Miles de personas asistieron al evento, que reunió a 4.380 efectivos de las Fuerzas Armadas, y de los Cuerpos de Seguridad del Estado; el buen tiempo permitió volar a las aeronaves, y el salto paracaidista con la enseña nacional se hizo sin incidentes

Con España viviendo uno de los momentos de polarización política y social más intensos de cuantos se recuerdan desde la llegada de la democracia, allá por 1978, era de esperar que semejante esencia impregnase este lunes, Día de la Fiesta Nacional. Y, efectivamente, así fue. Con decenas de miles de personas asistiendo como público a los actos centrales, celebrados en Madrid, los abucheos y pitidos dirigidos al presidente del Gobierno, el socialista Pedro Sánchez, fueron uno de los hitos de la jornada… Aunque, por suerte o por desgracia, no el único. Porque, como no podía ser de otro modo, tanto el desfiles castrense y policial, como las restantes actividades periféricas, dejaron un buen puñado de anécdotas dignas de ser comentadas, de viva voz y en las redes sociales. Y una de ellas es ese Toisón de Oro que, por razones aún no esclarecidas -aunque, probablemente, de lo más humanas-, se ‘escurrió’ del cuello de la princesa de Asturias, Leonor de Borbón, a su llegada a la tribuna. Un momento ‘Tierra, trágame’, que, sin embargo, dejó una estampa de lo más tierna: la de su padre, el rey Felipe, recolocando la condecoración en el uniforme de su hija.
Pese al buen tiempo reinante, que tiempo después sería especialmente agradecido por los pilotos y paracaidistas participantes en el desfile, el arranque de los actos quedó ensombrecido por esa andanada de críticas ciudadanas a Sánchez. Nada nuevo, por otra parte, pues en todas las ediciones previas, desde que asumiese la presidencia, ha habido manifestaciones análogas contra su persona. No obstante, el máximo responsable del Ejecutivo nacional no reaccionó, y ocupó su lugar en la tribuna de autoridades sin mayores incidentes. A pocos metros de él se situó el grueso de los miembros de su gabinete, con la sola excepción de los ministros de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente; Juventud e Infancia, Sira Rego; Sanidad, Mónica García, y Derechos Sociales y Agenda 2030, Pablo Bustinduy. Del mismo modo, pocos líderes autonómicos se perdieron el desfile; de hecho, las únicas ausencias fueron las de Juanma Moreno, de Andalucía; María Chivite, de Navarra; e Imanol Pradales, lehendakari vasco. El presidente del Principado, Adrián Barbón, sí se personó. Y no faltó la mayoría de los portavoces de la oposición nacional, salvo el de Vox, Santiago Abascal, que prefirió ir a Ceuta.

Poco después de las once de la mañana llegaban a Colón los miembros de la familia real para el saludo a la bandera y a las autoridades militares, con el monarca -embutido en su uniforme de capitán general del Ejército del Aire y del Espacio- a la cabeza, seguido la reina Letizia, por Leonor y por la infanta Sofía… Y fue entonces cuando se vivió el pintoresco momento del Toisón rebelde. La enseña, representación física de la orden de caballería homónima, fue establecida en 1429 por Felipe III, duque de Borgoña, y se ha convertido en la más importante condecoración concedida por la Corona. Como prerrogativa real, la princesa de Asturias está autorizada a lucirla en su cuello. Sin embargo, ya fuese por prisas, por nervios o por cualquier otra razón, el broche no debió quedar correctamente ajustado… Y la pieza, historia pura de la Monarquía, acabó sobre el asfalto de la Castellana. De hecho, fue el propio Felipe quien indicó a Leonor que la condecoración estaba en el suelo; la heredera la recogió y, tras unos segundos de duda, se la guardó en el bolsillo del uniforme -en su caso, del Ejército de Tierra-. Fue, con todo, una menudencia; ya en la tribuna, Felipe ejerció su supremo rol de padre, y puso al cuello de su hija el Toisón de Oro. Fin del drama.
A partir de ahí, todo discurrió como la seda. Con el tiempo a su favor, el sargento primero Pablo García Matanza y el cabo primero José Antonio Lago Rubio, ambos integrantes de la Patrulla Acrobática de Paracaidismo del Ejército del Aire y del Espacio (PAPEA), se lanzaron en paracaídas desde un avión de transporte táctico CASA C-212; el primero de ambos militares, portando la enseña nacional -de quince kilos y veinticuatro metros cuadrados-, y el segundo, ejerciendo de guía. El aterrizaje, sumamente aplaudido, no entrañó problemas, y la bandera fue izada en el mástil, a cuyos pies el monarca y la princesa de Asturias depositaron una corona de laurel, en memoria de aquellos que han dado su vida por España. Ese fue el detonante del desfile aéreo -que incluyó a la Formación’ Mirlo’, heredera de la disuelta Patrulla ‘Águila’-, del que formaron parte 82 aeronaves, entre aviones de transporte, caza, adiestramiento y helicópteros. Al paso de la última de ellas, el protagonismo recayó en el componente terrestre, formado por militares del Ejército de Tierra, de la Armada y del Ejército del Aire y del Espacio, y por personal de la Guardia Civil, de la Policía Nacional y de diversas organizaciones de emergencias y rescate. En total, participaron 4.380 personas; de ellas, 3.850 fueron hombres, y las 530 restantes, mujeres.

Con 167 vehículos de diverso tipo marchando ante la multitud, uno de los más sorprendentes fue el blindado 8×8 ‘Dragón’, adscrito al Ejército de Tierra, del que desfilaron tres unidades -dos acondicionadas como transportes de tropas, y una tercera, habilitada como vehículo de zapadores-, y que se fabrica en Asturias, tanto en la Fábrica de Armas de Trubia, del grupo GDELS-Santa Bárbara Sistemas, como en ‘El Tallerón’ de Gijón, explotado por Indra. No obstante, las mayores ovaciones las cosechó la Unidad Militar de Emergencias (UME), cada vez más querida y respetada por la sociedad debido a su papel clave en sucesos como la asistencia a las víctimas de la DANA de Valencia, o la lucha contra la marea de incendios forestales que asoló el país este verano; también en el Principado se la recuerda con cariño. Todo ello, sin olvidar a unidades como los Cazadores de Montaña, la Brigada Paracaidista, los marineros de diversos destinos y buques de la Armada o, muy especialmente, los militares de la Legión, con su cabra ‘Babieca’ y sus 160 pasos por minuto, y de los dos Tabores de Regulares, que avanzaron a 90 por minuto. En ese sentido, cobró especial protagonismo la VIII Bandera ‘Colón’ del Tercio ‘Juan de Austria’ de la Legión, sumida en la conmemoración de su primer centenario. Una efeméride que el públicos supo apreciar con fuertes ovaciones.
El colofón de la jornada, como dicta la tradición, fue la recepción en el Palacio Real. Allí, tanto Felipe y Letizia, como Leonor y Sofía, saludaron a las autoridades asistentes. Algo que, de nuevo, se desarrolló sin sobresaltos, y que puso la guinda a la velada festiva.