De una terraza decorada a un fenómeno navideño que atrae a visitantes de toda la ciudad
En Gijón, la Navidad tiene un punto de luz especialmente reconocible: el edificio situado en Avelino González Mallada, 2, conocido ya por muchos como “el edificio de la Navidad”. Lo que comenzó como una iniciativa individual de Inmaculada Yenes hace 26 años se ha convertido hoy en una de las estampas más visitadas y queridas de la ciudad.
“En un principio era un poco raro que llegase una chica nueva y pusiese bolas de Navidad en la terraza”, recuerda. Aquello, que al principio despertó sorpresa, terminó transformando la vida del edificio. Especialmente entre vecinos mayores que pasaban las fiestas solos y que encontraron en la decoración una forma de celebrar hacia afuera: “Poner navidades no de dentro para casa, que estaban solos, sino de fuera para casa para que la gente lo viera y se alegrara”.
Con los años, ese gesto se convirtió en una red de apoyo emocional que hoy Inmaculada define claramente: “Lo hacemos para mandar el mensaje de que la Navidad no solo se vive de puertas para adentro. No todo el mundo tiene la suerte de tener familia o cosas materiales. El mensaje que quiero transmitir desde hace 26 años es alegría a quienes están en la calle, a quienes no tienen unas buenas Navidades”.
Ese espíritu compartido ha creado una auténtica familia navideña dentro del edificio. “Aquí hay vecinos que ya van siendo mayores, que se han quedado solos y hemos creado una familia cada año por Navidad, motivándonos con las luces”, afirma. La presencia del rey Melchor como vecino y la competencia amistosa por ver quién ilumina más contribuyen a reforzar esta unión festiva.
La fama del edificio no deja de crecer. Vecinos de Gijón y visitantes de fuera se acercan cada año para contemplarlo. “Es muy bonito, merece la pena sacarlo. Mucha gente viene a verlo”, cuenta orgullosa Inmaculada.