
Mientras se vende como un líder reivindicativo, Asturias sigue relegada, su economía se ahoga y su tejido productivo encoge. Porque la condonación no crea riqueza, solo disfraza el desastre

El Gobierno de España ha sacado la chequera. Ha perdonado la deuda, ha premiado la trampa, ha cargado la factura. 83.252 millones de euros en condonaciones, con Cataluña como la gran beneficiada. 17.104 millones solo para Cataluña. Un acuerdo con ERC que, para disimular, se ha disfrazado de reparto generalizado. Asturias, mientras, recibe 1.508 millones, pero su presidente, Adrián Barbón, finge que ha conquistado Madrid con discursos inflamados. Habla de justicia, pero calla sobre el precio. Celebra el reparto, pero oculta quién lo costea.
Adrián Barbón y su farsa con la condonación de deuda
600 millones no valen, 1.000 ya son otras palabras, proclama Barbón con pose de negociador. Gesticula, se indigna, se reivindica. Pero la verdad es otra: Asturias ya tenía apalabrados más de 1.500 millones. No ha negociado nada nuevo, no ha conseguido nada, solo ha montado un espectáculo mediático.
Lo peor no es la pantomima. Lo peor es que no critica el modelo, no advierte de la quiebra financiera del Estado, no denuncia la injusticia de que comunidades responsables paguen la fiesta de las derrochadoras. Se limita a felicitarse por la promesa y a venderla como una victoria personal. Finge que lucha, cuando en realidad solo espera su turno.
Mientras se vende como un líder reivindicativo, Asturias sigue relegada, su economía se ahoga y su tejido productivo encoge. Porque la condonación no crea riqueza, solo disfraza el desastre.
FLA: el casino amañado que premia el despilfarro
La matemática es implacable. El Fondo de Liquidez Autonómica (FLA) nació en 2012 para salvar a comunidades quebradas. Cataluña, la más derrochadora, ha recibido más de 70.000 millones en préstamos estatales. Ahora, la fiesta se socializa. Andalucía recibe 18.791 millones, Comunidad Valenciana 11.210, Madrid 8.644.
Todo con un criterio perverso. Quienes más gastaron, más reciben. Quienes subieron impuestos, también. Y los que equilibraron sus cuentas, nada. Se premia la deuda, se castiga la gestión responsable.
La clave está en el mensaje: no importa si tu comunidad despilfarró, ya vendrá el Estado a pagar la factura. No importa si tu empresa cierra por la presión fiscal, ya habrá rescates para quienes malgastan lo público.
¿Quién pagará la condonación de deuda?
Los ciudadanos, las empresas, los autónomos. La deuda no desaparece, solo cambia de bolsillo. Lo que hoy perdona el Estado, lo cubre con más deuda pública. Y cuando el Estado se endeuda, ¿quién paga? Nosotros, los contribuyentes.
No hay quitas para quien ahorró. No hay rescate para quien trabajó. No hay perdón para quien pagó sus impuestos a tiempo.
Los políticos nunca pierden. Su sueldo está garantizado, su pensión asegurada, su poder intacto. Pero tú, ciudadano, pagarás cada euro de esta maniobra. Te subirán impuestos, te recortarán servicios, te dirán que la culpa es de otros.
España: un sistema que castiga a los responsables
La ministra María Jesús Montero defiende la medida. Alberto Núñez Feijóo la critica. Nada nuevo. Pero la realidad es que, otra vez, los culpables se van de rositas y la factura la pagamos nosotros.
Y la pregunta incómoda sigue en el aire: ¿Quién rescata a los que hicieron las cosas bien?
Lo más irónico es cómo estos mismos políticos, a los que llaman «líderes reivindicativos», se ríen de los votantes que les han dado el asiento, mientras el ciudadano común termina pagando cada euro de esa farsa. El sistema premia la deuda y el despilfarro y castiga la gestión responsable. ¡Bravo! En este casino estatal, quienes ahorraron son los olvidados, mientras los «gestores» celebran su victoria en un teatro que disfraza el desastre financiero con aplausos y discursos huecos.