“El Muelle es el reloj que marca mi vida porque jugaba por allí de niño y pasearé de anciano”
“Los periodistas estamos en la posición de sospechosos porque se cuestiona, en muchas ocasiones con razón, la información”

José Ángel Abad (Gijón, 1971) no necesita demasiada presentación. Lleva casi dos décadas colándose en las casas a través de Antena3 para contar lo que sucede en Estados Unidos con un estilo muy particular. Catástrofes climáticas, tomas de posesión o los Óscar componen su día a día. Ahora se encuentra de vacaciones, aunque sin perder de vista la evolución del conflicto en Afganistán y el papel de la mayor potencia del mundo. Estuvo a punto de regresar antes de tiempo, pero finalmente seguirá disfrutando de su tierra. Con miGijón conversa sobre la vida delante de uno de los iconos de la ciudad: las ‘Letronas’.
¿Gijón es lo más parecido al remanso de paz que busca en vacaciones?
Es mi casa, mi vuelta, mi gente, mi paz, mi diversión y mi reencuentro. No pienso en Gijón como un remanso de paz sino como un lugar de mucho tránsito, de entrada y salida, pero también de diversión, de enriquecimiento personal, de cultura. No es una ciudad cerrada en sí misma, es un lugar que cuando uno lo visita y regresa, siempre se enriquece y donde hay sorpresas, hay cosas nuevas. En ese sentido se parece a Nueva York, te sorprende, siempre te da más de lo que te esperas.
Defíname la sensación de estar en Gijón, de pasear por sus calles.
He crecido aquí, cada esquina está llena de muchas cosas que me han pasado. Volver a casa es el mejor tratamiento de rejuvenecimiento que te puedas imaginar (risas), una terapia fantástica que hace sentirte otra vez mucho más joven y te reencuentras con el pasado. Afortunadamente estoy en una generación en la que me encuentro con casi toda la gente que he conocido, he perdido a muy pocas personas. Gijón, como mi familia y mis amigos gracias a Dios y espero que por muchos años, están aquí es una ciudad de reencuentro y de creación de nuevas vivencias, no de recuerdo exclusivamente. Es muy bonito porque no vengo a recordar, vengo a vivir.
Decía en 2020 que no perdía la esperanza de tener la luz al final del túnel ni tampoco de ver la sidra y fabada durante el verano. Lo cierto es que le ha tocado esperar más de cuenta. ¿Se ha hecho largo?
Sí, se ha hecho largo porque el año pasado no me cogí ni un solo día de vacaciones. Es cierto que los tiempos han cambiado mucho, que una buena parte de la nostalgia y de la tristeza se cura con el WhatsApp, el Skype, el teléfono o la televisión, pero está claro que el contacto personal no lo sustituye nada ni nadie. Más que largo se nos ha hecho a todos preocupante por la incertidumbre, el no saber cuándo íbamos a volver y lo que nos íbamos a encontrar. La pandemia tristemente ha sido muy democrática, igual para todos, nos ha tratado con la misma crudeza reduciendo los contactos, los reencuentros y los viajes y, sobre todo, llenándonos de incertidumbre que es algo difícil de superar. Esa incertidumbre creo que la hemos dejado atrás, le hemos cogido mucho respeto al virus, pero no estamos pensando cuando se va a acabar sino como vamos a vivir con ello. Estamos en otra fase que es el aprender a convivir con esto a largo plazo, pero lo peor ya ha pasado.

¿Ha notado que la pandemia le ha cambiado?
No me ha cambiado, pero sí me ha hecho un poco más radical en algunas impresiones que tenía como la importancia de comunicar con claridad, tener buenas fuentes, poner en valor el servicio público de la información. La pandemia nos ha hecho una cura de humildad porque hemos visto como por mucho que uno se esforzara en recurrir a esas fuentes y transmitir la información, desafortunadamente uno de los graves problemas del COVID ha sido un crecimiento exponencial de la desinformación, manipulación y bulos y eso genera un problema muy importante de credibilidad hasta el punto de que, hoy en día, hay gente que cuestiona abiertamente certezas claras y manifiestas. No hay que olvidar que al final los periodistas, más que ser jueces o testigos, estamos hoy en día en la posición de sospechosos porque se cuestiona de manera muy abierta la información, en muchas ocasiones con razón. Hay muchos tipos de periodismo.
¿Cómo ve Gijón? Hay algunas cosas que ya no son como antes.
Gijón es una ciudad que busca el mar sin entregarse a él, de tránsito donde hay gente que entra y sale de manera constante, es desenfadada, está mirando al futuro más que al pasado y eso es muy importante, tiene ganas de cambio, aunque no sé muy bien en qué dirección y tiene pasión por vivir, no por dejar que pase la vida. En eso me recuerda mucho a Nueva York y cuando vengo veo esas similitudes.
En todo este tiempo le ha dado para cubrir la llegada del primer presidente negro, Barack Obama; la salida de Trump, el huracán Irma en Florida o manifestaciones del Black Lives Matter, entre otros grandes eventos. ¿Con qué momento se queda de su carrera?
Todavía no ha llegado, hay que mirar siempre hacia adelante. La vida siempre te sorprende, va a seguir pasando, habrá otras cosas y también hay que ser un poquito humilde porque siempre tendemos a pensar que algo que nos ha ocurrido es lo más importante. En el caso de los presidentes, uno cree que cuando estaba Bush y nos encontrábamos en la mitad de la guerra de Afganistán, aquello era lo más importante de la historia, luego llegó un presidente afroamericano y pensamos lo mismo, después vino Donald Trump y pensábamos que era el no va más de la historia y luego el seis de enero con el asalto al Capitolio… Al final van a venir más cosas que sean ‘las más importantes’ porque la vida es así. Hace falta un poco de perspectiva para saber qué es lo realmente importante de todo esto, lo importante es estar y contarlo y huir, algo que intento siempre, de los maximalismos. Es importante poner las cosas en contexto y como una cosa lleva a la otra y si eso es así quizá todas sean igual de importantes. Los periodistas tenemos una conversación con la vida, con las cosas que pasan, hay capítulos que uno recuerda mejor pero cada uno está en relación con los demás y eso nos ocurre con las historias. Hay puntos muy álgidos que uno recuerda muy vivamente como una toma de posesión o el asalto al Capitolio, pero luego las conversaciones privadas, los encuentros casuales, las entrevistas en profundidad, el reportaje histórico o cultural… Todo eso te puede marcar y explicar qué es lo que ocurrió. A veces pasa por sorpresa y esto te lo da la experiencia, te prepara para ello, para contextualizar las cosas, desmitificarlas y dessuperlativizarlas. Lo último que ha ocurrido es algo que los periodistas tenemos que contar porque es nuestra labor, pero la verdad es que las cosas importantes llevan un poco de tiempo, podemos contarlas casi en cualquier momento.

Y dentro de todo eso que tiene que llegar ¿qué sueña con contar?
Sueño y aspiro a seguir contando cosas. Los periodistas y los corresponsales estamos en la mochila de la vida, ahí encima y vamos contando lo que pasa. Una cosa muy importante, en especial para un corresponsal, es la versatilidad: sentirse igual de cómodo pisando moqueta o pisando barro y las historias interesantes se pueden hacer en traje y corbata o de pantalón corto. Si hay algo que particularmente me gusta es esa variedad de circunstancias que hacen que si hoy hubiera vuelto a Estados Unidos estaría entrando desde la Casa Blanca o en Haití casi con la misma facilidad. Esa ubicuidad es lo que más me gusta de mi posición, lo más bonito, pero lo más importante es contar historias allá donde estés y algunas de las más bonitas y maravillosas las he contado en Asturias haciendo reportajes sobre cómo se cambia la paja en los teitos, un rescate de alta montaña en los Picos de Europa que me marcó mucho, una noche con los quitanieves en San Isidro… La generosidad, el heroicismo, el drama, la tradición lo puedes sacar en historias muy locales.
¿Le gustaría recuperar aquella época en el Principado?
Estoy muy cómodo en el papel que tengo ahora. La vida tiene sus ciclos y el mío en Asturias fue muy breve, pero muy bonito, muy intenso. Me sirvió para ganarme una posición en el periodismo y saltar al ámbito internacional, lo cual demuestra que este sí puede ser un lugar de tránsito, que sí hay periodismo importante desde cualquier sitio.
“Algunas de las historias más bonitas las he contado en Asturias, lugar que me sirvió para saltar al ámbito internacional”
“La audiencia me permite hacer los Óscar porque saben que el resto del año hago cosas serias”
“No podemos perder ni osadía ni humildad porque se descompensa la ecuación profesional de manera irremediable”
Vuelvo a América. ¿Joe Biden era lo que necesitaba Estados Unidos?
Biden solo es una de las dos Américas, que consiga ganarse el respeto de la otra mitad todavía no lo sabemos. Su carácter era un hándicap para ganar la candidatura, pero lo jugó muy bien para vencer en las elecciones. Si es lo que necesita es una pregunta que deberemos contestar dentro de tres años.
Déjeme que le pregunte por sus chaquetas en los Premios Óscar. ¿Quién es su asesor?
José Angel Abad (risas). Cada Óscar es un duelo con el Óscar anterior. Esto se trataba de ir como hay que ir y ahora nos hemos convertido en tendencia. Es muy divertido porque tengo un colega que tiene una tienda de smokings y trajes para fiestas y todo el mundo se quejaba de que, por lo general, el vestuario es muy aburrido, yo también lo hacía. Me parecía un poco absurdo que todos se quejen de lo mismo, conozcan la solución y nadie se decida a ponerla en marcha. Para alguien como yo que ha ido 16 veces a los Óscar, pensé que los veteranos teníamos que dar un paso al frente y la verdad que ha funcionado muy bien. El primer año el director de la transmisión, mi amigo John Stewart, me dio las gracias por salvarle la retransmisión, me dijo que tenían una inmensidad negra y gracias a mi habían conseguido tener una luz masculina en la alfombra roja. Entonces dije: ‘Lo estamos haciendo bien’ (risas). Llego dos días antes y no es fácil elegir porque la frontera entre lo original y lo estrambótico puede ser muy tenue y además creo que solo me lo puedo permitir porque en esa conversación que tengo con nuestra audiencia saben que el resto del año hago cosas serias. Ese fin de semana me perdonan bajo condición de volver a la seriedad al día siguiente.

Tiene un gran número de fans. ¿Es consciente de que su forma de hacer directos atrapa al espectador?
Soy un corresponsal en el extranjero, es decir, un ciclista escapado del pelotón. Muchas veces no sé si voy por la ruta de la carrera, si me he desviado… Vivo en otro país, no estoy al tanto de muchas cosas, cuando llamo a algún sitio para conseguir algo no tiene mucho sentido que diga que soy de Antena3 porque nadie la conoce… Estás solo. Uno se pasa la primera mitad de su carrera intentando hacer las cosas como las hacen los demás y la segunda intentando hacerlas diferentes. El estilo se logra cuando consigues que hacerlo como lo hacían los demás y hacerlo diferente es como lo haces tú, pero no es algo premeditado, va surgiendo. Lo que intento siempre es contar las cosas con cercanía y claridad, como si todo el mundo estuviera escuchando porque es lo que realmente quieres.
Cuando llega a Antena 3 le dijo al director de Informativos, Jorge del Corral, que era una pérdida de tiempo que le preguntara por políticos porque se los sabía todos. ¿Esto osadía o confianza en uno mismo?
Es que tenía prisa (risas). El periodista tiene que ser, a la vez, osado y humilde. Osado porque cuando tienes el micro en la mano tienes que sentirte una persona poderosa, que el resto del mundo sepa algo que tú quieres contar depende ti, no de tu jefe, periódico, país, gobierno, empresa o anunciantes. Esto, a veces, es muy difícil para un periodista. Y al mismo tiempo tiene que ser muy humilde porque lo que contamos es solo una versión de los hechos y porque el periodismo es una profesión de humildes como me dijo mi jefe. Aquí solo estamos para contar lo que hacen otros, no para contar lo que hacemos nosotros, que no hacemos nada salvo contar lo de los demás. Vivimos entre la osadía y la humildad y no podemos perder ninguna de las dos porque entonces se descompensa la ecuación profesional de manera irremediable.
Todo el mundo le asocia a EEUU, pero también fue corresponsal en Londres durante cuatro años. ¿Llegó a hacerse con el país?
Londres es un país extranjero perfecto porque es lo suficientemente diferente. Una de las dificultades era explicarle a todo el mundo que ir a Nueva York estaba muy bien, pero para que lo quería si estaba muy feliz en Londres. Reino Unido fue la primera vez que me sentí como extranjero. Sin embargo, los EEUU ha sido el país que me han ayudado a conocer algo que ha sido muy importante: Latinoamérica. Desde Estados Unidos he trabajado en Chile, Colombia, Panamá, Venezuela, Cuba, Guatemala, México, Trinidad y Tobago, Canadá… prácticamente en todos los países y sientes que has descubierto familia, es el extranjero, pero exactamente no lo es. Ese descubrimiento de que Latinoamérica es parte de nuestra familia es algo muy transformador para mí porque cada vez que voy desde EEUU no salgo desde España para irme a otro país, sino que me estoy acercando a España. Ha sido el salto humanamente más importante que he tenido porque descubres que nos amamos, a veces discutimos, nos parecemos mucho, descubres que estamos allí y que ellos están aquí por una razón: somos familia.
Esta es fácil. ¿Comida asturiana o americana?
Asturiana hombre. Estados Unidos es maravilloso, pero no por la comida. Se puede comer bien y sano, pero no hay comparación.

¿Y es de los que carga la maleta con productos asturianos para sentir la tierra más cerca?
Lo hacía antes, ahora no. Una vez me abrieron la maleta y, afortunadamente, llegó una familia india y cuando me iban a encontrar el jamón, los quesos y los chorizos el policía me lanzó una mirada como diciéndome que continuara, me perdonó la vida. No llevo nada porque el mundo se ha globalizado y encuentras casi todo allí, pero sobre todo porque volver y reencontrarte con lo de aquí es tan bonito que no te sabe igual. La fabada está muy buena, pero hay que comerla aquí.
¿Tiene algún lugar especial?
El Muelle porque todo empezó aquí, es el eje que vertebra Gijón y el punto de referencia para todo el mundo. Todos jugamos por aquí de niños y todos pasearemos de abuelos. Es el ciclo de nuestra vida, el reloj que marca un poco la mía. Entre medias te pasan cosas como ser corresponsal, estar en otros países y contar historias en la tele, pero al final el ciclo es corretear por el Muelle y luego pasear por él.