El Puerto recupera el emblemático espaldón con una obra que mantiene su esencia original y rinde homenaje a Cimavilla

La presidenta de la Autoridad Portuaria de Gijón, Nieves Roqueñí, visitó este lunes el mural del dique de Santa Catalina para conocer de primera mano el resultado de una intervención artística que ha cambiado por completo la imagen de uno de los enclaves más reconocibles del litoral gijonés. Donde durante los últimos años se habían acumulado signos de degradación, pintadas y actos vandálicos, emerge ahora un ‘Xixón Marineru’ lleno de color, coherencia visual y arte.
La actuación, impulsada por la Autoridad Portuaria de Gijón, ha corrido a cargo de los artistas Vera Galindo y Juan Rubio, responsables de una intervención de grandes dimensiones que se extiende a lo largo de aproximadamente 270 metros del espaldón, avanzando hasta el torreón del dique de Santa Catalina.
El proyecto no parte de cero, sino que busca dar continuidad a la identidad visual que ya caracterizaba este espacio. Para ello, los artistas han mantenido la paleta cromática original, al tiempo que han incorporado nuevos elementos y composiciones con los que reforzar la relación entre el mural, el mar y la historia del barrio de Cimavilla.

Una de las principales novedades es precisamente la incorporación de un nuevo lema en homenaje a Cimavilla y a sus gentes, reforzando el carácter marinero de una zona estrechamente vinculada a la historia de Gijón. La intervención busca así que el espaldón no sea únicamente un elemento funcional del puerto, sino también un gran lienzo abierto al Cantábrico y conectado con la identidad de la ciudad.
Los trabajos contemplan, además, la recuperación de las zonas que habían sido vandalizadas, uno de los principales problemas que había deteriorado la imagen del mural anterior. A ello se suma la intervención sobre nuevos cubos del espigón, ampliando el alcance artístico del proyecto.

La visita de Nieves Roqueñí permite comprobar la transformación de un espacio muy transitado por gijoneses y visitantes. El cambio resulta especialmente visible al comparar la situación previa con la actual: de paredes deterioradas y cubiertas de pintadas a una composición artística unitaria que reivindica el carácter marinero de Gijón.
El dique de Santa Catalina recupera así color e identidad y convierte nuevamente su largo espaldón en una carta de presentación de ese Xixón Marineru que mira al Cantábrico desde Cimavilla.