Desde el 1 de octubre el restaurante permanece inactivo, y vecinos de la zona confirman que la familia que lo regentaba ha estado retirando electrodomésticos y muebles; las razones no han trascendido, pero se especula con problemas familiares

Octubre ha traído una triste noticia para los vecinos de El Coto amantes de la comida buena, abundante y, sobre todo, tradicional. Bodegas Anchón, uno de los negocios hosteleros icónicos del barrio, activo desde 1973 en el número 30 de la calle Manuel Junquera, echaba la persiana definitivamente el pasado jueves, primer día del nuevo mes, después de un miércoles de actividad plenamente normal que no permitió a nadie sospechar lo que se avecinaba. Y tampoco han trascendido las razones de dicha clausura -sorprendente para una inmensa mayoría, dado el éxito que cosechaba local prácticamente a diario -, si bien en las calles y establecimientos de El Coto se comenta que podría deberse a un problema de índole familiar. Sea como sea, y sin que los dueños se hayan pronunciado al respecto, por el momento esa cuestión se circunscribe al ámbito de la rumorología.
Ayer mismo habitantes de la zona vieron al que ha sido su propietario durante los últimos años -hijo del fundador, al que sucedió su mujer antes de pasar el testigo a su vástago- abrir brevemente persiana y puerta para extraer del interior neveras, arcones y muebles, si bien «no nos dijo nada; ni si lo va a reformar, ni si se va a traspasar…». Además, varias fuentes coinciden en señalar que los empleados que trabajaban en el Anchón «fueron liquidados el mismo miércoles», un detalle que confirmaría la falta de planificación del cierre, ejecutado «de la noche a la mañana». En fin, datos todos que multiplican el desconcierto del vecindario; sobre todo, cuando se recuerda que el mes pasado, durante la fiestas de El Coto, la Asociación Vecinal reconoció al negocio en cuestión por su participación y vinculación con la hostelería y la vida del vecindario durante más de medio siglo. «Se echará de menos; se comía bien, y animaba esa zona», lamentan algunos de los lugareños consultados por este diario.