Las fortunas obtenidas al otro lado del Atlántico sirvieron para construir viviendas señoriales, escuelas, hospitales e infraestructuras

Las casas señoriales, las palmeras que sobresalen entre los tejados y los imponentes palacetes que todavía pueden contemplarse en numerosos pueblos asturianos son mucho más que una curiosidad arquitectónica. Constituyen el testimonio de una época en la que miles de asturianos cruzaron el Atlántico buscando fortuna y algunos regresaron convertidos en empresarios adinerados, dispuestos a invertir parte de sus ganancias en su tierra natal.
Fueron los conocidos como indianos, protagonistas de uno de los fenómenos económicos y sociales más singulares de la historia de Asturias. Aunque solo una minoría de los emigrantes consiguió enriquecerse, quienes lo lograron dejaron una huella que todavía puede observarse en el paisaje y el patrimonio de la región.
Durante los siglos XIX y XX, el dinero procedente de América contribuyó a transformar numerosos concejos. Las grandes residencias indianas se convirtieron en símbolos visibles del éxito económico alcanzado en el extranjero, pero su legado fue mucho más amplio.
Los capitales acumulados en países como Cuba, México o Argentina permitieron financiar escuelas, hospitales, carreteras, caminos, fuentes, abastecimientos de agua, iglesias, casinos y ateneos.
En muchas localidades, las aportaciones de los emigrantes sirvieron para impulsar mejoras que beneficiaron al conjunto de sus vecinos. La construcción de edificios educativos y sanitarios, así como la financiación de infraestructuras, formó parte de una relación que continuó incluso cuando sus protagonistas ya habían establecido definitivamente su residencia en América.
Entre los ejemplos arquitectónicos que recoge el documento Asturias, América y Filipinas: cinco siglos de una historia compartida aparecen la Quinta Guadalupe y la residencia La Solana, en Colombres, así como el palacete Peñalba, en Figueras.
Estas construcciones representan una parte del patrimonio indiano que se conserva en Asturias y reflejan cómo la emigración también transformó la arquitectura y la imagen de numerosos pueblos.
De los comercios de La Habana a El Corte Inglés y Galerías Preciados
El regreso no significó únicamente la llegada de dinero. También permitió trasladar a España nuevas formas de organizar los negocios, gestionar empresas y desarrollar actividades comerciales.
Uno de los ejemplos más significativos está relacionado con tres asturianos vinculados a Grado: César Rodríguez, Ramón Areces y Pepín Fernández.
Los tres estuvieron relacionados con El Encanto, unos grandes almacenes de La Habana que destacaron por sus modernos métodos comerciales. La experiencia adquirida en Cuba acabaría teniendo una influencia decisiva en el desarrollo del comercio español.
César Rodríguez desempeñó un papel fundamental en los primeros años de El Corte Inglés, empresa de la que fue primer presidente y principal accionista.
Su sobrino Ramón Areces continuó aquel proyecto y se convirtió en una de las figuras centrales de su expansión, primero como director general y posteriormente como presidente.
Por su parte, Pepín Fernández fundó Galerías Preciados, otra de las grandes empresas comerciales españolas del siglo XX.
Sus trayectorias muestran que la influencia de la emigración asturiana fue mucho más allá de la construcción de viviendas o de las donaciones a los pueblos de origen. El conocimiento empresarial adquirido en América también contribuyó al desarrollo de nuevos modelos comerciales en España.
El fenómeno tampoco terminó con los indianos tradicionales. Durante el siglo XX, las siguientes generaciones de familias emigrantes mantuvieron relaciones económicas y culturales con España.
Uno de los casos destacados fue el de la familia Arango. Jerónimo Arango Díaz emigró desde Salas a México, donde nacieron sus hijos. Estos participaron en la modernización de la distribución comercial mexicana mediante Aurrerá.
Posteriormente, Plácido Arango se estableció en España, donde desarrolló el Grupo Vips y una importante actividad de mecenazgo cultural.
Su historia demuestra cómo los vínculos entre Asturias y América continuaron más allá de quienes protagonizaron las primeras emigraciones.
Hoy, las grandes casas indianas, las escuelas promovidas por emigrantes y las infraestructuras financiadas con capital americano recuerdan aquella época. Son las huellas de quienes marcharon buscando un futuro mejor y, al regresar o mantener sus vínculos desde la distancia, contribuyeron a cambiar para siempre la Asturias que habían dejado atrás.