
Por Marcelino Llopis Pons
«Ahora lo moderno es pulsar ‘Start’ y, si el coche es eléctrico, le das al botón y no pasa nada; no vibra, no hace ruido, no huele. En ese instante parece que estas en el coche de Schrodinger, no sabes si esta arrancado o esta muerto, o las dos cosas a la vez»

Cuando era pequeño me prometieron coches voladores.
No un prototipo raro en una feria de tecnología en Osaka. No. Coches voladores de verdad.
A estas alturas, en 2026, deberíamos estar aterrizando en el techo del supermercado.
En vez de eso, sigo buscando sitio en batería, frustrándome porque siempre parece que detrás de ese SUV gigante gris -igual que los otros veinte- hay una plaza libre.
Y no.
Ahí está ese maldito Smart que cabe en tu maletero, ocupando la plaza perfecta.
Aunque los coches actuales no vuelen, eso sí, al conducirlos no sabes si estas en un coche o en la cabina de un Airbus A350.
Pantallas gigantes. Menús dentro de menús. Submenús que conducen a más submenús. Para cambiar la temperatura necesitas, como mínimo, los mismos conocimientos en informática que Bill Gates. Antes girabas una ruedecita: hacia el azul (frío), hacia el rojo (calor). Era sencillo. Era lógico.
Ahora tienes que aceptar términos y condiciones para pasar de 20,5º a 19,7º.
Y luego está el botón.
Ya no hay llave. Alguien decidió que eso era obsoleto.
Ahora lo moderno es pulsar ‘Start’ y, si el coche es eléctrico, le das al botón y no pasa nada; no vibra, no hace ruido, no huele. En ese instante parece que estas en el coche de Schrodinger, no sabes si esta arrancado o esta muerto, o las dos cosas a la vez.
Eso sí: en cuanto crees que esta arrancado y pisas ligeramente el acelerador y empiezas moverte, se inicia la sinfonía.
‘Ping’.
El cinturón del pasajero trasero (el de la 3C) no está abrochado.
‘Ping’.
Te has pasado dos kilómetros por hora.
‘Ping’.
La línea de la carretera -pintada por última vez durante el reinado de Alfonso XIII- no coincide con lo que el coche considera el centro del carril.
Y sí, todo eso se puede desconectar.
En teoría.
En la práctica necesitas completar una checklist digna del programa Apolo cada vez que arrancas. Y presentar tres avalistas para que te deje quitar la asistencia de carril.
No queríamos esto para el futuro. Queríamos coches voladores. Queríamos playeros que se atasen solos, como en ‘Regreso al Futuro’.
En vez de eso, tenemos coches que nos corrigen como si fuéramos un becario en su primer día.
Y lo peor no es que no vuelen.
Es que todos son iguales.
Grises. Altos. Blandos. Parecen diseñados por un comité cuyo mayor riesgo creativo fue elegir entre gris claro y gris no tan claro.
¿Dónde están los coches feos? ¿Dónde están los coches raros?
Bueno.
Este año sale un nuevo Twingo.