Una tradición llegada de Estados Unidos gana fuerza en Asturias a través de redes sociales y ejemplos cotidianos como el de la ganadera Lucía Velasco, que comparte las diabluras del elfo en su casa

Cada mañana de diciembre, en cada vez más hogares asturianos, los niños se levantan con la misma pregunta: ¿qué habrá hecho hoy el elfo?. Y es que el llamado elfo de la Navidad o elfo travieso se ha convertido en una de las tradiciones más recientes y populares de la Navidad, una moda importada de Estados Unidos que en los últimos años ha echado raíces en Asturias. La dinámica es sencilla y, precisamente por eso, eficaz. El 1 de diciembre aparece en casa un pequeño muñeco, enviado, según el relato, por Papá Noel para observar el comportamiento de los niños. Cada noche, cuando todos duermen, el elfo “cobra vida”, cambia de lugar y deja preparada alguna trastada que los pequeños descubren al despertar. La norma es clara: no se le puede tocar, porque perdería su magia.
Aunque el origen de la tradición es relativamente reciente (nació en 2005 con el libro The Elf on the Shelf, de Carol Aebersold y Chanda Bell), su expansión ha sido rápida gracias a las redes sociales, que se han convertido en un escaparate inagotable de ideas, bromas y escenas domésticas cargadas de humor navideño.
De la granja a la cocina: el elfo de Lucía Velasco
En Asturias, uno de los ejemplos más seguidos estos días es el de la ganadera Lucía Velasco, que está compartiendo en Facebook las trastadas diarias del elfo en su casa. Encadenado a una silla, dejando la cocina llena de dibujos improvisados o protagonizando pequeñas gamberradas nocturnas, el muñeco se ha convertido en un personaje más de la familia. “Hoy ni se mueve del sitio. Aquí lo dejo encadenado para mañana. A ver qué cara pone la pequeña cuando lo vea”, escribe en una de sus publicaciones. En otra reconoce, entre risas, que el elfo “no hay quien lo pare” y que acabó dejando la cocina patas arriba, con supuestos tatuajes incluidos. “Primero lo ensucio y luego lo tengo que limpiar”, admite en otro mensaje, asumiendo con humor el esfuerzo extra que conlleva mantener viva la magia.
Más allá de la anécdota, Velasco resume el espíritu de esta tradición: el disfrute compartido y la mirada infantil. “Me presta tanto ver la cara que pone la nena y verla feliz que no sé qué acabaré armando”, confiesa, reivindicando la importancia de conservar la inocencia y el juego: “Se es niño una vez en la vida”.
El caso de esta ganadera no es aislado. En los últimos años, el elfo travieso ha ido ganando presencia en casas de toda la región, especialmente en familias con niños pequeños. Asturias se suma así a una tendencia que ya es habitual en muchas zonas de España. El fenómeno también ha llegado al escaparate mediático a través de rostros conocidos. La actriz asturiana Paula Echevarría ha compartido en varias ocasiones la llegada del elfo a su casa, sumándose a una corriente que ha popularizado esta tradición entre el gran público y ha contribuido a normalizarla como parte del ritual navideño contemporáneo.
Magia cotidiana hasta Nochebuena
Las travesuras no tienen más límite que la creatividad: el elfo puede aparecer en el frigorífico, colgado de una lámpara, cubierto de harina o rodeado de juguetes. Cada escena se convierte en una pequeña sorpresa diaria que acompaña la cuenta atrás hasta Nochebuena. La despedida llega la noche del 24 de diciembre, cuando el elfo regresa al Polo Norte para ayudar a Papá Noel. Para los niños, supone el cierre de un mes de ilusión; para los padres, el descanso tras varias semanas limpiando «trastadas». Pero, visto el auge de la tradición, todo indica que el elfo travieso volverá a hacer de las suyas el próximo diciembre.