«Ya no es tiempo de duda y por eso me asusta que la alcaldesa reconozca que se encuentra sorprendida al ser preguntada por la ausencia de resultados en una comisión que ella misma promovió»

Primer hito. Han tenido que pasar diecisiete años desde que se iniciasen las obras y veinticuatro desde que se concibieron para que, por primera vez en más de un siglo, un tren con capacidad para circular a alta velocidad cruzase la Cordillera Cantábrica como preludio de un viaje entre Gijón y Madrid que, si no se tuerce nada, a finales del año que viene durará poco menos de tres horas. Una auténtica revolución si tenemos en cuenta que cuando se abrió el túnel de la Perruca a finales del siglo XIX el viaje entre Madrid y Gijón duraba 23 horas. Hoy, octubre de 2021, aún tardamos cinco horas en cubrir un trayecto similar en kilómetros a los que separan Madrid de Barcelona y que el AVE realiza en menos de tres horas.
Segundo hito. Hace veintiocho años, el Plan de Competitividad de la Siderurgia decidía el cierre de las baterías de cok de Avilés, que debían ser sustituidas por unas nuevas instalaciones en la cabecera siderúrgica de Gijón. Tras varios retrasos y si no se produce ningún cambio de última hora, antes de que concluya el año comenzará el desmantelamiento definitivo de unas instalaciones que han estado operativas más de 63 años. Se van a liberar casi 400.000 metros cuadrados sobre los que se quiere construir un nuevo modelo industrial en un parque empresarial que costará unos 40 millones de euros, tantos como el Centro Niemeyer, que alcanzó los 42.
Tercer hito. El centro logístico de Amazon en Bobes. En el último trimestre del próximo año estará en pleno funcionamiento la nave que va a generar, según los cálculos iniciales, unos dos mil puestos de trabajo. De hecho, la multinacional ha comenzado ya a buscar ingenieros, personal de mantenimiento, especialistas en nuevas tecnologías, médicos y enfermeros. La llegada de la multinacional al área industrial sierense ya atrae la atención de otras empresas y el Ayuntamiento de Siero comienza a tramitar las primeras solicitudes de licencias para implantarse en el polígono de Bobes.
Situar Madrid a tres horas de Gijón, disponer de una nueva plataforma industrial y que la principal multinacional logística del mundo se implante en el centro de Asturias no admite otro calificativo que el de revolución. Y ante esta nueva realidad, la pregunta que surge me la hacía hace unos días un empresario local en el transcurso de un encuentro ocasional: “¿Sabemos realmente lo que tenemos que hacer? ¿Tenemos algún plan para aprovechar lo que nos viene encima?”
La pregunta es tan clara como debe ser la respuesta. Gijón tiene que liderar las sinergias derivadas de que la alta velocidad llegue a Asturias. No se trata solo de dar la bienvenida a los turistas que aprovecharán la alta velocidad para plantarse en el Principado en tres horas desde Madrid. No se trata de mirar la Isla de la Innovación como algo que sucede en Avilés. No se trata de mirar cómo se levantan naves en Bobes por obra y gracia de Jeff Bezos.
Gijón, como la mayor y más populosa ciudad de Asturias, tiene que ponerse a la cabeza de esta nueva Asturias. En una comunidad centralizada como Asturias, Gijón tiene que ser inicio y fin de trayecto y no puede dudar cuando la pregunta es clara: ¿contamos con una estrategia clara para apoyarnos en las nuevas palancas que se nos brindan y relanzar la actividad? Espero y confío en que nadie piense en que el mayor esfuerzo ha sido horadar la cordillera, porque queda claro que sabemos hacer túneles. Lo que no está tan claro y es momento de demostrarlo es que sabemos el destino al que queremos llevar los nuevos caminos que se nos abren.
Ya no es tiempo de duda y por eso me asusta que la alcaldesa reconozca que se encuentra totalmente desconcertada y sorprendida al ser preguntada por la ausencia de resultados sobre las soluciones para el Muro en una comisión que ella misma promovió. Es el momento de la política de la que Ana González sabe mucho y, por lo tanto, ningún muro o túnel puede detener el tren que Gijón tiene que copilotar. En tiempos de revolución, no hay lugar para la duda.