El optimismo reina en la hostelería después de que la UNESCO aprobase el examen técnico de la opción asturiana; desde las instituciones regionales llaman a la prudencia y recuerdan que la decisión no se tomará hasta el 7 de diciembre

No siempre es necesario disponer de ello, pero siempre es de agradecer contar con un motivo explícito para alzar vasos y copas, y brindar con alegría. Y, desde este mismo jueves, el ámbito de la cultura sidrera asturiana cuenta con una razón, y no precisamente de poco peso, para golpear los vidrios entre sí. Los miembros de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (UNESCO, por sus siglas en inglés) han dado su aprobación técnica a la candidatura de dicho entramado, tan sólidamente ligado a la región, al reconocimiento como Patrimonio Cultural Inmaterial de la Humanidad. Un paso en absoluto definitivo, pero sí crucial, que moldea como aún más posible lograr un resultado feliz el próximo diciembre. Será entonces, concretamente del 2 al 7, cuando se lleven a cabo las votaciones, coincidiendo con la reunión de los integrantes del Comité Intergubernamental de Salvaguarda del Patrimonio Cultural Inmaterial en Paraguay. Queda, pues, casi un mes para que se sepa el resultado, pero en el Principado ya hay quienes dan la batalla prácticamente por ganada… Mientras otros, más cautos, llaman a la prudencia.
«De esta cae, fijo; creo y espero que será así», ríe, satisfecho, Javier González, gerente de la sidrería gijonesa El Llavianu. Y no es un pálpito vacuo, viniendo como viene de un veterano del sector. Desde que abriese sus puertas al público, el 2 de junio de 2009, este longevo negocio, ubicado en el barrio de Moreda, ha sido testigo silencioso del aumento del interés por esa cultura sidrera; sobre todo, entre los foráneos. «El turista es el que más lo valora, el que se sorprende con todo esto, y es algo que va in crescendo; eso salta a la vista», explica González, orgulloso de que en su establecimiento no se recurra ni a máquinas, ni a tapones adaptados, sino «al escanciado natural y tradicional, el de toda la vida, en las 84 mesas». De ahí que, en su opinión, si el mes que viene la UNESCO guiña el ojo a la región «nos ayudará, y mucho, a que ese aprecio por lo que tenemos crezca entre los de casa. Y, sobre todo, servirá para que la gente valore lo que cuesta, todo el esfuerzo que hay detrás de una simple botella».
«Ver que, después de tantos años, nos acercamos al premio, es una de las mayores satisfacciones que se pueden conseguir en el mundo sidrero»
Emilio Rubio, gerente de la sidrería La Montera Picona de Ramón
Un punto de vista muy similar argumenta Marcos González, quien hace dos años, y tras trece de actividad ininterrumpida en el sector, fundó en el Distrito Centro de esa misma ciudad el restaurante El Pedreru. «No sé si será ahora, pero en algún momento tendrá que caer; lo del examen técnico ha sido una noticia fenomenal», manifiesta. En sus palabras hay menos de esperanza etérea que de argumentación coherente… No en vano, a su juicio «la cultura sidrera es de lo poco que tenemos nuestro, que es un poco diferencial; en especial, por el escanciado, en un momento en que ya se lanzan a hacer sidra en el País Vasco, en Cantabria… Por eso, si no tiramos nosotros por ella, la vamos a matar». En consecuencia, alzarse con ese gran premio que es la catalogación de Patrimonio Inmaterial constituiría todo un revulsivo. «Siempre se dice eso que nos pondría en el mapa, y es verdad; y eso que la sidra se vende mucho, especialmente de unos años para acá, pese a la gran demanda de cerveza…».
Ese último aspecto, el de la puesta en valor de todo cuanto rodea al universo de la sidra asturiana, es en el con más intensidad pone el foco Emilio Rubio, al frente de la también gijonesa sidrería La Montera Picona de Ramón. Al fin y al cabo, admite, «ver que, después de tantos años, de la labor de tanta gente, nos acercamos al premio… Bueno, es una de las mayores satisfacciones que se pueden conseguir en el mundo sidrero». Ahora bien, por lo que respecta a los efectos que un hipotético éxito final de la candidatura tenga, Rubio es confiesa más comedido que sus homólogo anteriores. «Va a depender totalmente, al 100%, de las instituciones, del uso que hagan de esa consideración», analiza, en relación a su potencial como mecanismo de promoción. En ese sentido, su convicción es que si, llegado el caso, tanto el Principado y los Ayuntamiento, como las restantes organizaciones implicadas «no utilizan el reconocimiento de una manera adecuada, rápida y directa, su efecto quedará en nada».
«La cultura pueden reconocerla, pero tiene que seguir viva. Y la cultura sidrera necesita sidra asturiana, manzana asturiana, tradición, paisaje y paisanaje»
Víctor Ramos, presidente del Consejo Regulador de la DOP Sidra de Asturias
¿Qué comentan tales instituciones al respecto? Bien, la alegría está presente en una Consejería de Cultura confesamente «satisfecha» con la superación de la prueba técnica, aunque, eso así, insisten en la prudencia. «No podemos lanzar todavía las campanas al vuelo», remarcaba en la mañana del viernes el director general de Patrimonio Cultural del Principado, Pablo León, insistiendo en que el informe favorable de la UNESCO «es sólo uno más de los que son preceptivos en la tramitación del expediente de declaración». Su atención, como la de su equipo, está ahora plenamente puesta en diciembre y en el país americano. «Es ahí (en Paraguay, el mes que viene) donde verdaderamente va a estar la decisión, donde va a haber el debate, donde va a haber una delegación del Ministerio de Cultura y de Asturias que esté defendiendo la candidatura, y ahí será donde podremos, espero, celebrar el éxito», concluía León, sin ocultar estar «muy ilusionado y esperanzado».
También en el Consejo Regulador de la Denominación de Origen Protegida (DOP) Sidra de Asturias oscilan entre la esperanza y la mesura, tal como deja claro su presidente, Víctor Ramos. «Optimistas lo somos, evidentemente; parece que la candidatura va por buen camino, pero no vayamos a celebrar la caza antes de cazarla», analiza. Como los demás participantes en este reportaje, Ramos es de la opinión de que no faltan, ni mucho menos, razones para que la cultura sidrera asturiana se alce con la preciada consideración, aunque amplía el campo más allá de la sidra y de las tradiciones que envuelven su elaboración. A su juicio, de llegar a buen puerto esta aventura será «el reconocimiento al comportamiento de la sociedad asturiana durante generaciones», y una forma de reforzar la presencia del Principado para con el resto del mundo… Y de concienciar sobre la necesidad de proteger y potenciar lo propio. «La cultura hay que mimarla; por ejemplo, cuidar el escanciado, que parece que se va perdiendo un poco, o las pumaradas, que hay pocas», reclama. Porque, remata Ramos, «la cultura pueden reconocerla, pero tiene que seguir viva. Hay que mantenerla. Y la cultura sidrera necesita sidra asturiana, manzana asturiana, tradición, paisaje y paisanaje».