El Gobierno local cerró el paso a vehículos, incluidos los de emergencias, pero no impidió que durante los diez días del certamen cientos de miles de personas llenasen la calle, en riesgo de colapso por el deterioro de las canalizaciones inferiores
Los técnicos la apuntalaron en diciembre, en víspera de la apertura del paseo de ‘Naval Azul’, clausurándola al tráfico y perimetrando los puntos más críticos; los informes de la EMA sugieren obras mayores, que podrían superar los 800.000 euros

El 13 de julio de 2025, en pleno ecuador del verano y tras diez jornadas de intensa actividad cultural y lúdica, la Semana Negra daba por finalizada su 38ª edición y, de paso, cerraba otro capítulo de su larga historia. Trece años después de instalarse por primera vez en los terrenos de Naval Gijón, el evento decía adiós a dicho emplazamiento, necesario para construir allí el hoy activo paseo de ‘Naval Azul’. Ya fuese por ello, o por el tradicional tirón que esa icónica cita suele tener, cientos de miles de personas acudieron -cerca de medio millón, según estimaciones internas-, y la mayoría de ese inmenso total entró en el recinto por la calle Palafox… Pese a estar en peligro de hundimiento. Según ha podido saber miGijón, la arteria que servía de principal acceso a la Semana Negra lleva casi dos años en riesgo de colapso, debido al grave deterioro de las canalizaciones que discurren bajo ella. La propia Empresa Municipal de Aguas (EMA) lo recogió en diversos informes técnicos emitidos en diciembre, en los que se recomendaba la clausura total de Palafox. No obstante, fuentes del Ayuntamiento han asegurado a este diario que el Gobierno ya lo sabía o, al menos, lo sospechaba en verano; sería la razón por la que, durante la Semana Negra, prohibió el paso de vehículos por dicha calle. Sin embargo, no impidió el tránsito de esa marabunta de peatones.
Tal como indican los informes en cuestión -redactados para la EMA por el estudio de ingeniería cántabro Dýnamis, a partir de una serie de catas hechas en octubre por la firma ovetense Geodrilling-, el origen del problema estaría en las diversas patologías detectadas en las canalizaciones que sirven de alivio al depósito de tormentas de El Natahoyo. Esas canalizaciones, que se extienden bajo Palafox desde el cruce con Mariano Pola, hasta desaguar en el muelle, corren dentro de una galería subterránea de sección rectangular, de 137 metros de longitud, 5,2 de ancho y 2,4 de alto. La estructura, que ocupa toda la anchura de la calle, está hecha de hormigón armado. Y es ahí, en las múltiples barras de acero que forman esa armadura, donde radica el riesgo. La proximidad del mar y el paso del tiempo han ido corroyéndolas y mermando su resistencia, hasta el extremo, apuntan los informes, de que «la losa superior está en un avanzado estado de degradación«. Es más, en algunos puntos «gran parte de la sección de las barras ya ha desaparecido«, lo que podría causar «una rotura frágil que genere un colapso repentino de la losa«, algo que podría ocurrir «en cualquier momento«, y que implicaría el hundimiento de la galería, «arrastrando consigo la propia calle«. Así las cosas, la EMA concluyó en diciembre que el conjunto «no cuenta con los coeficientes de seguridad«, e instó a «impedir la ocupación en superficie, peatonal y de vehículos, de Palafox«, hasta que se apuntalase la calle.
Dos opciones a medio plazo sobre el tapete: reconstruir la calle o reforzar la estructura actual

El Gobierno local cumplió, y a mediados de diciembre -la recomendación de la EMA se recibió el 10, seis días después de que Dýnamis remitiese sus conclusiones- ordenó el refuerzo de los puntos más críticos. Una vez ejecutado, y tomando en cuenta la sugerencia de la empresa municipal, se cerraron al tránsito peatonal aquellas secciones de Palafox más peligrosas, incluido el acceso al Centro de Formación Profesional Revillagigedo, y se instaló una barrera de bolardos en la entrada desde Mariano Pola, para impedir el paso de vehículos; ambas medidas siguen activas. Pero un apuntalamiento como el realizado entonces -necesario por la inminente inauguración del paseo de ‘Naval Azul’, que se celebró el 22 de diciembre- es provisional; haría falta una actuación mucho más profunda, compleja, larga y cara para acabar con el problema. En ese sentido, los ingenieros de Dýnamis pusieron sobre la mesa dos opciones, ambas a realizar a medio plazo. La primera contempla, literalmente, abrir la calle, retirar la galería actual e instalar en su lugar una bóveda de hormigón en masa, que haría innecesaria la armadura metálica, siempre susceptible de oxidarse; el presupuesto base de licitación se estima en 553.242,64 euros. Se trata, sin duda, de una cantidad considerable, pero menor que la de la segunda posible intervención: mantener el montaje actual, y limitarse a hormigonar los deteriorados tubos de acero interiores. Suena más sencillo, pero implicaría partir de un presupuesto de 898.812,93 euros.
Todo lo anterior dibuja el contexto que rodea lo que le sucede a Palafox. Sin embargo, la duda lanzada al comienzo de este texto sigue en el aire… ¿Sabía el Ejecutivo de la debilidad de esa calle ya en el mes de julio, coincidiendo con las aglomeraciones de la Semana Negra, y, pese a ello, no la clausuró tanto a vehículos como a peatones, como los informes recomendaron cinco meses después? En ciertos círculos municipales de alto nivel se asegura que sí. La prueba, aducen estaría en que, durante los diez días de celebración del evento, se prohibió la circulación por la citada arteria de cualquier vehículo, «incluidas ambulancias, que suelen ser furgonetas ligeras». Nunca antes, desde que la Semana Negra llegase a Naval Gijón en 2012, se había dado una instrucción tan drástica. Además, añaden, la primera inspección hecha por los ingenieros de Dýnamis tuvo lugar el 7 de agosto, menos de un mes después de que terminase el certamen. En todo caso, de ser cierta la hipótesis anterior, aún quedaría por resolver la duda de por qué no se hizo extensiva esa limitación a los peatones. A ese respecto, las mismas fuentes teorizan conque el Ayuntamiento «quiso tener un gesto de despedida con la Semana Negra en su último año allí, no impidiendo la entrada por el que era su acceso principal, y más emblemático»; algo «entendible, pero que fue una temeridad«.
El Gobierno se limita a decir que «tanto con el uso actual, como con el de entonces, no hay riesgo»

La Concejalía de Urbanismo no se ha prodigado en explicaciones. Consultada sobre el particular por este diario, el área que preside el edil Gilberto Villoria se ha limitado a responder, a través del gabinete de prensa de Foro, que «tanto con el uso actual, como con el de entonces, no existe ningún riesgo». Más allá de eso, no ha trascendido si el Gobierno local está considerando alguna de las dos opciones de intervención en profundidad, si estudia otras, ni tampoco el estado de las necesarias conversaciones con la Confederación Hidrográfica del Cantábrico (CHC) y con Dirección General del Agua del Principado, los otros dos actores con los que sería preciso coordinarse para ejecutar cualquier obra de reparación. Lo que sí está naciendo en algunos despachos de la Casa Consistorial es el temor a que el apuntalamiento provisional hecho en diciembre no sea suficiente para la creciente afluencia de público que, probablemente, el paseo de ‘Naval Azul’ atraiga con la llegada del buen tiempo. «No será algo tan masivo como lo fue la Semana Negra, ni de lejos, y es verdad que es una calle muy poco frecuentada por los vecinos de El Natahoyo, pero la duda está ahí«, comentan las fuentes municipales consultadas. Aun así, el interés lo sigue centralizando el papel del Ayuntamiento en aquel julio de 2025; es decir, su posible conocimiento de la debilidad de Palafox, y el consentimiento, pese a ello, del paso de multitudes. Un punto que el Ejecutivo gijonés no confirma, pero tampoco descarta.