El escritor de ‘El Código Da Vinci’ evocó su adolescencia en Asturias, su amor por España y hasta su paso por una banda de rock en una gala cargada de humor y emoción
El escritor estadounidense Dan Brown fue uno de los grandes protagonistas de la gala de los premios Esquire España, donde recogió esta semana el galardón de Icono Global con un discurso tan elegante como divertido, pronunciado íntegramente en un impecable español. Más allá del reconocimiento internacional a su trayectoria literaria, el autor de El código Da Vinci sorprendió al público al evocar con especial cariño sus años de juventud en España y, de manera muy concreta, su paso por Gijón como estudiante de intercambio.
Brown arrancó su intervención con una anécdota humorística: “Un compañero premiado me acaba de decir: ‘Daniel, no he leído tu libro, ¿cuál es el último secreto?’”. Su respuesta, cargada de ironía, provocó las primeras risas de la noche: “El mayor secreto es cómo, en un país de tanto talento, la revista Esquire quiere dar un premio a un tipo poco moderno, viejo, calvo y además de los Estados Unidos”. Tras la broma, el escritor se mostró “profundamente agradecido” por el honor y por compartir la velada con “líderes en sus respectivos campos, grandes chefs, músicos, artistas y deportistas”.
En su discurso, Brown reflexionó sobre la creatividad y el autoconocimiento como pilares para alcanzar la excelencia profesional, subrayando el papel fundamental de la lectura en ese proceso. En este sentido, quiso destacar la trayectoria de Esquire, una publicación que “desde hace casi un siglo ha celebrado la lectura y a los escritores”, convirtiéndose —dijo— en un referente duradero en literatura, cultura e ideas.
El momento más cercano para el público asturiano llegó cuando el novelista situó en España, y concretamente en Gijón, el origen de su vocación literaria. “Mi propio camino como escritor empezó a los 15 años aquí mismo en España, escribiendo un diario como estudiante de intercambio en Gijón. Asturias, patria querida”, afirmó. Recordó cómo en aquella etapa se enamoró “de la comida, del paisaje, de la cultura, de la gente y de la música”, e incluso confesó su breve y poco exitosa incursión musical: “Canté en una banda de rock llamada Piropo. Tocábamos fatal. Ricky Martin no tenía nada que preocuparse”.
Brown explicó que regresó a España durante varios veranos y que más tarde pasó un año completo en la Universidad de Sevilla estudiando Historia del Arte, una experiencia que, bromeó, explica su “extraño acento, un poco de asturiano, de andaluz y de Boston”. Un vínculo personal y cultural que, décadas después, sigue muy presente en la vida y la obra de uno de los escritores más leídos del mundo.