La mujer, de 46 años, denunció haber sido intimidada con un objeto punzante en Pumarín; la investigación aclaró que ya había presentado relatos similares otras dos veces, y que había vendido algunos de los objetos que decían que le habían sustraído

Todo, hasta la picaresca, tiene sus límites. Límites de conciencia, de prudencia, de amor propio y, a menudo, también de inteligencia… O de falta de ella. Porque hace falta tener mucho de ciertos atributos que es mejor no mencionar para acudir a las autoridades a denunciar un robo con violencia y que, al poco, se descubra que todo es mentira porque esa misma historia ya se contó en el pasado; y varias veces, además. Esa es la razón por la que cierta mujer de 46 años, con domicilio en Gijón, era detenida por la Policía Nacional este jueves, acusada de simulación de delito y de estafa, después de tratar de convencer a los agentes de que le habían sustraído varios objetos de valor, cosa que nunca ocurrió. Los hechos, a medio camino entre la caradura y la comedia, ya han sido puestos en conocimiento del Juzgado de Instrucción, y se espera que la acusada se siente en el banquillo a la mayor brevedad.
Según el relato aportado por el mencionado cuerpo policial, fue el pasado septiembre cuando la susodicha se personó en la comisaría de El Natahoyo, asegurando haber sido víctima de un robo con intimidación en el barrio de Pumarín. En su testimonio, la mujer afirmó que un individuo, al que describió fielmente pero que no pudo identificar, la abordó por sorpresa, le colocó objeto punzante en la espalda y le exigió que le entregase todos los objetos de valor que portaba en ese momento. La lista aportada incluía una alianza matrimonial, un teléfono de alta gama y un reloj. Por si fuese poco, la denunciante dio cuanta de varios pagos hechos por Bizum desde ese terminal telefónico que, supuestamente, le habían arrebatado. Y un dato más: la mujer dio también parte del robo al seguro del hogar que tenía contratado, que le abonó una indemnización por el hecho.
De haber sido todo un poco más coherente o, al menos, la primera vez que se narraba, quizá la picardía hubiese llegado a buen puerto. El problema fue que la Policía Nacional, como es lógico, hizo su trabajo, se puso a investigar… Y no tardó en detectar una serie de coincidencias y circunstancias que hacían recelar de la veracidad de lo contado por la presunta víctima. En otras palabras, para entonces la mujer ya había denunciado hasta en otras dos ocasiones hechos similares, usando el mismo esquema narrativo y repitiendo punto por punto detalles como el modus operandi, la descripción del autor, el elemento intimidatorio y el botín del robo. Buceando un poco más, los agentes aún hicieron una revelación extra: la alianza que, supuestamente, le había sido sustraída a la denunciante por el ‘caco’ se había vendido años atrás en una casa de compra-venta de oro de Gijón. En cuanto a los Bizum fraudulentos, estaban fechados antes del robo. En fin, apuntes suficientes para que el relato se cayera, y la mujer terminase arrestada.