Ilusión compartida para miles de familias que se enfrentaron a los elementos
La Cabalgata de Reyes de Gijón se celebró en la tarde de este lunes entre claros y chubascos, en una tarde marcada por una meteorología claramente pasada por agua que condicionó el desarrollo del desfile sin llegar a deslucirlo por completo. La lluvia hizo acto de presencia en los primeros compases de la Cabalgata, obligando al público a abrir paraguas desde el inicio, aunque dio una tregua durante parte del recorrido antes de regresar con mucha intensidad avanzada ya la comitiva.
La salida del desfile estuvo acompañada por precipitaciones intermitentes, lo que provocó que muchos espectadores buscaran refugio momentáneo en portales y soportales. Sin embargo, pasados los primeros minutos, la lluvia remitió y permitió que la Cabalgata avanzara con mayor normalidad, animando a numerosas familias a volver a ocupar las aceras y a seguir el recorrido con más calma.
Durante ese largo intervalo sin agua —que se prolongó durante más de una hora—, los grupos folclóricos, culturales y vecinales desplegaron toda su puesta en escena. La música tradicional, los bailes y los cuidados vestuarios aportaron color y dinamismo a una tarde que parecía encarrilarse sin mayores contratiempos. Las carrozas avanzaron con fluidez y el ambiente festivo se mantuvo alto, con aplausos y saludos constantes al paso de la comitiva.
No obstante, ya en la parte final del recorrido, coincidiendo con la llegada del desfile a las zonas más céntricas, la lluvia regresó con mayor intensidad. El asfalto volvió a brillar bajo las farolas y se repitieron las escenas de paraguas abiertos, capas improvisadas y público protegiéndose como podía mientras esperaba la llegada de los Reyes Magos, que, como decía un asistente y secundaban muchos más: «Son los mejores del mundo». Aun así, muchos optaron por permanecer en su sitio hasta el final, decididos a no perderse uno de los momentos más esperados de la Navidad.
La recepción de Melchor, Gaspar y Baltasar puso el broche a una Cabalgata marcada por el esfuerzo colectivo y la resistencia festiva frente al tiempo. La lluvia dejó una estampa distinta pero no impidió que Gijón volviera a cumplir con una tradición que, año tras año, reúne a la ciudad en torno a la ilusión compartida.























