La región marca el peor dato de España en la EPA, pero la ciudad logra una tasa de paro histórica del 8,9%

Asturias volvió a situarse a la cola del mercado laboral español al cierre de 2025. Los datos de la Encuesta de Población Activa (EPA) del cuarto trimestre, publicados este lunes por el Instituto Nacional de Estadística (INE), confirman que el Principado registra la tasa de actividad más baja del país, con un 50,4%, casi nueve puntos por debajo de la media nacional, que se sitúa en el 58,9%.
La tasa de actividad mide el porcentaje de personas en edad de trabajar que están ocupadas o buscando empleo. En otras palabras, refleja cuánta población participa realmente en el mercado laboral. Y en ese indicador, Asturias presenta una brecha cada vez más acusada respecto a las comunidades más dinámicas.
Mientras Islas Baleares lidera el ranking nacional con una tasa del 65,2%, impulsada por la intensidad turística, y la Comunidad de Madrid alcanza el 63,4% gracias a su capacidad de atracción de población joven y cualificada, el norte y el interior peninsular vuelven a concentrar los valores más bajos. Galicia (53,2%), Castilla y León (52,8%) y Cantabria (54,1%) acompañan a Asturias en la parte baja de la tabla, reflejando una tendencia estructural que va más allá de los ciclos económicos.
Los expertos coinciden en que el principal factor que explica la posición de Asturias es el envejecimiento de su población. El Principado cuenta con la pirámide demográfica más invertida de España: 265 personas mayores de 64 años por cada 100 menores de 16, una proporción que reduce de forma constante el número de personas en edad activa.
Cada año, miles de asturianos salen del mercado laboral por jubilación sin que exista un relevo generacional suficiente. A ello se suma un volumen elevado de población inactiva vinculada a pensiones e incapacidades laborales, muchas de ellas heredadas de la antigua minería y de la industria pesada que marcó durante décadas la estructura económica regional.
Este contexto da lugar a lo que algunos analistas denominan la “paradoja asturiana”: Asturias puede presentar tasas de paro relativamente contenidas, pero al mismo tiempo mostrar una economía débil en términos de producción y crecimiento, porque hay menos personas trabajando o buscando empleo.
En comunidades como Madrid o Baleares, casi dos de cada tres adultos participan activamente en el mercado laboral. En Asturias, en cambio, apenas lo hace una de cada dos personas, lo que limita la capacidad de generar riqueza, atraer inversión y sostener los servicios públicos a medio y largo plazo.
La excepción gijonesa
En este contexto general, Gijón emerge como una excepción dentro del Principado. El concejal Rodrigo Pintueles (PP), destacó este lunes, durante el debate sobre el estado del municipio, que la ciudad cerró 2025 con una tasa de paro del 8,9%, la más baja de su historia.
Comentando los resultados obtenidos por la Agencia Local de Promoción Económica y Empleo de Gijón, el edil explicó que el descenso del desempleo en Gijón fue superior a la media nacional y se situó casi tres puntos por debajo de la cifra asturiana, unos datos que, a su juicio, evidencian que la gestión municipal “sí marca la diferencia” en la evolución del empleo, incluso en un contexto regional condicionado por el envejecimiento y la baja actividad.
Los datos de la EPA del cierre de 2025 evidencian, además, una brecha territorial cada vez más clara entre las regiones con fuerte atracción demográfica y aquellas afectadas por el envejecimiento y la pérdida de población joven. Cataluña (60,9%), Canarias (61,8%) o Murcia (59,5%) se mantienen por encima de la media nacional, mientras que el norte peninsular sigue perdiendo peso relativo en el conjunto del mercado laboral español.
Con este escenario, Asturias afronta el inicio de 2026 con un reto estructural que va más allá del empleo coyuntural: ensanchar su base de población activa y frenar el declive demográfico, una condición imprescindible para garantizar la viabilidad económica y social del Principado en las próximas décadas.