
«Los aparcamientos disuasorios fueron concebidos para reducir la congestión y la falta de aparcamiento en el interior de la ciudad. Pensados mayoritariamente para quien visita la ciudad o viene de las afueras…»
En estos últimos años, y al calor de las muchas discusiones sobre la movilidad y el necesario planteamiento y planificación de la misma en la ciudad de Gijón, hay un concepto respecto a un tipo de aparcamiento que se ha barajado, proyectado y también pisoteado hasta la saciedad: Sí, hablamos de los famosos “Aparcamientos disuasorios”.
Los aparcamientos disuasorios fueron concebidos para reducir la congestión y la falta de aparcamiento en el interior de la ciudad. Pensados mayoritariamente para quien visita la ciudad o viene de las afueras, la idea es simple: usted deja el coche en esos lugares cuando se dirige a la zona urbana y, desde ahí, continúa a pie, en bicicleta o en transporte público. Suena bien en principio, porque más o menos todo el mundo conoce los inconvenientes de adentrarse en las zonas más concurridas, con la falta de aparcamiento, la abundancia de zonas peatonales, etc. Así, habría una oportunidad de no pensar mucho, aparcar y continuar de una manera más tranquila hacia el destino. El problema llega cuando estos lugares se plantean como explanadas asfaltadas sin ningún otro plan que pintar rayas en el suelo y rezar al cielo para que alguien entienda el incentivo de dejar el coche ahí y se disuada finalmente de continuar más allá con el coche. Se lo adelanto, aunque ya lo intuyen: No funciona.
O sí, pero en momentos muy puntuales y vinculados a la imposibilidad de encontrar sitio, incluso pagando, en días o eventos concretos donde la afluencia es masiva. Les pongo el ejemplo que seguramente quien visita Gijón conoce: la explanada de la facultad de Marina y los alrededores de la Av. Justo del Castillo en días de Feria de Muestras o partido muy importante del Sporting. O ambos a la vez.

En el resto de momentos del año, todo aquel aparcamiento que se concibe como una explanada sin más, gratuita y sin restricciones de acceso de ningún tipo, genera la misma situación: se convierte en un cementerio de coches, máxime si esa explanada está relativamente cerca de las viviendas. De nuevo podríamos poner otro ejemplo, esta vez en la Avenida de Portugal. En este mismo lugar, ahora el gobierno del Principado de Asturias está construyendo un aparcamiento con más capacidad y posibilidades sobre lo que antes era una explanada asfaltada en la que aparcaba la vecindad. El uso de aquel espacio era por todo el mundo conocido: si bien a los vecinos cercanos les servía para aparcar, también había quien aprovechaba para dejar su autocaravana en los meses de invierno. o quien no sabía qué hacer con su coche que no había pasado la ITV y lo dejaba morir, esperando algún momento para deshacerse de él.
Por supuesto, este uso no es exclusivo de estas zonas. Ocurre en todas aquellas donde es fácil aparcar y son gratuitas, pero en estos espacios se puede comprobar fácilmente. La esperanza que tenemos aquí es que al menos, sí que estará cerca de la futura estación intermodal y cumplirá así, con algunas de las condiciones necesarias para considerarse “Disuasorio”.
Condiciones necesarias para un aparcamiento disuasorio
Lo primero de todo es que un aparcamiento disuasorio debe estar estratégicamente ubicado cerca de nodos de transporte público de alta frecuencia y capacidad, facilitando una transición fluida del coche al transporte colectivo. Es decir, un aparcamiento disuasorio no es una finca cualquiera en la que se afianza la costumbre de dejar el coche; tiene que estar vinculado necesariamente a la red de transporte público. Es ideal que tengamos cerca la bici pública, una conexión coherente con la red ciclista y peatonal, y también aparcamientos protegidos para VMP y bicicletas, de tal manera que podamos intercambiar entre modos de movilidad con rapidez y sea una alternativa real.
También tiene que ser cómodo y seguro, adaptado a todo tipo de movilidad, incluida la eléctrica. En este sentido, el Real Decreto 29/2021 establece que en aparcamientos públicos de más de 20 plazas debe haber al menos un punto de recarga por cada 40 plazas. Además, en aparcamientos nuevos o reformados con más de 200 plazas, el 10% deben ser electrificadas. Si un aparcamiento disuasorio ni siquiera cuenta con infraestructura para vehículos eléctricos, ni medidas de seguridad mínimas como buena iluminación y visibilidad, difícilmente puede considerarse como tal. Una infraestructura verde también ayudará a reducir su impacto y a humanizar el espacio.
Y después de estos puntos, queda el tercero y fundamental: tienen que ser parte de una estrategia de movilidad más profunda, que se replantee la movilidad en el interior de la ciudad. ¿Qué sentido o incentivo tiene aparcar a las afueras cuando tendrás cientos de plazas gratuitas o la posibilidad de circular sin restricciones por el centro de la ciudad?
Uno de los principios básicos de la planificación del aparcamiento es que generalmente se busca aparcar lo más cerca posible del destino. Piénselo bien, es algo casi intuitivo que podemos comprobar cuando vamos en coche. Si toda la operación, la de cambiar de medio y continuar de otro modo hacia nuestro destino, supone un inconveniente más que una ventaja, el invento deja necesariamente de funcionar.¿Cuáles son las medidas necesarias? Ya las conocen, porque no gustan a todo el mundo, pero poco a poco se están implementando en la mayoría de las ciudades en favor de su humanización y la salud de sus habitantes: restricción del aparcamiento, eliminación en ciertas zonas, Zonas de Bajas Emisiones, peatonalizaciones, fomento del transporte público, corredores verdes, etc. Es decir, una estrategia integral que requiere un esfuerzo mucho mayor que el de asfaltar un prado de gravilla y asegurar que eso ya es un aparcamiento disuasorio. No exagero, que les pregunten a los vecinos de Nuevo Roces respecto a los planes de asfaltar una finca colindante al campo de fútbol situado en un extremo del barrio.
Más aparcamientos, menos zonas verdes y equipamientos

La situación actual en Gijón es que se plantean estos “disuasorios fake” a costa de otros equipamientos y zonas verdes. En el caso de la finca colindante al Museo del Ferrocarril, mantenida actualmente como zona verde, la situación es especialmente sangrante, ya que se quiere recuperar aparcamiento en una zona en la que ya hay cientos de plazas libres, otras muchas de pago y dos parkings subterráneos situados a escasos metros. Se pretende resolver así la incomodidad de aparcar en verano, a costa de generar más tráfico y eliminar zonas verdes, en un momento en el que más falta nos hacen.
En el caso de la zona de la Pecuaria, vinculada a las universidades, el Hospital y la LABoral, el asunto es aún más grave. En la zona hay cientos de plazas disponibles, habitualmente no utilizadas, pero los “abarrotamientos” se producen en las cercanías de los núcleos de atracción, no se distribuyen a lo largo de estas plazas existentes. Por lo tanto, no tiene sentido generar más aparcamiento (y menos a costa de terrenos para equipamientos municipales o actuales zonas verdes), sino regular y estudiar cuáles son los usos y necesidades principales de la zona. Es decir, no matar moscas a cañonazos.
Un aparcamiento disuasorio no es cualquier cosa. Su planificación requiere esfuerzo y coordinación con otras áreas de la ciudad. En Gijón tenemos un Plan de Movilidad vigente, aprobado por una amplia mayoría del pleno, que ya contemplaba muchas de estas medidas e implementaciones, que en cierta medida ya se han quedado antiguas.
Animo como siempre a quien esté al mando no solo a seguirlo, sino a mejorarlo.
Bravo