
POR LUIS MANUEL MADIEDO HONTAÑÓN, CATEDRÁTICO DE INSTITUTO Y ABOGADO
«Podríamos parafrasear a Abraham Lincoln para, pensando en el actual presidente de los Estados Unidos, decir ‘Puedes poner a todas las avispas a bailar algún tiempo. Puedes poner a algunas avispas a bailar todo el tiempo. Pero no puedes poner a todas las avispas a bailar todo el tiempo'»

La expresión ‘Nuevo Orden Mundial’ surge, en realidad, tras el fin de la Segunda Guerra Mundial y la desaparición, o irrelevancia global, de las grandes potencias europeas, con el surgimiento de dos grandes superpotencias por ser las únicas con capacidad de influencia mundial en aquel momento: la Unión Soviética y los Estados Unidos de América.
Posteriormente la expresión se utilizo en distintos contextos. En el caso de mi generación es proverbial su utilización tras los atentados del 11S de 2001 de las Torres Gemelas de Nueva York y los demás aviones pirateados, y la subsiguiente reacción de Estados Unidos en su lucha global contra el terrorismo bajo el gobierno de George Bush hijo que, entre otras consecuencias, supuso una influencia determinante en el fin de organizaciones terroristas locales como ETA o el IRA irlandés.
Al día de hoy, la expresión Nuevo Orden Mundial se utiliza fundamentalmente en dos sentidos. Bien para expresar la situación generada por la aparición de nuevas potencias emergentes que buscan su lugar en ese orden internacional, especialmente China, también India y una Rusia que no se resigna a ser un actor secundario. Bien para referirse al establecimiento de un Gobierno Mundial al margen de los controles derivados del funcionamiento de las instituciones democráticas, controles basados en la división de poderes, ejecutivo, legislativo y judicial y su juego de contrapesos. Este Nuevo Orden Mundial estaría basado en la imposición de itinerarios planetarios como la Agenda 2030 o los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), que implicarían la renuncia a la soberanía nacional de los Estados Nación, en aras de ese Nuevo Orden Mundial y el cumplimiento de sus objetivos.
Sin embargo, tenemos un nuevo actor influyente en el escenario: nada menos que el Presidente de la todavía primera potencia mundial, los Estados Unidos, que cada vez más claramente apuesta no por un nuevo orden mundial, sino por un nuevo desorden mundial.
En el mundo de la política en sentido amplio, se utilizan expresiones como «toca mover el panal», o «el avispero», lo que significa que conviene sacar a los lideres, y al sistema en general, de un statu quo que ha generado múltiples zonas de confort, donde anidan, o pueden anidar, situaciones inconvenientes o inaceptables.
Movamos el panal, pongamos a las avispas a zumbar una vez que han perdido su acomodo en el orden global.
El problema de este modelo de gestión, casi podríamos decir que imperial viniendo de donde viene, estriba en su falta de proyecto, de objetivos concretos y de metas a alcanzar.
Abraham Lincoln dejo una frase para la historia: «Puedes engañar a todo el mundo algún tiempo. Puedes engañar a algunos todo el tiempo. Pero no puedes engañar a todo el mundo todo el tiempo».
Aterrizando en la actual vulgaridad, podríamos parafrasear a Abraham Lincoln para, pensando en el actual presidente de los Estados Unidos, decir: «Puedes poner a todas las avispas a bailar algún tiempo. Puedes poner a algunas avispas a bailar todo el tiempo. Pero no puedes poner a todas las avispas a bailar todo el tiempo».
Céntrese, señor Trump. Céntrese.