Vecino de Cangas del Narcea de 13 años con albinismo ocular, nistagmus congénito y Asperger, disfruta de este deporte y acumula victorias a nivel autonómico y estatal; «con un poco de ayuda, estos niños pueden hacer cosas», transmite su madre, Lucía López Antomil

Él sale al tatami con un antifaz que garantiza que no puede ver nada, ya que compite en la categoría K-11, la visual. De ahí ese sobrenombre de «guerrero del antifaz» que nace de su casa, de su familia, residente en Cangas del Narcea. Y es que Diego, como se llama, apellidado Rodríguez López, cuenta con problemas de visión por un albinismo ocular, además de sufrir nistagmus congénito y Asperger, lo que no le impide disfrutar de un deporte que conoció hace cinco años y que ahora es su pasión: el kárate.
«Él tiene albinismo en la visión y un poco en la piel. Una persona que use gafas, cuando le van a echar las gotas para dilatar, no puede abrir los ojinos luego por culpa de la luz; le molesta todo. Así es como ve Diego las 24 horas. Tiene resto de visión en espacios cerrados, con poca luz y con las gafas que lleva, que son filtros para la luz que se van oscureciendo según la luz que entra. Ve tres metros en espacios cerrados y en abiertos, no llega al metro», explica su madre, Lucía López Antomil. De ahí la necesidad del antifaz para competir en parakárate, disciplina de la que es 3 veces campeón de Asturias, 3 veces campeón de los Juegos Escolares, 4 veces campeón de la Liga Nacional y Grand Winner. Una trayectoria que le ha llevado a ser convocado por la selección española en varias ocasiones, la última en la I Copa de España Internacional de Parakárate celebrado en septiembre en Logroño, donde compitió en kata dúo con su compañero Inada y en kata individual, prueba en la que se proclamó campeón.
Muy disciplinado en cuanto a entrenamientos, con 3 días de ejercicios a la semana, Diego confiesa que «me gusta todo del kárate». «En un futuro querría competir a nivel mundial», apunta el joven, que también practicó atletismo, natación y fútbol, y que llegó a esta modalidad «por una campaña de sensibilización del albinismo en la que había que hacer algún deporte. Pregunté a clubes de aquí y acabé decidiéndome por probar el kárate». Ahora centra todo su esfuerzo en prepararse para el Campeonato de España que se celebrará en mayo en Oviedo, para lo que cuenta con la ayuda de su maestro Francisco Martins.

Antes tuvo a Domingo Corrales, su entrenador de atletismo, como una figura clave en su desarrollo deportivo, que inició a los 6 años. «Siempre le animó a hacer atletismo como los demás. Tiró un montón de él, buscaba información y se adaptaba a todo sin ser un profesional en discapacidad y con los pocos recursos que había», destaca su madre. «Pero él necesitaba un guía y él lo rechazaba, así que empezó con el kárate en 2021 pese a que no quería dejarlo», añade. Fue en ese momento, ya con 8 años, cuando, después de hablar con Miguel Ángel Pérez, de Onda Cero, y a partir de la campaña de la Asociación para la Ayuda a Personas con Albinismo (ALBA), cuando se solicitó ayuda a los responsables de todos los deportes que se practican en Cangas.
Con Martins, del Gimnasio Coliseum, Diego inició su nueva etapa deportiva como karateca «otra persona que tampoco tenía ni idea en adaptado. Ahora son uña y carne, se compaginan muy bien». Y con esta relación, llegaron también los éxitos, aunque López Antomil tiene claro que «las medallas no nos importan. Cuando compite y sale sonriendo, para mí ya ganó». Porque además, esta práctica, le hace muy bien: «Noto que saca toda la frustración del día, porque, aunque él es visual, tiene Asperger. Entonces, le ayuda a sacar toda la frustración, a desahogar. Le vale para la autonomía, para sociabilizar, y para en su día a día saber resolver las cosas; él solo, claro, porque en el tatami tiene que estar él».
Por eso quiere mandar a todos los padres el mensaje de «que solamente es querer». Diego cuenta con el apoyo de toda su familia, especialmente de María, su hermana mayor, y además es muy autoexigente, «tanto en el deporte como en los estudios», y el hecho de vivir en una zona rural, con menos recursos, no implica que no se pueda. «Estamos lejos de Madrid, donde hay muchísimas ayudas y hay muchísimos gimnasios, pero en Asturias y en Cangas del Narcea también podemos hacer deporte», declara. Su «guerrero del antifaz» es el mejor ejemplo.
