Miguel García, seleccionador nacional piragüismo
“La plata nos sabe a oro porque estábamos tan igualados que detalles muy pequeños inclinaban la balanza”
“Hay momentos en los que te crees casi invencible y el bronce en el Mundial de México 94 es uno de ellos”
“Necesitamos más presupuesto y es una obligación del CSD y federaciones porque sino vamos por detrás”

Si alguien sabe lo que es competir en unos Juegos es usted. Barcelona 92 y Atlanta 96 con un quinto puesto en este último. ¿Cómo ha cambiado el piragüismo en tres décadas?
Hay una diferencia muy grande en cuanto a la mentalidad de los deportistas. Nosotros veníamos de una sequía muy larga con lo que llegar a los puestos de diploma era un éxito. En el Campeonato del Mundo de México en el 94 conseguí un bronce y era como la esperanza del piragüismo. Hay un punto de inflexión con David Cal que rompe la barrera de aspirar solo a las finales, también podemos ir a por metales. Aunque sea extraño, el otro punto importante es cuando se empieza a confiar en entrenadores de la casa. Nunca tuve un técnico español en 12-14 años en el equipo nacional, siempre eran extranjeros. Sabían mucho y fueron muy buenos, pero es cierto que la forma de vivir en España es distinto. Normalmente eran húngaros, rumanos, rusos que vienen de otro sistema: allí tienen una población tremenda que se dedica a esto y tienen un gran abanico de gente. Confiar en españoles hizo que la interacción entre entrenador y deportista fuese mejor y hubiese más complicidad con métodos menos obsoletos porque nuestras condiciones no eran las más optimas para adaptarnos a las ideas de los países del Este.
Ese bronce no se olvida.
Son cosas que quedan grabadas. Hay momentos en los que te crees casi invencible, ese es uno de ellos y estará ahí para siempre.
Es poco dado a la imagen pública. ¿Le gusta más trabajar en la trastienda?
Por mi forma de ser soy tímido y no me resultan muy cómodas esas situaciones. Estoy acostumbrado, pero me siento más cómodo en un segundo plano (risas).

Antes de Río 2016 incorporó a su equipo a una pieza importante: el informático David Calvente. ¿El piragüismo necesita más innovación, más tecnología?
El equipo alemán cuando llega a entrenar a Sevilla lo hace con sus entrenadores y, de repente, aparecen ocho o diez cajas metálicas con maquinaria, GPS, medidores… Otras dos personas que vienen de un Instituto de Desarrollo e Innovación que se dedica solo a temas deportivos y que, en piragüismo, están para diseñar embarcaciones en canales de agua con temas de hidrodinámica y hacen una embarcación diseñada 100% para sus tripulantes con una tecnología que nosotros estamos a años luz. Ya no es necesario, es una obligación del CSD y federaciones porque sino estamos estancados y vamos por detrás. Nosotros somos una embarcación pesada por la fisonomía de los deportistas y necesitábamos una más grande, con un diseño diferente. Lo intentamos y no fue fácil, no llegamos al punto que queríamos.
¿Y por qué le cuesta tanto abrirse al deporte?
Principalmente por temas de presupuesto. David Calvente está de forma altruista, le cuesta dinero por los componentes que saca de su bolsillo. No sé cómo, pero necesitamos más financiación para el deporte. Si nos comparamos con otros países nuestros presupuestos son mucho menores.

Contaba antes que dentro de la dureza del ciclo olímpico también estuvo la pérdida de su padre por COVID. ¿Llegó a plantearse no seguir?
Hubo momentos muy complicados. No tanto no seguir porque ha sido mi vida desde los 12 años, pero sí dar un paso a un lado y coger algo de menor responsabilidad porque lo sufro yo, pero son horas que les quito a mis hijos y a mi mujer la tengo loca porque todo va a casa. En este ciclo hubo momentos donde dudé si sería capaz de aguantarlo. Sin embargo, el tiempo pasa y son momentos duros, pero hay que tener paciencia, somos animales de agua y es difícil que nos desvinculemos de ese mundo.

Sin crisis sanitaria y con un ciclo olímpico de cuatro años, ¿España hubiera estado más cerca aún del oro?
Es complicado porque este conflicto que hubo por los selectivos a última hora es algo que se venía fraguando años antes. No es que tuviéramos el enemigo en casa, pero casi porque no se nos permitió llevar un proyecto limpio desde el principio y con los objetivos marcados para el K4, siempre estuvo muy condicionado por ciertas figuras. El año 2020 pintaba muy mal porque los criterios de selección eran inadecuados y nos estaban haciendo precipitar mucho la forma. En marzo estábamos casi a un 90-95% de la forma porque era la exigencia que había desde la casa, entonces no sé lo que hubiera pasado. Es verdad que viendo como estamos en 2021 y lo mal que lo pasamos por la pandemia uno puede pensar que en 2020 hubiéramos estado mejor. Creo que llegamos en un momento muy bueno y estar o no en el oro puede ser simplemente por el viento, pero está ahí para todos, no es una disculpa. Si hubiese estado plato o viento favor, posiblemente el oro hubiera caído de nuestro lado; si hubiese estado en contra, hubiera sido para los alemanes. Estábamos tan igualados que detalles muy pequeños inclinaban la balanza a un lado o a otro. Llegaron en el mejor momento de forma posible e hicieron la mejor carrera posible para las circunstancias que había y valíamos la plata. Con lo cual, enhorabuena a los alemanes y tan contentos porque esa plata nos sabe realmente a oro.

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