La empresa pública estudia el cese definitivo de la actividad en las instalaciones de Gijón, cerradas desde mayo por desperfectos en el tejado y uno de los muros. Entre las alternativas, negocia con el Ayuntamiento una posible permuta del terreno por una parcela próxima a la estación de Tremañes

La estación de ITV de Granda, en Gijón, seguirá cerrada mientras la empresa pública Inspección Técnica de Vehículos (Itvasa) estudia qué hacer con unas instalaciones cuya reparación podría superar el millón de euros. La compañía sopesa incluso el cese definitivo de la actividad en este emplazamiento, aunque no adoptará una decisión hasta disponer de un informe técnico que determine con precisión el alcance y el coste de las obras necesarias. El centro permanece sin actividad desde mayo, cuando Itvasa detectó desperfectos y deficiencias graves en el tejado y en uno de los muros de la nave. Desde entonces, las inspecciones se concentran en la estación de Tremañes, donde, según la empresa pública, el servicio se presta con normalidad y sin demoras.
A la espera de conocer el resultado del informe, Itvasa explora distintas alternativas para el futuro del suelo de Granda. Entre ellas figura una posible permuta con el Ayuntamiento de Gijón, de manera que la empresa pública cedería el terreno de la estación cerrada a cambio de una parcela municipal próxima a sus actuales instalaciones de Tremañes. La operación se encuentra en fase de negociación y todavía no hay una decisión definitiva. La apertura de la estación de Granda se planteó en diciembre de 2020, en un momento en el que las listas de espera para pasar la inspección técnica de vehículos habían alcanzado niveles elevados. El cierre de Itvasa durante los meses de confinamiento por la pandemia había dejado unas 140.000 citas pendientes en el conjunto de la red, una acumulación que agravó las demoras una vez recuperada la actividad.
En Gijón, la espera llegó a alcanzar los 170 días, el plazo más elevado de toda la red de estaciones de la empresa pública. La puesta en marcha de un segundo punto de atención pretendía aliviar esa situación y aumentar la capacidad para atender a los conductores. La elección de Granda respondió entonces a una cuestión práctica: en la zona había una parcela disponible con una nave ya construida, lo que permitía acelerar la puesta en servicio de las instalaciones y reducir las listas de espera. Cuatro años después, los daños detectados en el edificio han obligado a paralizar la actividad y han abierto la puerta a un posible cambio de ubicación.