La ciudad protege a sus libreros y libreras, que mantienen abiertos unos 30 negocios sin miedo a la gentrificación, pero con la preocupación de que suban los alquileres a sus vecinos y vecinas

El cierre inminente que han anunciado los propietarios de la librería Tipos Infames de Madrid azota las pesadillas de unos negocios demasiado vulnerables a la subida de los alquileres en zonas tensionadas por la vivienda turística. La extinción de los barrios del centro de la capital es un hecho del que alertan desde hace años los pocos vecinos y vecinas que quedan en el de Las Letras.
En España, la disponibilidad de datos fiables sobre el crecimiento del mercado del alquiler es limitada. Las únicas cifras accesibles provienen de portales inmobiliarios, cuyos intereses aseguran que 2025 cerró con un aumento del 8,5%. Un portal competidor estima este incremento en el 6,9%, mientras que un tercero informa que la rentabilidad bruta del alquiler alcanzó al 7%, dato récord. Este último dato es el más exigente para las tensionadas cuentas de una librería.
El ciclo vital de estos comercios sucede en la urbe. Nacen, se reproducen y mueren en ellas. Ante aumento del precio de los barrios tensionados, en una ciudad con playa como Gijón, ese ciclo vital parece condenado a terminar antes de tiempo. La enfermedad genética de la librería española es la ciudad: no puede sobrevivir lejos de una y son su principal causa de muerte. Según los últimos datos de la Confederación Española de Gremios y Asociacion de Libreros (CEGAL), la mitad de las librerías que han abierto en estos últimos cinco años lo han hecho en poblaciones con más de 150.000 habitantes. Los comercios fundados antes de 1971 son el 10% del total, sus ventas superan los 300.000 euros anuales y el 56% se localizan en municipios de más de 100.000 habitantes.
El resultado es el cierre de referentes como Tipos Infames, que nació con la fórmula contra la desaparición: una barra de bar y la conversión de la librería en centro cultural y social. Sus propietarios transformaron el negocio para consolidarlo como espacio de encuentro, reflexión y discusión. Así han resistido 15 años. En Barcelona, la librería Calders también nació como hervidero cultural y rompió la concepción de librería como museo del libro. Con el cambio de siglo, las librerías empezaron a vender una experiencia, además de libros.
En el último censo de librerías, publicado por CEGAL, hay datos muy reveladores, como que desde 2022 han cerrado 223 en toda España. El mapa actual cifra en 2.754 librerías independientes. De ellas, en Asturias hay 78, esto supone el 2,83% del total. Por delante hay muchas comunidades, como Cataluña, con 408 librerías (el 14,82%) o Andalucía, con 386 (14,02%). Pero el dato que más nos interesa es el que indica la densidad de librerías por cada 100.000 habitantes, porque descubre la presencia de estos comercios en la vida de las ciudades. Aquí la tabla se invierte y las urbes asturianas aparecen en un lugar privilegiado, junto con Galicia y Castilla y León. En Cataluña hay 5,08 librerías por cada 100.000 habitantes; en Madrid, 5,46; en Andalucia, 4,48; y en Asturias, 7,74 librerías por cada 100.000 vecinos y vecinas.
Gijón tiene un número notable de librerías independientes: unas 30, según la Asociación de Librerías del Principado de Asturias (ALPA). De ellas, 29 participan en la Feria del Libro FeLix en junio (las participantes en LibrOviedo son 12). Según CEGAL, librería independiente es aquella en la que la venta de libros nuevos representa al menos el 30% de la facturación, excluyendo así a la mayoría de las papelerías. Rafael Gutiérrez, presidente de ALPA y propietario de La Buena Letra, indica que en las últimas dos décadas, en Gijón fueron tantas las librerías que cerraron como las que abrieron. Gracias a la tradición librera y a la pervivencia de hasta cuatro ateneos culturales, la ciudad y sus habitantes podrían ser reconocidos como garantes de una excepción cultural española.
Gutiérrez afirma que la amenaza para las librerías de Gijón no son los alquileres de los locales, sino los de las viviendas. Las mesas de novedades atienden a las vecinas y vecinos, no a los turistas. Los libreros consultados por este periódico coinciden en que el éxito de este paraíso lector (con una oferta diversa de cómic, infantil, ensayo, ficción, feminismo, etc.) se debe a la población: compran en proximidad y el 64% se reconocen como lectores y lectoras, gracias a la estrategia de refuerzo que realizan las bibliotecas públicas de la ciudad (11 municipales y una autonómica) desde hace décadas.
Este oasis cultural también lo encontramos en La habitación propia, una librería especializada en autoras. Cuando Mónica Iglesias pensó en fundarla tenía claro que debía ser en Gijón, cuenta, “una ciudad en la que existe una masa crítica amplia, un perfil político muy progresista y una gran tradición de librerías independientes”. Siete años después de la apertura cree que las librerías de esta ciudad no están bajo la amenaza del cierre como les sucede a las de Madrid o Barcelona. “A pesar de que la situación está cambiando, no estamos cerca de la gentrificación”, explica por teléfono. De hecho, recuerda que la librería La Madriguera acaba de cerrar.
Con el escaso margen de beneficio que deja un libro deben garantizarse la supervivencia, en zonas donde los alquileres se comen la mayor parte de los ingresos. El precio medio de un ejemplar es de 15,7 euros, según datos del Mercado del lIbro en España 2024, recopilados por la Federación de Asociaciones Nacionales de Distribuidores de Ediciones (FANDE) y la Cámara del Libro de Madrid. Del precio de venta, el editor recibe el 30%; la distribución y librerías, el 60%; y los autores, el 10%.
Hace casi 20 años Valentín Tejeiro abrió De Bolsillo, una librería de fondo con preferencia por la no ficción, ubicada en el barrio de La Arena, declarada zona tensionada por el Gobierno del Principado, para intervenir en el precio de la vivienda. En este tiempo cambió de local, pero Tejeiro no siente la amenaza ante las noticias que llegan desde Madrid: en su entorno hay muchos locales en alquiler desde hace tiempo, las mercerías y ferreterías siguen atendiendo y, como dice el librero, el vecindario lee mucho. “Y viene a comprarnos”, añade.
Los libreros reciben el reconocimiento social, pero echan de menos más respaldo institucional. En 2021, Francia consolidó el estatus de sus librerías al declararlas oficialmente “comercios esenciales”, medida ratificada durante las restricciones sanitarias de la pandemia del COVID-19. Esta declaración protegió a más de 3.000 librerías independientes del país. Antes de este marchamo, las librerías francesas habían recibido en 2013 cuatro millones de euros en ayudas del Gobierno, en un plan de salvamento al comercio del libro. Un año después, el gobierno de Mariano Rajoy invirtió 150.000 euros para lo mismo.