«Había cumplido con mi propósito», señaló, a pesar de afirmar sentirse arrepentido, después de confesar que había deseado por años su muerte por «arruinar» su vida tanto en lo económico como en lo personal

Sucedió el 20 de septiembre de 2023. En la esquina de la calle Campo Sagrado con Peñalba, frente a su inmobiliaria, Golden Star, perdía la vida su propietario, F. J. R. T., de 55 años, tras recibir dos puñaladas a plena luz del día y con testigos oculares de un hombre, que sería detenido poco después. Le había esperado en el lugar, y tras salir la víctima de su negocio, habría cometido el crimen, que levantó gran conmoción en Ceares.
Esta mañana se inició el juicio contra esta persona nacida en 1967, bajo la fórmula de jurado popular, en la Sección Octava de la Audiencia Provincial de Asturias con sede en Gijón. En su declaración reconoció los hechos al considerarle culpable de haberle arruinado su vida, tanto en lo económico como en lo personal, e incluso de haber abusado sexualmente de su esposa. «Había cumplido con mi propósito», afirmó, pese a decir sentirse arrepentido, el procesado, que durante años dijo desear la muerte del gerente de la inmobiliaria.
El procesado señaló que dos días antes había tenido un cruce de palabras con la víctima, quien supuestamente le insultó y le hizo volver a recordar muchas cosas y a sentir «rabia». La jornada previa, de tarde, pensó que se tenía que acabar y cogió el cuchillo de la carnicería en la que trabajaba para ir a la inmobiliaria, pero estaba cerrada. Al día siguiente ya no fue a trabajar y pasó la mañana en un parque: «Estuve aguantando hasta última hora, siempre fue una pelea continua, lo hago o no lo hago».
Escondido detrás de una furgoneta
El día del crimen se escondió detrás de una furgoneta a la espera de la víctima. Ésta llegó y entró en la inmobiliaria, y fue a su salida cuando le atacó; primero, una puñada en el pecho y, luego, una segunda para rematarlo. En ese momento salió una persona del negocio que le preguntó qué había pasado, a lo que respondió que no sabía. Aunque ha indicado tener claro que iba a ser detenido, no quería que fuera en el lugar, donde había «alboroto» y se fue.
«En ningún momento me he sentido alegre», aclaró el acusado, que sí confesó haber dicho «ahí está bien» tras saber de la muerte de la víctima. «Era una persona a la que odiaba», afirmó el procesado, quien desde 2018 se acercaba a menudo por la inmobiliaria aunque no hacía «nada», sólo mirar. Sí remarcó que estaba «muy arrepentido» por la familia de la víctima, y, especialmente, al saber que era su hija la que estaba en la inmobiliaria» cuando lo mató.
Los motivos
Explicó que su mujer suscribió con la víctima un préstamo por 3.500 euros, pero que la hizo firmar, según su testimonio, por 12.900 euros. Al final acabaron pagando más de 40.000 y, aunque denunciaron la supuesta estafa, los tribunales no le dieron la razón. A ese préstamo le seguirían otros y una ejecución hipotecaria por parte de Caja Madrid en diciembre de 2014.
Así, el acusado, que se había divorciado, había perdido también su vivienda, unas circunstancias de las que culpaba al gerente de la inmobiliaria. Además, en el juicio indicó tener «la certeza» de que la víctima había mantenido relaciones sexuales con la que era entonces su mujer e incluso lo acusó de haber «abusado sexualmente» de ella y de jactarse de ello en WhatsApp, mensajes que el procesado borró y en los que supuestamente el gerente inmobiliario se refería a la mujer del acusado con insultos y vejaciones. Fue lo que le dijo en esos mensajes lo que, según él, le alteró de una manera tal que le dio «ira, rabia», y no se lo pudo quitar por muchos años, hasta convertirse en una «obsesión».
Petición de 18 años
La Fiscalía pide 18 años de prisión al acusado, además de una indemnización a las hijas de la víctima con 100.000 euros a cada una, 50.000 a cada uno de sus padres y 20.000 a su compañera sentimental. La acusación particular, por su lado, había rogado inicialmente aplicar la agravante de alevosía, pero la retiró al estar incluida esta en el propio delito de asesinato, si bien mantiene la solicitud de 20 años de cárcel. Mientras, la defensa solicita que se tengan en cuenta tres atenuantes: confesión de los hechos, reparación del daño y obcecación.