El aumento del precio de los carburantes, que ha elevado los costes del combustible a 150 millones, ha agravado la situación de la asturiana; no obstante, su dirección afirma que la actividad sigue «con normalidad», mientras negocia con los acreedores

Los vientos de las finanzas soplan en contra de Volotea… Y con fuerza, además. Acosada por una deuda acumulada que ronda los 356 millones de euros, la aerolínea, fundada en Barcelona pero cuya sede social está radicada en Asturias, se ha acogido a la fórmula del preconcurso de acreedores para tratar de evitar su desmantelamiento, al tiempo que ha abierto un proceso de negociación a la desesperada con sus acreedores. Así lo han confirmado fuentes del entorno de la compañía, que señalan al aumento del coste de los carburantes como la puntilla de un largo proceso que, hasta la fecha, no han sido capaces de capear. No en vano, los costes del combustible suman un impacto estimado de 150 millones de euros, todo un hachazo para una economía, la de Volotea, ya de por sí progresivamente erosionada desde hace varios años. En todo caso, desde la dirección de la empresa aseguran que la actividad se mantiene «con normalidad, ofreciendo nuevas rutas, vendiendo billetes y planificando nuestra programación futura».
Con la firma del preconcurso, suscrita ante el Juzgado de lo Mercantil Número 9 de Barcelona, la atención de Volotea se centra ahora en convencer a sus acreedores de la viabilidad del proyecto. En especial, a la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI), a la que la aerolínea está unida por una deuda de casi 200 millones de euros que posibilitó su ‘rescate’; el otro gran ‘pellizco’, de 150 millones, se enmarca en el préstamo de auxilio concedido por el Instituto de Crédito Oficial (ICO). Y, puesto que el diciembre se dibuja como el mes tope para conseguir revertir semejante dinámica, el tiempo apremia, aunque el optimismo no decae. Porque, pese a registrar un patrimonio negativo que ya alcanza los 77,5 millones de euros -lo que es, de por sí y a efectos legales, causa de disolución-, los responsables de la compañía asturiana esperan unas pérdidas, al término de este ejercicio, de casi 33 millones, con lo que se reducirían a la mitad los números ‘rojos’ de 2025, de 62,3 millones -achacados efectos inesperados de la revisión de activos fiscales, y a ajustes en las reservas de conversión de divisas-.
¿Qué opciones tiene Volotea para dar a esta tesitura un giro que evite un final trágico para sus quince años de historia? De entrada, reducir su flota. Con 44 aviones hoy por hoy en servicio, la pretensión de la firma es reducir ese total a una treintena; como mucho, a 35. Al mismo tiempo, ya se ultiman los detalles de un aumento de capital, posible gracias a acuerdos suscritos con diferentes inversores; entre ellos figuran Aegean Airlines, la mayor aerolínea de Grecia, y socio comercial de la asturiana desde 2021, y los fondos Meridia y PAR Capital. A todos ellos les interesa la supervivencia de Volotea, toda vez que la suma de sus capitales en riesgo asciende a 148,3 millones de euros. Paralelamente, sigue vigente el compromiso de apoyo que asumió Alaeo Partnership, otro balón de oxígeno para la empresa, toda vez que es uno de los vehículos inversores de su equipo directivo. Y, por último, se contempla un reajuste de servicios y plantilla en las oficinas centrales, situadas en Barcelona, en el marco del cual se prevé la pérdida de cincuenta empleos.