Ni la intervención en el Pleno del presidente de la Asociación Vecinal ‘Gigia’ disuade al Gobierno, que junto a Vox tumba la propuesta de paralización del proyecto lanzada por IU y Podemos; «deberíamos estar para solucionar problemas, no para crearlos», denuncia el PSOE

Ya se verá qué sucede de aquí a unos meses pero, por ahora, la intención del Ayuntamiento de Gijón de construir una grada en el extremo occidental de la calle Claudio Álvargonzález, junto a la cuesta del Cholo, sigue adelante. Y lo hace no solo a pesar de la tantas veces declarada oposición de los vecinos de Cimavilla, sino, incluso, después de que esos mismos habitantes del barrio hayan expresado su descontento directamente a los ediles del Gobierno, cara a cara, mirándose unos y otros a los ojos. Esa fue la escena que se vivió ayer miércoles en la Casa Consistorial, durante el Pleno ordinario de este mes de febrero. Los votos del Ejecuto local, reforzados por el de Vox, tumbaban una proposición presentada conjuntamente por IU y Podemos, y concebida como una manera de paralizar el tan contestado proyecto, y de destinar los 200.000 reservados para él a subsanar algunas de las necesidades reales del lugar. Ese rechazo se producía minutos después de que el mismísimo presidente de la Asociación Vecinal ‘Gigia’, Sergio Álvarez, compareciese ante la Corporación al completo para pedir, precisamente, eso: menos ‘botellódromos’ y más servicios, trasportes y atención general a Cimavilla.
«La situación en cuanto a conciliación con el ocio es extrema; es un área sin ley, donde se puede hacer todo sin ningún tipo de consecuencias para quien lo hace, pero que sí pagan los vecinos», advirtió Álvarez, tras haber hecho un repaso por la década transcurrida desde que se revitalizase la Asociación que ahora lidera, por «la ilusión» de los primeros momentos, por los muchos planes de mejora que bullían en sus mentes… Y, también, por el jarro de agua fría que ha sido, y sigue siendo, constatar el progresivo abandono del ‘barrio alto’, ligado, en buena medida, al desarrollo de la actividad turística y al ocio nocturno. Prueba de ello es «la ya rebautizada ‘avenida de OTEA’ -en referencia a Claudio Alvargonzález-, que se cierra y se abre al tráfico a petición de la patronal hostelera; por ejemplo, cuando se quiere montar el ‘Paseo Gastro'». La otra cara de la moneda, recordó Álvarez, son las veintisiete actuaciones recogidas en el proyecto ‘Cimavilla 2030’; el mismo al que se privó de fondos europeos por incumplir las bases, y en el que no figura grada alguna. «Esos 200.000 euros que va a costar deberían destinarse a ‘Cimavilla 2030’; si no, ¿de qué nos sorprende que no nos den financiaciones?», espetó, antes de interpelar a la concejala de Turismo, Ángela Pumariega. «En FITUR dijiste que había que cuidar el barrio. ¿Crees que esto contribuye a ello?».

Pumariega no respondió, de justicia es decirlo, aunque si intervinieron los restantes grupos políticos, comenzando por los dos autores de la propuesta. La portavoz de Podemos, Olaya Suárez, asumió la tarea de exponer el contenido, enfatizando que «un 25% de los habitantes de Cimavilla ha sido expulsado»,
la prueba estadística de que «este Gobierno no tiene interés en que sea un barrio habitable, sino en exprimirlo como reclamo turístico; por eso apuestan por estructuras faraónicas para que la gente vaya a echar un culín, como ustedes mismos dijeron». Una postura muy parecida a la esgrimida desde el PSOE por el concejal Rodrigo Sánchez, encargado de recordar al Ejecutivo que «nosotros, los políticos, no estamos aquí para generar problemas a los vecinos, sino para solucionárselos, y este Gobierno está decidido a seguir generando problemas, ignorando sus necesidades». Algo, a juicio del socialista, más sangrante aún cuando «vienen a su casa a decírselo», y por cuanto tiene de «innecesario. El plan de reforma interior para Cimavilla contiene demandas reales de los vecinos, así que no inventemos nada más; cada vez que inventan, les toca rectificar y, a día de hoy, hay apartados 200.000 euros para construir una grada que nadie pidió, y que nadie quiere«.
¿Hizo mella en la voluntad del Consistorio ese despliegue de argumentos, objetivos y emotivos por igual? Pues… Por el momento, no lo parece. Hablando en nombre del Gobierno, el forista Jesús Martínez Salvador trató de aplacar el malestar de los vecinos presentes en la sala matizando que «se está pidiendo crear un régimen especial para el ‘barrio alto'», y enumerando algunas de las actuaciones hechas en Cimavilla, o pendientes de ser ejecutadas, en la que está siendo, a su juicio, «la mayor inversión desplegada allí por un Ayuntamiento». Y sí, para Martínez Salvador esa «zona estancial en forma de graderío» es parte de la citada lista; e importante, toda vez que evitará que la gente se arremoline en la cuesta, con el consiguiente riesgo para la seguridad al paso de vehículos, y que deba sentarse en el suelo para, por ejemplo, disfrutar de las puestas de sol -o para beber, como temen los lugareños-. «No tiene sentido decir que es un ‘botellódromo’ y, de paso, hablar de OTEA», añadió el forista, indignado, recalcando que «los vecinos de El Coto nos lo han pedido para su barrio». Y, en todo caso, concluyó Martínez Salvador, en 2023 las urnas ya hablaron. Al fin y al cabo, zanjó, en aquellos comicios «Foro ganó en dos de las tres mesas electorales de Cimavilla, y quedó segundo en la tercera; estamos legitimados».
Vox ve un intento de «hacer de Cimavilla un chiringuito de autor», marcado por un «tufillo comunista»
En todo caso, los de Foro, el PP y el concejal no adscrito Oliver Suárez, aunque hubiesen bastado para derrumbar la propuesta de IU y Podemos, no fueron los únicos votos en contra. A ellos se sumó el de un Vox «casi, casi de acuerdo en el fondo», según arrancó Sara Álvarez Rouco, pero incapaz de secundar lo que, prosiguió la portavoz local de dicho partido, no es sino un intento de «hacer de Cimavilla un chiringuito de autor». Y es que, para Vox, es inadmisible «ese tufillo comunista, que más parece querer colonizar el barrio para la causa», y que invalida el trata de cumplir los compromisos contraídos con el barrio. Aun así, y pese a alinear su voto con el del Gobierno, Rouco también dedicó críticas a este último, reprochando la potente inversión hecha para transformar Tabacalera en un complejo museístico «personalista», y lamentando «lo importantes que hubiesen sido esos doce millones perdidos debido a su incompetencia». En fin, una derrota cuyas consecuencias, sin embargo y como advirtió el portavoz de IU, Javier Suárez Llana, «las van a pagar los vecinos, no la oposición». Porque, concluyó, «hay cinco bloques de necesidades en Cimavilla: vivienda, servicios, mantenimiento, transporte y que la vecindad no se vea expulsada por la presión turística. ¿En cuál de ellas encaja la grada? Yo se lo diré: en la de OTEA».