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sábado, 24 octubre, 2026
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Análisis | La capital de la derecha ya no está en Oviedo

Agustín Palacio por Agustín Palacio
24/10/26
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Gijón coloca a dos de sus dirigentes entre los tres primeros puestos del PP al Congreso, mientras Mario Arias emerge como el hombre fuerte de Oviedo y Moriyón, entre Génova, Vox y sus propios socios de gobierno, juega una partida en la que cada vez parece tener menos cartas
Moriyón, Cherines, Pumariega, Figaredo y Canteli

Durante décadas, Oviedo fue la capital administrativa de Asturias y también la capital sentimental, orgánica y política de la derecha asturiana. Allí se repartían los cargos, se bendecían las candidaturas y se decidía quién tenía futuro y quién debía ir haciendo las maletas. Gijón era otra cosa. Una plaza difícil, históricamente de izquierdas, donde la derecha sobrevivía como podía y donde los grandes apellidos del conservadurismo regional apenas se detenían para hacerse una fotografía. Pero los tiempos cambian. Y los mapas del poder también.

La capital de la derecha asturiana se ha trasladado de Oviedo a Gijón. No ha hecho falta ningún decreto, ninguna mudanza de sedes ni una declaración institucional. Basta con observar quién manda, quién tiene teléfono directo con Madrid y de dónde salen los nombres que hoy ocupan el tablero político.

La candidatura del Partido Popular al Congreso por Asturias para las elecciones del próximo 29 de noviembre es la prueba más reciente. Génova ha colocado a Ángela Pumariega, vicealcaldesa de Gijón, en el número uno; a Mario Arias, primer teniente de alcalde y presidente del PP de Oviedo, en el segundo puesto; y a Mercedes Fernández, Cherines, en el tercero. Dos gijonesas y un ovetense. Una combinación que, más allá del equilibrio territorial que pueda pretender transmitir, ofrece una radiografía bastante precisa de cómo se está reorganizando el poder conservador asturiano.

Porque en política las listas electorales no son inocentes. El orden de los nombres importa tanto como los propios nombres. Y el PP ha decidido que su principal rostro electoral en Asturias salga de Gijón.

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Hay que remontarse a 2011, cuando Mercedes Fernández encabezó la candidatura popular al Congreso, para encontrar un precedente tan significativo del protagonismo gijonés en el primer puesto de la lista del PP por Asturias. Quince años después, Génova vuelve a apostar por una dirigente estrechamente vinculada a la política municipal gijonesa. Y lo hace, además, recuperando a la propia Cherines para la tercera posición. La expresidenta regional del PP, con una dilatada trayectoria política y conexiones con la dirección nacional, vuelve a ocupar un lugar destacado en la papeleta. La historia no se repite exactamente, pero a veces se empeña en dejar pistas.

A ello se suma José María Figaredo, uno de los principales rostros nacionales de Vox, cuya vinculación política con Gijón contribuye a reforzar el peso de la ciudad en la derecha asturiana.

Pumariega, Figaredo y Cherines. Tres nombres, distintas sensibilidades y un mismo escenario político. Gijón.

Mientras tanto, Oviedo atraviesa una situación, cuando menos, extraña. Alfredo Canteli creyó durante demasiado tiempo que gobernar el Ayuntamiento equivalía a controlar el Partido Popular de la ciudad sin ser afiliado. Pero una cosa es tener el bastón de mando y otra bastante diferente manejar los resortes de una organización política.

El último congreso local del PP ovetense dejó al descubierto esa diferencia. Las maniobras, las tensiones internas y la necesidad de recurrir a apoyos de fuera dibujaron una organización mucho menos controlada por el alcalde de lo que algunos pretendían hacer creer. La intervención de Miguel Tellado fue clave para enderezar una situación que amenazaba con escaparse de las manos. Fue entonces cuando Canteli descubrió que el poder municipal no siempre se traduce en poder orgánico. Desde aquello, creció la desconfianza del alcalde en la influencia del hoy presidente del PP de Oviedo, Mario Arias.

Y ahora llega la segunda parte de la historia. Arias no solo preside el PP ovetense, sino que ocupará el número dos de la candidatura al Congreso. El dirigente que asumió las riendas de la agrupación local en febrero, con el 97,43% de los votos y el respaldo de la dirección nacional y autonómica, da un nuevo salto político. Lo hace, además, con una posición electoral que refuerza su proyección más allá de los límites de la capital. Si bien es cierto que, como muchos dicen, por fin Canteli tendrá lejos a Mario del Ayuntamiento.

Oviedo conserva representación en la candidatura, desde luego. Pero la capitalidad del poder no se mide únicamente por cuántos nombres se colocan en una lista, sino por quién la encabeza, quién influye en su confección y quién mantiene abiertas las puertas de Madrid.

Y ahí Gijón parece haber tomado la delantera.

Pero la verdadera comedia, o tragedia, según quién la protagonice, se desarrolla en el triángulo formado por PP, Vox y Foro Asturias.

Porque en ese peculiar triángulo amoroso nadie termina de fiarse de nadie, todos necesitan algo del otro y los agravios del pasado siguen mucho más vivos de lo que aparentan las sonrisas institucionales.

Carmen Moriyón ha vuelto a mover ficha. Foro terminó respaldando la candidatura de Alberto Núñez Feijóo después de una conversación mantenida el sábado por la mañana entre la alcaldesa gijonesa y el propio líder popular, según la información que maneja este diario. No deja de ser significativo que Moriyón buscase ese contacto directo. Desde aquella fotografía de Colón, la presidenta de Foro ha demostrado una especial predilección por relacionarse con los primeros espadas de la política nacional. Los intermediarios nunca han sido demasiado de su gusto.

Pero hablar con Feijóo no equivale a tener garantizado un buen matrimonio con el PP de Gijón. Y mucho menos con Vox. En la calle Bambú de Madrid, donde se encuentra la sede nacional del partido de Santiago Abascal, todavía escuece la expulsión de Vox del Gobierno gijonés. Aquella decisión de Moriyón dejó una herida que no ha cicatrizado. La formación de Abascal no olvida fácilmente las afrentas y mucho menos las que interpreta como una traición.

Hace poco, en Candás, Figaredo habría trasladado a Álvaro Queipo una advertencia tan gráfica como reveladora, según fuentes conocedoras de aquella conversación: «Con esta traidora no irás a pactar», en referencia a Carmen Moriyón. Roma no paga traidores. Y Bambú, por lo visto, tampoco.

La frase, de confirmarse en esos términos, resumiría mejor que cualquier comunicado la profundidad de la desconfianza que existe entre Vox y Foro. Y plantea un problema considerable para el Partido Popular: ¿cómo construir una alternativa de derechas en Asturias cuando dos de sus potenciales socios mantienen una relación que parece más propia de un divorcio contencioso?

A todo ello se añade la negociación nacional sobre el Senado. PP y Vox exploran fórmulas para evitar que la fragmentación del voto conservador facilite a la izquierda conquistar más escaños en la Cámara Alta. Sobre la mesa están tanto posibles acuerdos electorales como futuros repartos de senadores de designación autonómica.

La cuestión tiene una lectura asturiana especialmente interesante.

Asturias elige cuatro senadores por sufragio directo. Habitualmente, la candidatura más votada obtiene tres y la segunda consigue uno, aunque el sistema de listas abiertas permite otras combinaciones. Con el acuerdo alcanzado entre el PSOE y las fuerzas de Frente Amplio para concurrir juntos, la derecha tiene motivos para estudiar cuidadosamente sus opciones.

¿Y dónde queda Foro en ese reparto? Porque si PP y Vox terminan negociando directamente las posiciones, los apoyos y las compensaciones políticas, el partido de Moriyón corre el riesgo de convertirse en un invitado de piedra. Puede aportar votos, estructura territorial y una alcaldía importante, pero eso no garantiza asiento en una mesa en la que los grandes partidos deciden cómo repartirse el poder.

Y ahí aparece la gran contradicción de Carmen Moriyón. La alcaldesa de Gijón gobierna gracias a un acuerdo con el Partido Popular, pero mantiene una relación política marcada por la desconfianza. Necesita a los populares para sostener su mayoría municipal y, al mismo tiempo, debe evitar que estos crezcan tanto que terminen disputándole el liderazgo de la derecha gijonesa.

La salida de Pumariega hacia el Congreso puede alterar ese equilibrio. Por un lado, Moriyón pierde a una interlocutora de peso (y posible competencia) dentro del Gobierno local. Por otro, el PP de Gijón gana visibilidad nacional y una conexión política con Madrid que puede fortalecer sus aspiraciones futuras.

Y no es solo Pumariega. La presencia de Cherines en el número tres añade otra conexión con la política nacional y devuelve protagonismo a una dirigente que conoce como pocas los mecanismos internos del partido. Entre la renovación que representa la vicealcaldesa y la experiencia de la expresidenta regional, el PP gijonés dispone ahora de dos figuras situadas en las posiciones más destacadas de su candidatura al Congreso.

El contraste resulta difícil de ignorar: mientras el PP de Gijón gana protagonismo en Madrid, en su propio Ayuntamiento continúa siendo el socio menor de Carmen Moriyón. Tiene influencia nacional, pero no ostenta la Alcaldía. Coloca nombres en las listas, pero sigue dependiendo de los equilibrios que establece Foro en el Gobierno municipal. Una cosa es tener poder en Génova y otra conseguir que ese poder se traduzca en autoridad política en la plaza Mayor.

Moriyón, además, parece cada vez más aislada en el tablero de las alianzas. Vox no le perdona lo ocurrido. El PP necesita entenderse con ella, pero tampoco puede resignarse eternamente a desempeñar el papel de acompañante. Y Génova tiene sus propias prioridades, que no necesariamente coinciden con las de Foro.

Si la dejan, la alcaldesa probablemente optará por hacerse la longuis con cualquier definición sobre una eventual coalición electoral hasta bien entrado 2027. Tiempo al tiempo. Cada mes de indefinición le permite conservar margen de maniobra, mantener a sus socios pendientes de sus decisiones y evitar compromisos que puedan debilitar su posición.

Es una estrategia comprensible desde el punto de vista de quien quiere seguir mandando. Bastante menos cómoda para quien aspira a dejar de ser un socio subordinado.

Porque el PP gijonés se encuentra ante una paradoja extraordinaria: su principal dirigente municipal encabeza la candidatura al Congreso por Asturias, una expresidenta regional vinculada a la ciudad ocupa el tercer puesto, su peso en Génova crece y Gijón se convierte en el epicentro de la derecha regional, pero no deja de ser el partido maltratado del Gobierno local.

La derecha asturiana ha cambiado de capital. Oviedo ha perdido centralidad y Gijón ha ganado influencia. Y la presencia de Mario Arias en el número dos, lejos de desmentir esa transformación, confirma que los populares ovetenses también están reorganizando sus propios equilibrios de poder. Sin embargo, que Gijón gane protagonismo no significa que todos los habitantes de esta nueva capital política salgan beneficiados.

En política, como en el amor, hay relaciones que se mantienen por conveniencia mucho después de que desaparezca la ilusión. Y otras en las que uno de los miembros de la pareja acaba acostumbrándose tanto a ceder que termina olvidando lo que vale.

La pregunta ya no es cuánto tiempo podrá Carmen Moriyón seguir administrando las contradicciones de la derecha gijonesa. La pregunta es cuánto orgullo, cuánto amor propio y cuánta ambición está dispuesto a entregar el Partido Popular de Gijón para seguir sentado en el Gobierno de Carmen Moriyón, en un contexto regional en el que PP y Vox podrían sumar para conseguir el Principado.

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