como los votantes somos, al igual que los hijos, desagradecidos por naturaleza, da igual lo alto que creas que has conseguido escalar, porque caerás otra vez, y puede que, esta vez, también en el olvido.
De quien hablas?
De Covadonga Tome??
La ex de Podemos??
Si ??
De quién habla?
De Lara Glamour?
Siguiente… 🙂
De la que ha convertido la ciudad en los 12 de los 16 últimos años en un bazar y en una realidad virtual. De esa habla.
Los mercaderes del templo en Casa del Pueblo, según dicen desde dentro 🙄