El 24 de septiembre la menor, de ocho años, colisionó con otro ciclista que circulaba en dirección contraria; los padres exigen al Gobierno que se haga responsable de las heridas que sufrió en el codo, y que modifique el carril para ampliar su anchura, hoy de menos de dos metros

Suele decirse -y el cine y la literatura se han encargarlo de representarlo con abundancia- que no hay enemigo más temible que un padre airado por el daño que sus hijos han sufrido injustamente. Bien, pues Alan Expósito Gonzalvo está enfadado. Muy enfadado, de hecho. Y también inquieto, mientras aguarda noticias de las secuelas que le puedan quedar a su hija, Vera, después del espectacular accidente que sufrió en el carril bici del Muro el pasado 24 de septiembre. Ese día la pequeña, de solo ocho años, pedaleaba a la altura de la escalera 2 cuando, al paso de otro ciclista que circulaba en dirección contraria, sus manillares chocaron y ambos acabaron por los suelos. Fruto de la colisión, la menor sufrió una fractura grave en un codo, intervenida en quirófano dos veces. Y su progenitor está decidido a que lo ocurrido no quede impune. Por ahora, ya ha iniciado contra el Ayuntamiento de Gijón un procedimiento de responsabilidad patrimonial, exigiéndole que asuma su parte de culpa en el incidente. ¿La razón? La supuesta estrechez del carril bici, que no llega a los dos metros de ancho en ese punto. Y solo es el primer paso; Expósito está decidido a demandar al Consistorio si no modifica el tramo.
«Vamos a ir con todo, porque no hay derecho a que pasen cosas como la que le pasó a mi hija», amenaza, indignado, al tiempo que rememora aquella fatídica tarde. Era jueves, hacía buen tiempo y tanto Vera como sus mayores habían pedaleado desde El Llano hasta el Muro, en una formación en columna encabezada por el padre, cerrada por la madre y con la niña en el centro. No eran ni las siete cuando, cerca de la escalera 2, apareció otro usuario, un hombre de 46 años que, si bien circulaba por su carril -recordemos que el del Muro es bidireccional-, «iba algo apretadín». Expósito no recuerda que nadie hiciese maniobras bruscas, ni que hubiese baches en el firme; sencillamente, «como es tan estrecho, se les pegaron los manillares». Ambos acabaron en el suelo, sí, pero Vera, literalmente, «salió volando varios metros», cayendo sobre su codo derecho. A los pocos minutos llegó una patrulla de la Policía Local, seguida de una ambulancia, que evacuó a los heridos. Según su padre, la niña pasó hasta cinco días ingresada en dependencias hospitalarias, mientras los médicos evaluaban el alcance de las lesiones y la mejor manera de atajarlas.

Si bien ese punto no figura en el informe de alta, sí confirma la presencia en el codo de una epifisiolisis tipo IV -una modalidad de fractura grave en un hueso en fase de crecimiento-, así como una luxación posterior. Según Expósito, tales daños exigieron que su hija fuese operada «dos veces», y existe la posibilidad, añade, de que «le quede alguna malformación». Pero eso es, dentro de la gravedad del drama, lo de menos; al fin y al cabo, los accidentes existen… Lo verdaderamente indignante para el padre de la menor es que el tramo reúne todas las condiciones para choques de esa clase. «Hicimos mediciones, y nos sale que, abarcando ambos sentidos, solo tiene 1,87 metros», asegura. Periodistas de miGijón han acudido al punto exacto, y sus propias mediciones han arrojado una anchura de 1,97 metros. Centímetros arriba o abajo, cualquiera de ambos totales está lejos de los 2,6 metros -reducidos a 2,2 en casos sumamente excepcionales- que la ‘Guía de recomendaciones para el diseño de infraestructura ciclista’, elaborada por el Ministerio de Transportes, sugiere para carriles bici bidireccionales en áreas urbanas. «Si no quieres chocarte, te tienes que meter en el arcén», reconoce Expósito.
Por el momento ni él, ni su mujer, ni tampoco Vera han recibido ni contestación oficial del Ayuntamiento, ni tan siquiera una llama personal de ánimo. «La Policía Local sí que se puso en contacto con nosotros pasado el accidente, para interesarse por el estado de nuestra hija, pero en el Gobierno nadie parece preocupado; es una vergüenza», se desahoga Expósito. Y puede parecer un detalle nimio, casi un arrebato emocional, pero basta para que la voluntad de esta familia de llevar su cruzada hasta las últimas consecuencias se apuntale como con hormigón armado. «No pararemos hasta que el Gobierno haga algo de verdad, y amplíe la anchura de ese carril; hay espacio de sobra para hacerlo y, como hablamos solo de unos pocos centímetros, parece claro que no se hace porque no se quiere», sentencia.
Y la chapuza de la pseudo peatonalización de La Serena tiene más que miga. Al tiempo.