
Los recientes alcances múltiples en la A-8 vuelven a poner sobre la mesa el ruido y la seguridad de los accesos por la ronda sur de Gijón
El pasado 19 de octubre, doce vehículos se vieron implicados en un alcance múltiple en el viaducto de Somonte. Dos coches acabaron ardiendo, dos personas resultaron heridas leves y la A-8 tuvo que cortarse, provocando seis kilómetros de retenciones. Nueve días después, otros seis vehículos colisionaron en la misma autovía, esta vez en el kilómetro 389, provocando cinco kilómetros más de colas.
Si retrocedemos al 14 de septiembre, encontramos otro accidente de cinco vehículos junto a Nuevo Roces. Veintitrés vehículos en tres siniestros durante apenas mes y medio. Houston, tenemos un problema.
Por supuesto, desconocemos las causas concretas de cada accidente y probablemente es injusto atribuirlos todos a la velocidad. Pero sí sabemos que esta determina cuántos metros recorremos antes de reaccionar y cuánto espacio necesitamos para frenar. Entonces, ¿por qué no plantearnos los 80 km/h en la ronda gijonesa?
Una autovía que ya es parte de la ciudad
Imaginamos y entendemos las autovías, como una infraestructura donde lo importante es que se puede ir al máximo de manera constante, pero la ronda sur de la ciudad pasa junto a barrios residenciales, centros educativos y numerosos enlaces con la ciudad. Uno de los ejemplos es Nuevo Roces, un barrio relativamente reciente rodeado por tres grandes vías, dos de ellas autovías: la A-8 y la AS-I, la Minera.
Buscando información sobre sus efectos, me encontré con el diagnóstico del Plan de Movilidad de Gijón reconoce niveles de entre 70 y 75 decibelios en la parte oriental de Nuevo Roces, próxima a la AS-I. No en todo el barrio, pero sí en algunas de sus zonas más expuestas. Y el Mapa Estratégico de Ruido de 2022 sitúa el tráfico como principal foco de contaminación acústica de Gijón, especialmente en vías con mucho tráfico y mayores velocidades.
Incluso en abril de 2025, el Tribunal Superior de Justicia de Asturias estimó la reclamación de una residente de Nuevo Roces y ordenó instalar barreras acústicas para proteger su vivienda del ruido de la A-8. Por lo tanto, no hablamos de exageraciones vecinales, ya hay hasta una resolución judicial, sobre un caso concreto, que reconoce un problema real.
La Organización Mundial de la Salud advierte desde hace años de los efectos del ruido continuado sobre el descanso y la salud. Conviene recordarlo: el ruido también es contaminación.
La entrada hacía Ceares/Viesques
Otro lugar que merece atención es el enlace de Ceares y Viesques, donde confluyen la A-8, las conexiones con la Minera y los accesos hacia El Llano y el centro.
Quien circule por allí conocerá los cambios de carril, las incorporaciones y las frenadas cuando se concentra el tráfico. En noviembre de 2023 hubo una colisión múltiple de ocho vehículos a la altura de Viesques. En enero de 2025, otra colisión de cinco vehículos dejó dos heridos leves y cinco kilómetros de retenciones.
Hacen falta datos completos de siniestralidad pero quizás ya haya episodios suficientes para declarar el enlace un punto negro. Al menos merece su análisis.
Avilés ya lo ha hecho (Otra vez)
En julio de 2025, el Ministerio de Transportes terminó una actuación contra el ruido en la AI-81, el acceso a Avilés por Trasona, en Corvera. Invirtió 3,29 millones de euros en pantallas acústicas y pavimento fonoabsorbente, y completó las medidas limitando la velocidad a 80 km/h. Es decir, el propio Ministerio considera que circular más despacio ayuda a combatir el ruido de una autovía. No basta, por supuesto, con cambiar una señal: influyen el tráfico pesado, el pavimento y las distancias a las viviendas. Pero reducir la velocidad es una herramienta más, y además mejora el margen para reaccionar ante un imprevisto.
Hagamos una cuenta sencilla: a 120 km/h recorremos unos 33 metros en un segundo; a 80, unos 22. Once metros de diferencia antes siquiera de empezar a frenar.
¿Y cuánto tiempo perderíamos? En un recorrido de cinco kilómetros, suponiendo que pudiéramos mantener los 120 km/h de principio a fin, bajar a 80 añadiría apenas un minuto y quince segundos.
Menos prisa, más ciudad
Por tanto, deberíamos estudiar seriamente limitar a 80 km/h los tramos más urbanos y conflictivos de la A-8 en Gijón, sin pretender extender la medida a toda la Autovía del Cantábrico. Correspondería al Ministerio, con la colaboración del Principado y el Ayuntamiento, delimitar los tramos, revisar los enlaces, medir el ruido y adoptar otras medidas de protección donde hagan falta.
Habrá quien considere que reducir la velocidad perjudica la sacrosanta fluidez del tráfico. Curioso, porque los días de siniestros asumimos como inevitables los cortes y los cinco o seis kilómetros de retenciones. Un minuto parece intolerable; una mañana de atasco, parte del paisaje.
No estoy afirmando que una señal de 80 evitará todos los accidentes. También hacen falta distancia de seguridad, atención al volante y carreteras bien diseñadas. Pero hay que aceptar que estas infraestructuras forman parte de la ciudad y que su funcionamiento no puede medirse únicamente por lo rápido que permiten circular.
Llegar un minuto antes está muy bien pero circular con seguridad y dejar que los demás vivan con algo menos de ruido, seguramente esté bastante mejor.