Los paros afectarán tanto a RENFE como a las empresas privadas; al mismo tiempo, la organización estudia emprender acciones legales por la filtración de las conversación entre el control de tráfico y el maquinista del Iryo accidentado en Adamuz, suceso que ya suma 43 muertos

Los ferroviarios españoles ya están afilando sus sables. Marcados como están por los recientes accidentes registrados en la barcelonesa Gelida -que el martes se cobró la vida del maquinista de un tren de Rodalies- y en la cordobesa Adamuz -ocurrido el pasado domingo tras chocar un ALVIA de RENFE contra un Iryo descarrilado, y que ya suma 43 personas fallecidas-, y hartos de un deterioro del servicio y de un descenso de las inversiones que se prolongan desde hace años, los profesionales del sector parecen dispuestos a secundar en masa la huelga general convocada por el Sindicato Español de Maquinistas Ferroviarios (SEMAF), organización mayoritaria en dicho ámbito. Un llamamiento cuyas fechas trascendían en la tarde de ayer, con los días 9, 10 y 11 de febrero fijados como jornadas de paros a escala nacional, tanto en RENFE y ADIF, como en las compañías privadas que operan en el país. A estas horas aún se desconoce si los demás sindicatos con representatividad entre los ferroviarios apoyarán esa acción, aunque fuentes cercanas aventuran que no habrá fisuras. Por el momento, los profesionales catalanes ya están obrando por su cuenta, con ausencias masivas de sus puestos que están degenerando en un caos. Y las declaraciones hechas esta mañana por el ministro de Transportes, Oscar Puente, no parecen ayudar…
Consultado por esa situación que se está dando entre los maquinistas de Rodalies, y que algunos interpretan como una antesala improvisada de esos días de huelga general, Puente ha llamado a dichos profesionales a «bajar el suflé emocional» y a reincorporarse a sus deberes, con la mirada puesta en que una circulación ferroviaria más o menos normalizada pueda recuperarse, a más tardar, el jueves. Ni qué decir tienen que esa frase no ha sido demasiado bien acogida en el sector. Sobre todo, en la órbita del SEMAF, en el que se entiende la huelga como «la única vía legal que se ha dejado a los trabajadores para reivindicar la recuperación de los estándares de seguridad del sistema ferroviario y, con ello, garantizar la integridad de los profesionales y de los usuarios del ferrocarril«. Para la organización sindical mayoritaria, el caballo de batalla reivindicativo será la «desatención» que, ha su juicio, han sufrido los reiteradas partes, notificaciones y llamadas de atención de los responsables de mantenimiento sobre el estado de las infraestructuras, «sin respuesta ni actuación durante meses e, incluso, años«. A ese respecto, ayer trascendía la existencia de más de una veintena de notificaciones de fuertes vibraciones en el tramo en el que se produjo el accidente de Adamuz, si bien el grueso de ellas las remitió un mismo maquinista.
«Ha sido una filtración sesgada e inadmisible», advierte el SEMAF, responsabilizando a ADIF
Por lo que concierne a las demás organizaciones sindicales que dan voz a los trabajadores del sector, su apoyo o rechazo al llamamiento de huelga no se sabrá hasta que concluya la reunión a la que están llamados todos los Comités Generales de Empresa, y que comenzará, a falta de contratiempos, a las 12.30 horas de hoy jueves. No obstante, al margen de esos tres días de acción reivindicativa, en SEMAF ya piensan en abrir un segundo frente; esta vez, de carácter legal. El motivo es la difusión de parte de la conversación sostenida entre el maquinista del Iryo y el centro de control de tráfico instantes después del accidente, de la que se han hecho eco varios medios. En ella, el primero informa de que ha sufrido «un enganchón», en referencia al descarrilamiento, y de que hay personas heridas, por lo que pide el envío de personal de emergencias y la detención inmediata del tráfico. Se cuentan por miles los ciudadanos que, al escuchar esos audios, han puesto en tela de juicio de profesionalidad del maquinista en cuestión, preguntándose cómo pudo no percatarse del choque del ALVIA contra su tren, o tan siquiera verlo pasar. Varios compañeros, y el mismo Puente, descartaron ayer el error humano y salieron en defensa del aludido, explicando que el convoy Iryo era muy largo, que los coches descarrilados podrían haberse desacoplado del resto, que ya estaba oscuro y que, en todo caso, ese maquinista estaba centrado en la incidencia de su propio tren. Sin embargo, el SEMAF quiere más.
Para el citado ente sindical, es de todo punto «inadmisible» la difusión de esa conversación, hecha, además, de una forma «sesgada» y responsabiliza de ello directamente a ADIF, empresa pública encargada «de su custodia y protección». La propia filtración, y los posibles efectos negativos de una interpretación equivocada de su contenido sobre el honor y la reputación del maquinista del Iryo, han motivado que en el SEMAF esté, decididos a «estudiar las opciones legales para reclamar la investigación judicial de dicha filtración«. Más aún, los responsables del sindicato no han dudado en destacar la «ejemplar» actuación de los profesionales involucrados en el accidente de Adamuz, siendo «impecable y efectiva«, dada la situación que se vivía en ese «trágico escenario». Y, finalmente, insisten en su petición de imponer «responsabilidades penales a quienes tienen la obligación de garantizar la seguridad de la infraestructura ferroviaria», una de las demandas contenidas en la convocatoria de huelga general hecha pública hace dos días. Reivindicación, por cierto, que abarca tanto la posibilidad de un fallo en uno de los rieles del tramo de Adamuz -teoría que gana más y más fuerza como causa de la tragedia-, como el estado del muro de contención caído sobre la vía en Gelida, y del talud sobre el que se asentaba. El mismo que, a priori, parece que cedió a consecuencia de las fuertes lluvias de las jornadas previas, convirtiéndose en el obstáculo contra el que chocó el tren.