El párroco Rodríguez Patiño rechaza hablar de «invasores» y recuerda al prelado asturiano las palabras del Evangelio: «Fui forastero y me acogisteis»

Las polémicas palabras del arzobispo de Oviedo, Jesús Sanz Montes, sobre la situación migratoria en Ceuta han encontrado respuesta dentro de la propia Iglesia. El sacerdote Luis Ángel Rodríguez Patiño, párroco de Xestoso (Monfero), Cambás (Aranga), Momán (Xermade) y Labrada (Guitiriz), ha expresado en una carta en el medio Religión Digital su “profunda protesta y desacuerdo” con el prelado asturiano y sostiene que calificar de “invasores” a los migrantes resulta “incompatible con el Evangelio”.
La reacción llega después de que Sanz Montes se refiriese este martes, durante su homilía con motivo de la festividad de la Virgen de Covadonga, a la situación de Ceuta. El arzobispo advirtió de una “auténtica avalancha que compromete nuestra soberanía” y aseguró que “no son simplemente moros en la costa con otros turbantes”, dentro de una intervención en la que abordó la presión migratoria y sus implicaciones para España.
Rodríguez Patiño ha salido al paso de estas declaraciones a través de un artículo publicado en Religión Digital, en el que centra especialmente sus críticas en la utilización de la expresión “jóvenes invasores”. “Como sacerdote de la Iglesia católica, no puedo permanecer en silencio”, señala al comienzo de su escrito.
El párroco reconoce que la situación en Ceuta presenta una dimensión que va más allá de la cuestión humanitaria. Admite que España debe garantizar su seguridad y el control de sus fronteras y considera legítimo denunciar tanto a las mafias como la posible instrumentalización política de los movimientos migratorios por parte de los gobiernos.
Sin embargo, establece una línea roja: “Una cosa es analizar esos problemas y otra muy distinta deshumanizar a quienes llegan a nuestras fronteras”.
El sacerdote recurre directamente a las Escrituras para cuestionar la terminología empleada por Sanz Montes. “¿Podemos llamar ‘invasores’ a personas que el propio Evangelio nos manda reconocer como hermanos?”, se pregunta, antes de recordar el pasaje del Evangelio de Mateo: “Fui forastero y me acogisteis”.
Para Rodríguez Patiño, utilizar el término “invasores” desde la responsabilidad pastoral de un obispo es “profundamente contradictorio con el espíritu del Evangelio”, porque, argumenta, la doctrina cristiana coloca en el centro la dignidad de cada persona, especialmente la de quienes atraviesan situaciones de sufrimiento.
Su respuesta no rechaza la existencia de fronteras ni la necesidad de políticas de seguridad. De hecho, insiste en que es posible defenderlas y, al mismo tiempo, denunciar a mafias y gobiernos. “Podemos defender las fronteras. Podemos exigir seguridad. Podemos denunciar a los gobiernos y a las mafias. Pero no podemos convertir a las víctimas en el enemigo”, sostiene.
El sacerdote también pone el foco en la especial responsabilidad que, a su juicio, tienen las palabras pronunciadas por un miembro de la jerarquía eclesiástica. Considera que las declaraciones de un obispo pueden contribuir a “construir fraternidad” pero también a “alimentar miedo y rechazo”, por lo que reclama especial prudencia a la hora de abordar un asunto tan sensible.
Rodríguez Patiño resume su posición con una frase dirigida directamente al debate abierto dentro de la Iglesia: “Las fronteras pueden ser necesarias para los Estados; la fraternidad no puede tener fronteras para los cristianos”.
El párroco concluye reivindicando que, ante cualquier conflicto entre las cuestiones de seguridad, la geopolítica y la dignidad humana, la Iglesia debe situarse junto “al pobre, al extranjero, al perseguido y al que llama a nuestra puerta”.
“Como sacerdote, no puedo aceptar que llamemos ‘invasor’ a quien, antes que nada, es una persona y nuestro hermano”, sentencia Rodríguez Patiño, que cierra su respuesta a Sanz Montes con otro mensaje rotundo: “No podemos poner fronteras al Evangelio”.