
POR LUIS MANUEL MADIEDO HONTAÑÓN, CATEDRÁTICO DE INSTITUTO Y ABOGADO
«Hay una frase hecha que dice ‘donde las dan, las toman’, y no está nuestro país, después de tanto esfuerzo, para volver a las andadas»

La polémica por el monumento, retablo en piedra, a los ‘Héroes del Simancas’, situado en el colegio de los Padres Jesúitas de Gijón, está comenzando a convertirse en un problema para la ciudad, que puede devenir en grave.
Las posiciones de unos y otros se van enconando, muy mimetizadas por el ambiente general de la política española, cada vez mas polarizado.
En primer lugar, decir que, sin ser una obra de arte inigualable, contiene el suficiente merito artístico como para ser conservada, al margen de prejuicios ideológicos.
También es un recuerdo de una guerra civil -es decir, entre compatriotas- que nunca debería repetirse.
Por lo demás, en el debate político actual, el Ayuntamiento de Gijón de Foro-PP defiende su conservación, mientras que el Gobierno autonómico PSOE-IU apuesta por su demolición, basándose en una Ley de Memoria Democrática que, realmente, debe de ser interpretada a la luz del concepto de democracia con mayúsculas.
En Gijón vuelve a aparecer la polémica, como reflejo de la defensa a nivel nacional de una revisión de la reciente historia de España, impulsada inicialmente por el expresidente (José Luis) Rodríguez Zapatero, que arrancó un proceso de ruptura con el llamado ‘Espíritu de la Transición’, que no era otra cosa que buscar el encaje de España como una democracia madura en el concierto internacional, enterrando el pasado.
Pues el ‘Espíritu de la Transición’, al parecer, ya no sirve; el espíritu de revancha vuelve, con ánimo de imponerse; el cainismo, muy arraigado en el ADN español, regresa, y la Guerra Civil del 36 la ganaron los que la perdieron, ochenta años después.
Todo ello, en base a argumentos peregrinos. Básicamente, porque la Republica Española dejo de ser una democracia homologable a partir de la dudosa victoria del Frente Popular y su entrega, en aquel ciclo internacional, a la Unión Soviética.
Entonces, lo defensores del cuartel de Simancas resulta que eran fascistas, y los que lo asaltaban, demócratas de tomo y lomo.
Los que asaltaban el cuartel de Simancas defendían un proyecto tan totalitario o más que el proyecto de los defensores del cuartel. La democracia hacía tiempo que había sido enterrada por los unos y los otros.
La República del 31, burguesa y liberal, ya no existía. Desde el asesinato de Calvo-Sotelo y la permanente quema de Iglesias y conventos, unido a un desorden generalizado, la legitimidad de una Segunda Republica Española en manos de los radicales, y en la vía del Estado fallido, estaba herida de muerte.
Pretender que unos eran los golpistas sanguinarios y otros, los defensores angelicales de un orden constitucional mantenedor de los derechos fundamentales de todos y todas, para quien analice la reciente historia de España con un mínimo de objetividad, no cuela.
Entonces, ¿para qué seguir removiendo un pasado que debería estar sellado?
¿Qué intereses mantienen este discurso? ¿Quién lo financia?
Un discurso, además, con consecuencias muy negativas, que pueden convertirse en demoledoras para la sociedad española.
Recientemente se pide que se retire un busto de Manuel Fraga Iribarne en los pasillos del Senado, mientras en Gijón tenemos una calle llamada Santiago Carrillo Solares, y nadie mira para ella.
Carlos Marx da nombre a una avenida importante en la ciudad, se retira el nombre de Calvo Sotelo para rebautizarla como Manuel Llaneza.
¿No sería mejor hacer como los norteamericanos, y poner números a las calles y avenidas? ¿No sería mejor dejar de revolver el pasado, por intereses muchas veces insuficientemente explicados, y mirar al futuro?
Hay una frase hecha que dice «donde las dan, las toman», y no está nuestro país, después de tanto esfuerzo, para volver a las andadas.
Luis Manuel, tengo una pregunta para usted, ¿si tan genuinamente demócrata es usted, cómo es que su postura con respecto al futuro del monumento coincide la Núcleo Nacional?
Segun este eminenete profesor, en 1936 no se produjo un golpe de estado, a conti uacion una cruenta guerra promovida por los fascistas, y tampoco hubo una terrible dictadura de 40 años,
En fin, pobres alumnos los que soprtaron a este individuo….
el auténtico «espíritu de la transición» fue el miedo. miedo que, por suerte, las nuevas generaciones ya perdieron, y por eso quieren exhumar a sus abuelos fusilados