El colaborador de miGijón y especialista en protocolo deportivo ha formado parte del staff de Protocolo de las World Triathlon Championship Finals celebradas en Pontevedra, un acontecimiento que reunió a más de 5.000 deportistas y participantes de casi un centenar de países

Pontevedra ha vivido durante los últimos días uno de los grandes acontecimientos deportivos internacionales del año. Entre el 24 y el 27 de septiembre, la ciudad gallega acogió las World Triathlon Championship Finals 2026, una competición que convirtió durante varios días sus calles y espacios urbanos en el escenario del triatlón mundial.
La magnitud del evento se entiende mejor cuando se observan las cifras: más de 5.400 deportistas, procedentes de 83 países, a los que se sumaron guías, e integrantes de las delegaciones.
Y detrás de cada competición, cada ceremonia, cada entrega de medallas y cada recepción de autoridades existe un enorme equipo humano encargado de que todo funcione.
Entre ellos ha estado Jorge Hurlé, colaborador de miGijón, profesional especializado en protocolo y eventos deportivos y con una amplia trayectoria en la organización y coordinación de acontecimientos institucionales, corporativos y deportivos.
En Pontevedra ha formado parte del staff de Protocolo, participando en la gestión de acreditaciones de autoridades y VIP, atención a deportistas e invitados y coordinación de las ceremonias de premiación, inauguración y clausura.
Hablamos con él para conocer qué hay realmente detrás del protocolo de un evento deportivo internacional de estas dimensiones.
¿Qué supone para un profesional del protocolo participar en unas Finales Mundiales de World Triathlon?
Es una oportunidad profesional y también una experiencia personal muy importante. Estamos hablando de un evento internacional de primer nivel, con miles de deportistas, delegaciones de numerosos países, autoridades, representantes institucionales, invitados y una enorme estructura de organización.
Pero, sobre todo, supone trabajar dentro de un engranaje en el que todo tiene que estar perfectamente coordinado.
Cuando hablamos de protocolo, muchas veces se piensa únicamente en autoridades, precedencias o ceremonias. ¿Qué hay realmente detrás?
Hay muchísimo más. Hay que conocer perfectamente los timings, saber quién tiene que estar en cada lugar y en cada momento, coordinarse con producción, organización, seguridad, comunicación y otros departamentos y, sobre todo, tener capacidad de reacción.
Porque en un evento en directo siempre pueden surgir imprevistos. Y cuando surgen, tienes que resolverlos rápidamente y, en muchas ocasiones, sin que el público llegue siquiera a percibir que ha ocurrido algo.
¿Cuál es la parte más compleja de coordinar un equipo de protocolo en un evento así?
La complejidad está precisamente en que protocolo no trabaja de manera aislada.
Por ejemplo, una ceremonia de premiación puede parecer sencilla desde fuera: llegan los deportistas, se entregan las medallas y termina el acto.
Pero detrás hay que coordinar previamente quién entra, por dónde entra, dónde espera cada deportista, quién entrega cada premio, dónde están las autoridades, qué música o contenido audiovisual debe activarse, los tiempos de fotografía, los movimientos de invitados y autoridades y la salida posterior.
Todo tiene que estar sincronizado.
También has trabajado directamente con autoridades y VIP.
Sí. La atención a autoridades, representantes institucionales y VIP requiere una combinación de protocolo, organización y, sobre todo, mucha capacidad de anticipación.
Hay que conocer sus movimientos, necesidades, horarios y ubicaciones, pero también saber adaptarse. En un evento internacional tienes además diferentes culturas, idiomas, delegaciones y formas de entender determinados aspectos protocolarios.
El objetivo es que todas esas personas se sientan correctamente atendidas y que su participación en el evento sea fluida.
¿Qué importancia tienen las ceremonias dentro de un evento deportivo como este?
Son una parte fundamental.
Las ceremonias son uno de los momentos en los que el evento deportivo trasciende la propia competición. Una entrega de medallas no es únicamente el momento en el que se entrega un premio: es la culminación del esfuerzo de un deportista y debe estar cuidada hasta el último detalle.
Lo mismo ocurre con una inauguración o una clausura. Son momentos de representación, de imagen y de comunicación, y requieren una coordinación muy precisa entre protocolo, producción y organización.
En Pontevedra, además, las Finales tuvieron una dimensión internacional y ciudadana muy importante. La inauguración, por ejemplo, planteó un recorrido por la ciudad con las diferentes delegaciones y los cinco continentes como protagonistas.
¿Qué te llevas personalmente de estos días?
Me llevo muchas cosas, pero sobre todo la satisfacción de haber formado parte de un gran equipo.
En un evento así nadie trabaja solo. Hay un enorme número de profesionales y voluntarios haciendo posible que todo funcione. Quiero agradecer especialmente a Juan Ramón Vidal, el responsable de Protocolo que contó conmigo para esta aventura, y a todo el staff de la Federación Española, de la Federación Internacional, así como de los voluntarios.
Ha sido una semana muy intensa, con mucho trabajo, carreras, nervios, momentos de tensión, pero también muchas risas y compañerismo.
Y eso es algo que, después de tantos años trabajando en eventos, sigo valorando muchísimo.
Tú estás considerado uno de los profesionales especializados en protocolo deportivo en España. ¿Qué significa para ti seguir participando en acontecimientos de este nivel?
Más que una cuestión de etiquetas, lo importante es seguir trabajando y aprendiendo.
El protocolo deportivo ha evolucionado muchísimo. Los eventos deportivos actuales son auténticos acontecimientos internacionales en los que convergen deporte, instituciones, patrocinadores, medios de comunicación, entretenimiento y experiencia del público.
Eso exige profesionales capaces de entender el protocolo, pero también la producción, la logística, la organización y la experiencia del participante.
Y ahí es donde creo que está el verdadero valor de un profesional de protocolo hoy: entender el evento en su conjunto y saber cómo encaja el protocolo dentro de toda esa estructura.
¿Qué supone para una ciudad acoger un evento de las dimensiones de unas Finales Mundiales de World Triathlon?
Supone muchísimo. Desde fuera puede parecer simplemente una competición deportiva, pero organizar unas Finales Mundiales de triatlón en una ciudad implica una complejidad enorme. Y más si tenemos en cuenta que estamos hablando de tres deportes en uno (natación, ciclismo y carrera a pie), diferentes categorías y participantes con edades que van aproximadamente desde los 16 hasta los 90 años.
Además, no estamos hablando de un evento que se desarrolle exclusivamente dentro de una instalación deportiva. Aquí ha tenido un recorrido urbano, lo que implica una enorme planificación en materia de movilidad, seguridad, accesos, cortes de tráfico, atención al público y coordinación de todos los servicios implicados.
Durante cuatro días, Pontevedra prácticamente se transforma para acoger el evento. Eso supone un esfuerzo importante para la ciudad y para sus vecinos, pero también genera un impacto económico, turístico y de promoción de la propia ciudad muy relevante.
Llegan deportistas, familiares, acompañantes, equipos, técnicos y aficionados de decenas de países. Todos ellos necesitan alojamiento, restauración, transporte, comercio y servicios. Y, además del impacto económico directo, hay algo que quizá sea todavía más importante: la proyección internacional de la ciudad.
Miles de personas descubren Pontevedra, pasean por sus calles, conocen su gastronomía, su patrimonio y su entorno. Muchos de ellos se convierten, durante unos días, en auténticos embajadores de la ciudad cuando regresan a sus países.
Por eso creo que merece la pena entender estos acontecimientos como algo mucho más grande que una competición deportiva. La ciudad se convierte durante unos días en un gran escenario internacional, y todo lo que ocurre alrededor del deporte también forma parte del evento.
Por eso creo que los gobiernos municipales y regionales deberían entender los grandes eventos deportivos como una inversión y no, como sucede en la mayoría de las ocasiones, únicamente como un gasto. La repercusión económica, turística, mediática y de posicionamiento que generan para una ciudad puede superar con creces la inversión inicial, especialmente cuando el evento está bien planificado y deja una experiencia positiva tanto en los participantes como en quienes visitan la ciudad.
Después de Pontevedra, ¿con qué idea te quedas?
Con una muy sencilla: los grandes eventos no ocurren por casualidad.
Cuando ves una ceremonia perfectamente ejecutada, una entrega de medallas que funciona, una autoridad que llega exactamente cuando tiene que llegar o un deportista que recibe la atención que necesita, detrás hay muchas personas trabajando y anticipándose a cada detalle.
Y precisamente eso es lo que hace apasionante nuestro trabajo.
En Pontevedra hemos tenido la oportunidad de vivirlo desde dentro. Cuatro días, más de 5.000 deportistas, cerca de un centenar de países y miles de personas haciendo posible que el triatlón mundial volviera a convertir una ciudad en un gran escenario deportivo.
Y haber formado parte de ese equipo, desde el área de protocolo, es una experiencia que me llevo con mucho orgullo.