
«A la espera de ver si alguno de los frentes abiertos en la ciudad comienza a avanzar…»

Vayan por delante los mejores deseos, desde este pequeño rinconcito de la actualidad, a todos vosotros para el 2026. Espero que el año venga con mucha salud y con las mejores sorpresas. De igual manera… ¿Por qué no? Espero lo mismo para Asturias y para Gijón.
Dos gobiernos de signo distinto que tienen entre sus responsabilidades procurar que nuestro día a día sea el mejor posible. En el caso de Asturias, cerrando sobre la campana el presupuesto para 2026 con una especie de vodevil, que, si bien no admitía más resolución que la que tuvo: aprobar unos presupuestos generales en base a la mayoría progresista existente en la Cámara, no dejó de generar ciertos nerviosismos y, sobre todo, muchos aspavientos. Fuera de eso, para este 2026 en Asturias, al igual que en Gijón, contamos con presupuestos. Veremos si a lo largo del año su ejecución nos hace celebrar, a algunos, la mayoría progresista del Parlamento astur. O, por el contrario, nuestras esperanzas caen en saco roto, y eso acaba desembocando en unas elecciones, las del próximo 2027, para las que la extrema derecha hace ya tiempo que enseñó la patita de su deseo de vuelta al medievo.
Pero antes, mucho antes de llegar a eso, tenemos Gijón, con unos presupuestos aprobados -estos, sin tanto suspense como los regionales- y a la espera de ver si alguno de los frentes abiertos en la ciudad comienza a avanzar. Es cierto que ya tenemos paseo en ‘Naval Azul’, pero no es menos cierto que el paseo de poco sirve si la zona no se ordena adecuadamente y se procede a integrar esa antigua zona industrial con el resto de la malla urbana. Y, para eso, creo que el 2026 es clave; no tanto para la ejecución, sino más bien para lo administrativo: sacar adelante los necesarios trámites que nos dejen ver qué es lo que se quiere para ‘Naval’, y cómo se pretende ejecutar. Que, de momento, nada en concreto se sabe.
De igual manera, se abre un gran año para la mayor obra que tenemos en liza en la ciudad: Tabacalera. Debe ser un año de inversión y de ejecución. Tabacalera -al contrario que ‘Naval Azul’- ya ha dejado atrás la fase de administración y tramitación, y debe avanzar en saber en qué narices se va a convertir, y si lo vamos a ver antes de que cambiemos de década. Porque este año que entra debería ser el año de los edificios en Gijón. Es el año en el que definir qué va a ser del edificio del Museo Nicanor Piñole y de las obras que alberga. Es el año del inicio de los trabajos del renovado Hogar de Ceares -si bien con un proyecto que deja bastante que desear respecto al proyecto original-. El año de clarificar si el antiguo y maravilloso parque de bomberos, y hasta hace nada edificio de la Policía Local, obra de José Avelino Díaz Fernández-Omaña, pasará a tener un nuevo uso antes de caer en el abandono. Y si ese nuevo uso no se lleva por delante el diseño de un edificio tan singular, amén que catalogado y protegido.
También es un año de espacios. Espacios que, parece, van a afrontar unas necesarias actualizaciones, como la plaza de la República, en El Coto, y está por ver si también el entorno de la plaza del Centro Comercial ‘Los Fresnos’. Dos diseños de los años noventa que deben actualizarse bajo un prisma ‘verde’ y humano. Y, ya por último, el que debería ser unos de los espacios estrellas para el 2026: la playa verde del ‘Rinconín’, donde también esperamos que el proyecto ejecutado acabe siendo más bien ‘verde’, y no también gris asfalto.
Me temo que, ya para otros años, dejaremos la construcción de una estación de tren, o una estación de autobuses en la ciudad, un nuevo uso para los juzgados de Prendes Pando, una rehabilitación de la Casa Sindical o una necesaria intervención en el estadio municipal de El Molinón -no olvidemos que se anunció que se meterían unos cuantos millones en el teatro futbolístico de la ciudad-. Año ‘fácil’ desde la política, puesto que esto de ejecutar obras es lo más fácil de hacer. Otro asunto es solventar el problema del acceso a la vivienda, la creciente ‘turistificación’ de la ciudad, las necesidades públicas en su amplio sentido y el día a día de una ciudad que entra en un momento clave. O no.