El aviso de emergencias sorprendió a vecinos, comerciantes y gente en la cama con un sonido que nadie esperaba

La mañana de este domingo comenzó de forma abrupta para buena parte de la ciudadanía gijonesa. A primera hora, los teléfonos móviles de numerosos vecinos emitieron de forma simultánea el sonido de la alerta roja del sistema de emergencias, un aviso que sacó a muchos de la cama y provocó una mezcla inmediata de sobresalto, desconcierto y preocupación. Para algunos fue, literalmente, un “microinfarto” en pleno despertar dominical.
Las reacciones no se hicieron esperar. En viviendas, comercios y espacios públicos, el sonido de los móviles generó escenas de sorpresa colectiva: personas buscando el teléfono a tientas, familias preguntándose qué estaba ocurriendo y mensajes cruzados para confirmar si el aviso había llegado a todo el mundo. En algunos casos, incluso quienes se encontraban desayunando fuera de casa relataron cómo varios dispositivos comenzaron a sonar a la vez, provocando un momento de auténtico susto generalizado.
La alerta tuvo además una particularidad que llamó la atención de muchos usuarios. Según el historial de algunos dispositivos, durante la mañana se recibieron dos notificaciones oficiales de Protección Civil, ambas fechadas este domingo. La primera llegó a las 10:29 horas, con un mensaje en español que advertía de un aviso rojo por fenómeno costero, acompañado del característico sonido de máxima emergencia. Apenas veinte minutos después, a las 10:49 horas, varios móviles registraron una segunda alerta, esta vez redactada en inglés, identificada como “RED alert for coastal…”, previsiblemente destinada a garantizar que el aviso alcanzase también a residentes extranjeros y visitantes. Esta duplicidad de mensajes forma parte del funcionamiento normal del sistema y busca asegurar que la información crítica llegue al mayor número posible de personas.
Junto al impacto inicial, la alerta también generó dudas prácticas. Hubo quien se preguntó si el aviso tendría consecuencias directas sobre vuelos programados para ese mismo día o si la fuerte corriente de viento que ya se notaba en la calle podría afectar a la movilidad. Otros destacaron que el aviso les pilló completamente desprevenidos, despertándolos de golpe y obligándolos a levantarse “a toda prisa” para comprobar el contenido del mensaje.
No todos los vecinos recibieron la notificación. Algunas personas señalaron que, pese a vivir a escasos metros de la playa, no les llegó ningún aviso, mientras que otros recordaron que la recepción depende de tener activadas las alertas en la configuración del teléfono móvil, una circunstancia que volvió a abrir el debate sobre la importancia de revisar los ajustes del dispositivo (consulta las instrucciones).
Más allá del susto, el tono generalizado fue de comprensión y agradecimiento. Numerosos mensajes coincidieron en que, aunque la alarma pueda impresionar, es preferible recibir un aviso a tiempo que lamentar consecuencias mayores. La experiencia reciente de fenómenos meteorológicos extremos en otros puntos del país estuvo muy presente en la reflexión colectiva, reforzando la idea de que ante una alerta, más vale prevenir que lamentar.