
«La reivindicación civil que se mantiene viva en la ciudad»

Estos días de atrás la plataforma ciudadana ‘Un pulmón para el Solarón’ organizó un debate con distintas fuerzas políticas gijonesas sobre el futuro de ese espacio central de Gijón. Sobre si en ese futuro prevalecerá más el entorno verde o la edificación. En la ciudad hay, además, decenas de plataformas y colectivos en lucha, por distintas causas: la Plataforma contra la Contaminación de Xixón, el Observatorio Xixonés de Movilidad (OXM), -perdónenme la concesión- Apadrina un Edificio, y muchas otras, cada una de las cuales afronta distintos retos sobre la ciudad, o sobre los intereses de sus asociados, que muchas veces acaban teniendo algo que ver con lo que pasa en Gijón. Muchas aparecen y desaparecen sin más, otras logran implicarse con el amplio tejido ciudadano gijonés, receptivo a la ‘lucha’ y a la reivindicación, y se asientan en la ciudad.
Analizando solo una pequeña parte de ellas, resulta evidente, a los ojos del que quiera verlo, que hay demasiados debates en la ciudad que llevan demasiado tiempo abiertos, y que no tienen pinta de alcanzar ninguna solución. Lo del Plan de Vías y el ‘Solarón’ es uno de ellos. Si nos ponemos estupendos, lo de tener una estación de trenes y una estación de autobuses -pública- lleva desde 1930 debatiéndose, y no hay manera. La incapacidad política local ha sido palmaria en ese aspecto. Si no nos venimos tan atrás, desde 2008, que se hizo un Plan Especial que delimita ese ámbito, la cosa no ha cambiado, digan lo que digan, y afirmen lo que afirmen. El ‘Solaron’ será para hacer viviendas. Que digo yo que manda narices que en una ciudad abrasada por la especulación inmobiliaria desde el siglo XIX, que nos ha dejado un plano con calles diminutas y semi rascacielos construidos bajo licencias ilegales, y con el compadreo municipal en los años de la dictadura, tenga que estar la gente protestando para que se haga un parque. Manda narices.
Un parque que no se construyó en El Coto por intereses inmobiliarios, que no se construyó en la Arena por intereses inmobiliarios, y que no se construyó en La Calzada por intereses inmobiliarios. Manda narices que siquiera sea un debate que se tenga que tener hoy en día, en pleno proceso de cambio climático. Ya todos sabemos, gracias al calentamiento global, que la forma de lidiar con el calor en las ciudades, incluido el verano gijonés, pasa por conseguir el refresco de una sombra, preferiblemente de un árbol. Si bien es cierto que, en la actualidad, nos enfrentamos a una ola reaccionaria que tiene fanáticos negacionistas -en todos los momentos de la historia hubo gente que se oponía al progreso-, aunque sea en contra de sus propios intereses, esto da muchos votos. De ahí la tibieza de unos y la demagogia y la mentira de otros, que nos están llevando a un punto sin retorno ambiental.
Pero, más allá de quedarme a gusto sobre este absurdo debate de «parque si», o «parque no», o «parque ¿de qué tamaño?», el objetivo de este artículo es reflejar la reivindicación civil que se mantiene viva en la ciudad. Ojo, que no tiene por qué ser una reivindicación con la que uno comparta lucha. Puede, incluso, estar en las antípodas, pero de lo que no hay duda es de que habilita a una parte de la población a mostrar interés por la ciudad en la que vive y en la que se mueve, disfruta o trabaja.