
«Empezó a jugar a la pelota en su barrio de muy neñu. Falo era menudo, rápido, de goma. Regateaba a todos los guajes que le salían al paso y solo dejaba de correr en el instante de celebrar el callejero gol, después del preciso chut»
Nació y murió Rafael Biempica Álvarez en años sombríos.
Vino al mundo el 2 de mayo de 1937, en plena guerra «incivil» y acudió al encuentro con la parca el 21 de marzo de 2020, bajo el dictado de una pandemia que impidió despedidas y homenajes públicos. El documentalista Luis Felipe Capellín sigue guardando desde los 8 años, como oro en paño, el autógrafo que le firmó Biempica. Y tuvo a bien regalar a la parroquia rojiblanca un pequeño homenaje audiovisual dedicado al fabuloso futbolista, hace ya casi cinco años. En aquella primavera «cojitranca y cagada». Fue Falo el de El Llano un jugador habilidoso de prodigiosa zurda. Cuando el cuero del borceguí conectaba con el de la pelota, esta última se convertía en un misil que buscaba besar red de manera irremediable. Coleccionó Biempica cariño y apodos por parte de la afición sportinguista: «Piquina», «El Pica», «El Cañón», «Artilleru». Y entonaba alegre la grada, a principios de los 60, aquella conocida cantinela: «En estí juega Biempica que tien fama de artilleru, Antolín a la derecha y Ortiz centro delanteru», «Alirín, Alirón el Sporting de Gijón».
Empezó a jugar a la pelota en su barrio de muy neñu. Falo era menudo, rápido, de goma. Regateaba a todos los guajes que le salían al paso y solo dejaba de correr en el instante de celebrar el callejero gol, después del preciso chut. Su primer equipo fue el Planeta de El Llano, engrosó las filas del Vulcano de Ceares, fichó por el Atlantic y en 1955 debutó con el Sporting en edad juvenil, en la primera jornada de liga frente a la Sociedad Deportiva Indautxu. Esos aficionados de sienes plateadas y mirada nostálgica recuerdan, aún hoy, a los 5 de El Llano: Montes, Pocholo, Novoa, Biempica y Alonso. Cinco intrépidos muchachos enlazados con la pelota desde chiquillos. Nada tenían que ver con esos otros 5 creados por la escritora Enid Blyton, pero al igual que aquellos mozalbetes anglosajones con sagacidad detectivesca, los 5 de El Llano regalaron tardes de felicidad a sus seguidores y llenaron las páginas de la prensa deportiva.
Esos sportinguistas curtidos como Luis Felipe Capellín o Manuel Antonio Goti del Sol no pueden olvidar los buenos momentos de infancia vividos en El Molinón. Con ese Sporting «Matagigantes» que «laminó» al Madrid por 3-0, con un gol de Biempica y dos de Sánchez, el mismo equipo que venció 2-1 al Barça. No pueden olvidar los goles de Falo «el Artilleru» y las ovaciones cerradas a un «Piquina» que se las sabía todas. No se escapa de la memoria, a la grada veterana, aromas y sabores al descanso del partido. Los guajes salían en estampida a por la gaseosa «Panera» y los adultos pedían en la barra un sol y sombra mientras comentaban los primeros 45 minutos entre el humo de los puros…
Quiso el Sporting vender a Biempica, acuciado por las deudas (histórico estigma de este club), y «El Pica» rechazó la oferta del Atlético de Madrid, quería quedarse en Gijón, pero la junta directiva presionó al jugador para que aceptase la segunda oferta llegada al club. La del Oviedo. Ofrecían los carbayones 800.000 ptas y un partido amistoso en El Molinón. No triunfó «Piquina» con la casaca azul en sus dos temporadas en Buenavista, 64-65 y 65-66. Terminada su etapa oviedista sufrió un engaño con disfraz de estafa que también afectó a Puskas. Un supuesto agente mexicano les prometió sendos y suculentos contratos con el Toronto, dejando tirados al asturiano y al húngaro en el aeropuerto, sin pisar Canadá, ni ver dólar alguno. En 1966 Falo puso rumbo a Palma de Mallorca y allí firmó por el Atlético Baleares, regresando un año después a su querida Asturias para colgar las botas en el Praviano. Pasados los 30 siguió marcando goles antológicos «el Artilleru» «y la música en Pravia». Incluso en «la corte del rey Silo» causó admiración: «Qué bien juega Biempica, «El Pica», «Piquina».