
No tiremos por la borda tanto trabajo; honremos la memoria de las miles de personas que no podrán disfrutar de lo conseguido
No hicieron falta más que unos minutos para confirmar que cuando una palabra como libertad se usa de una manera populista, se manosea por intereses políticos o se retuerce en favor de supuestos beneficios sociales acaba siendo un arma muy peligrosa en manos de quienes piensan que el virus se fue de España a las cero horas del pasado domingo.
Las imágenes de los macrobotellones en Madrid o Barcelona se repitieron a menor escala en otras ciudades como el caso de Gijón donde en la primera noche sin estado de alarma, 30 jóvenes fueron propuestos para sanción por incumplir las normas sobre distancia de seguridad y uso obligatorio de mascarilla. La Policía también intervino en tres fiestas en domicilios.
El Gobierno de Canarias ya ha recurrido al Tribunal Supremo para dictamine sobre el toque de queda, que tras el final del estado de alarma queda al criterio de cada gobierno autonómico. El de Asturias ha decidido suspenderlo después del que podemos considerar el peor año de nuestras vidas. Un año en el que en Asturias fallecieron casi dos mil personas de las más de 50.000 contagiadas por COVID (13.000 de ellas en el área sanitaria de Gijón). Un año en el que miles de personas han perdido su trabajo, cientos de negocios han cerrado sus puertas para siempre y muchas familias han pasado a engrosar las colas del hambre.
¿No son suficientes estos argumentos para acallar las voces de los que el sábado gritaban hoy me voy a emborrachar y el resto no me importa como si de una fiesta de Nochevieja se tratara?
Libertad no es hacer lo que queremos sino disfrutar de lo que podemos hacer sin vulnerar los derechos de los demás y mucho menos si nuestras acciones ponen en peligro, en este caso, la salud propia y la de los demás. El coronavirus sigue con nosotros y durante mucho tiempo seguiremos arrastrando los efectos de una pandemia que solo podremos superar si mantenemos la misma responsabilidad que hace unos días permite que Gijón no llegue a los cien casos por cada cien mil habitantes y registre una incidencia a catorce días similar a la del pasado verano.
La libertad también debe ser el argumento para que cuando nos llamen para ser vacunados digamos con claridad si queremos o no ser inmunizados, pero libertad no es fallar a la cita y obligar a tirar unas vacunas con las que podremos generar el mayor escudo social frente a la pandemia. De hecho, en el área sanitaria de Gijón casi el 40% de la población ha recibido al menos una dosis y cerca de 60.000 personas ya están inmunizadas frente al coronavirus. Sólo aquí, Salud habrá inyectado esta semana unas 4.400 diarias.
Ya no estamos en estado de alarma; ya no hay cierres perimetrales; tampoco toque de queda; los comercios han aumentado sus aforos hasta el 70 por ciento; los bares, restaurantes o cafeterías pueden sentar a sus mesas hasta seis personas y hasta la una de la madrugada; podemos movernos libremente por todo el país… Hace un año, el 11 de mayo, Asturias entraba en la fase 1 de la desescalada. ¿Se acuerdan?: reuniones de hasta 10 personas en casa o en la calle, apertura de terrazas con un aforo del 50% y la actividad de los comercios sin necesidad de cita previa con una capacidad máxima del 30%.
La libertad ganada en este tiempo es fruto de la responsabilidad, del esfuerzo y del trabajo sanitario. No tiremos por la borda tanto trabajo; honremos la memoria de las miles de personas que no podrán disfrutar de lo conseguido. No estamos en estado de alarma pero debemos seguir en estado de alerta. Esa es la libertad en la que tenemos envolvernos.