El presidente vaticina que «el orden mundial nacido con el final de la Segunda Guerra Mundial llega a su fin», y llama a apostar por «la federación de Europa, un sistema defensivo propio y un ejército común» para contrarrestar el giro de Estados Unidos

Ocho décadas consecutivas de equilibrios internacionales, a veces precarios pero, de un modo u otro, más o menos constantes, saltaron por los aires el pasado sábado, al tiempo que los primeros misiles lanzados por la Fuerzas Armadas de Estados Unidos alcanzaban sus objetivos en Caracas. Desde entonces, con el presidente venezolano Nicolás Maduro capturado y procesado; el país caribeño, administrado por el gigante norteamericano, y el resto del mundo, cada vez más preocupado por las intenciones futuras de Donald Trump, un número creciente de voces se alza a diario alertando del fin de aquel sistema heredero de la Segunda Guerra Mundial, y de la necesidad de que el Europa fortalezca su posición global. Un discurso al que este jueves, a través de las redes sociales, se ha sumado Adrián Barbón. Con la amenaza de una operación ‘trumpista’ contra Groenlandia bien presente, el presidente del Principado se ha pronunciado para invitar al ‘Viejo Mundo’ a que despierte, se libre de su tradicional dependencia militar de Estados Unidos y apueste por un continente más unido, mejor alineado y dispuesto a encarar a una los duros desafíos que, auguran todos los expertos, se avecinan.
«Europa deberá reaccionar, y hacerlo antes de que sea demasiado tarde«, ha advertido Barbón en su cuenta personal de X. Ahora bien… ¿Cómo realizar tal cosa? El dirigente autonómico lo tiene claro. En su opinión, «necesitamos avanzar en la federación de Europa, un sistema defensivo propio y un ejército común«. En otras palabras, dando pasos reales y enérgicos hacia aquella idea de los ‘Estados Unidos de Europa’ que, ya a mediados del siglo XIX, preconizó el literato francés Victor Hugo. Y es que Barbón forma parte aquellos convencidos de que, desde el regreso de Trump a la Casa Blanca, el rol de su nación como guardián de Europa, mantenido durante los últimos ochenta años, ha acabado. «El orden mundial nacido con el final de la Segunda Guerra Mundial llega a su fin«, afirma el presidente asturiano, consciente de que «ya no podemos confiar en que tenemos a ‘alguien’ que nos defienda, porque no es así. Tenemos que pensar en nosotros y en nuestra seguridad. Y defender nuestro espacio de libertad y de paz«.
Una paz y una libertad que, concluye Barbón, deben ir de la mano del alzamiento del ‘Viejo Continente’ como «faro de democracia en un mundo en el que la democracia está en claro retroceso«. Será, concluye la única forma eficaz de trazar una línea defensiva ante una dinámica marcada por una certeza: que «el respeto al derecho internacional se quiere sustituir por la ley del más fuerte y el supuesto ‘derecho’ a áreas de influencia«. Como Groenlandia para el titán norteamericano, sin ir más lejos…