El Muséu del Pueblu d’Asturies inaugura una muestra fotográfica con retratos de mujeres realizadas por hombres y vinculada a la celebración del 8M
El Muséu del Pueblu d’Asturies presenta en la valla que rodea el centro una exposición que han querido vincular al Día de la Mujer y con la historia de la fotografía. Con el título de “Mujeres de frente. Retratos femeninos en la colección del Muséu del Pueblu d’Asturies, 1890 – 1971” presentan las fotografías de once fotógrafos que retratan a la mujer, cuya mirada construyó el arquetipo de la feminidad a lo largo de ocho décadas. La única autora incluida en la muestra del 8M es la de la especialista en la antropología simbólica, antropología urbana, antropología histórica y ocio, María Cátedra (1947), que estuvo once meses conviviendo con los vaqueiros de alzada y campesinos de los concejos de Valdés, Tineo y Cangas del Narcea, entre 1970 y 1972.
De aquella investigación para su tesis como doctora en la Universidad Complutense de Madrid proviene el retrato incluido en la valla: una campesina con hoz en la mano, en una ladera labrada y pendiente, rodeada por un bosque de eucaliptos. Todos sus retratos son fruto de una mirada antropológica sobre el territorio y una sociedad que estaba a punt de cambiar de manera radical. La intención científica de aquellas fotografías fue registrar la realidad de la manera más fiel y verdadera, es decir, con la cámara. Esta es la gran diferencia con las otras once imágenes, la mayoría tomada en estudios fotográficos en los que se compone los modos y maneras de la presencia de la mujer en sociedad.
A esta elaboración de la mujer en esudio responden los retratos de Edmundo Lacazette (1859-1914), de Oviedo; Ramón G. Duarte (1862-1936), de Avilés y Oviedo; Feliciano Pardo (1870-1947), de Oviedo; Benjamín R. Membiela (1875-1944), de Cangas del Narcea; Lorenzo Cabeza (1876-1965), de La Felguera; y la curiosa incorporación de Marujita Díaz (Sevilla, 1932-Madrid, 2015), en una imagen de 1965 y sin autoría conocida. Esta pertenece al archivo fotográfico personal de la popular cantante y actriz, compuesto por 247 fotografías, que conserva el Muséu, donde ingresó por donación del madrileño Javier García-Villalba Sotos, en 2017.
El estudio fue un espacio de construcción sobre el ideal de la mujer. Así lo hicieron los pintores en la intimidad de sus talleres y en sus lienzos, y así los fotógrafos, en las composiciones, decorados y poses que recrearon, para hacerlas a imagen y semejanza de los apetitos de la sociedad. Estos retratos seleccionados para la exposción callejera son testimonios, además, del choque de una sociedad dividida en dos: la población rural y la urbana. Este contraste es muy llamativo entre el retrato realizado por Membiela, en Corias (Cangas del Narcea), en 1920, a un grupo de cinco mujeres, con el atuendo propio de las tareas del campo; y el de Lorenzo Cabeza, tomado en La Felguera, en 1925, a una mujer vestida y presentada para la ciudad. Son dos imágenes antagónicas de la construcción cultural de la mujer realizada por el hombre. Son retratos que manipulan la presencia de una mujer pasiva, sin poder sobre la representación de su propia imagen.
El territorio público de la representación de la mujer fue durante el siglo XIX y bien entrado el XX un espacio que ellos consideraron de su exclusiva propiedad. El problema no era el arquetipo, sino su construcción. Por eso el conservador del Museo Nacional de Luxemburgo, Léonce Bénédite (1859-1925), destacó el importante papel desempeñado por la pintora francesa Rosa Bonheur en la nueva mujer soberana. Dijo de ella que “mostró al mundo que las mujeres pueden actuar con energía, resolución, trabajo metódico e inteligente y, en pocas palabras, la calidad indispensable y la inspiración, lo que da un impulso al arte”. Las pintoras eran consideradas un fenómeno extraño antes de Bonheur y al arte solo podían acceder como pasatiempo.
Esa mujer soberana parece asomar en tres de los retratos elegidos. Por un lado, la miliciana republicana en el monte de Villaxermonde (Valdés), en actitud de retaguardia, en una foto tomada en 1936 por el extraordinario fotoperiodista Constantino Suárez (1899-1983). La mecanógrafa de Cabañaquinta, retratada en 1942 por el fotógrafo de calle Valentín Vega (1912-1997), en la que retrata a la profesional en su lugar de trabajo. También las tres mujeres en un quiosco de prensa, en Sama (Langreo), retratadas en 1943 por Velentín Vega (1912-1997). Y quizá la fotografía más destacable de todas, realizada en 1912 por Miguel Rojo Borbolla (1874-1930), de cuya protagonista sí conocemos el nombre, Máxima Pérez García, y en la que aparece retratada en el pueblo de Puertas de Cabrales, delante de una figar, con una vara de ablano que le ayuda con el peso de la faltriquera.











