No, no se lo crean. Lo citado es sólo un ejemplo del proyecto del empresario gijonés Rafael Riva Meana para recuperar el tráfico de mercancías y pasajeros de la Autopista del Mar con Nantes cerrada en 2014. El dosier fue enviado hace más de un año a Principado, Ayuntamiento de Gijón y El Musel. Se solicitaba sólo apoyo institucional. El silencio fue toda la respuesta. Los mensajes políticos se quedan vacíos ante la realidad de los hechos

No pudo ser, porque, al parecer, a nadie le interesa. Vayamos al dato, a un solo dato. Tanto usted como yo mismo podríamos haber viajado el año pasado por mar entre Gijón y el puerto de Saint Nazaire, en Francia, con nuestro propio vehículo a bordo, por un precio entre 180 y 220 euros. Si, además, tuviésemos la intención de ir acompañados por otra persona, ese pasajero adicional pagaría entre 60 y 80 euros. Así, después de una tranquila travesía de entre 18 y 20 horas de duración, nos encontraríamos ambos a un paso de Nantes, y tampoco muy lejos de París, descansados y con todos los parabienes para continuar una prometedora ruta turística. Como apuntaba al inicio, podía haber sido, pero no pudo ser. La Autopista del Mar entre ambos sistemas portuarios, cerrada hace ya más de once años, sigue siendo objeto de inútiles debates políticos y de escondida indiferencia.
Sobre la mesa, sobre sus mesas, las que rodean a los padres y madres de la ‘patria’ local y regional, navega sin rumbo ni control un proyecto para reanudar el reclamado trayecto marítimo de mercancías y pasajeros que, en lugar de suscitar la lógica colaboración y máximo respeto, se encuentra con que le ponen, tanto unos como otros, lo que vulgarmente se llamaría: la proa. ¿Quieren un proyecto viable y de futuro para la Autopista del Mar? Ahí lo tienen en sus despachos. ¿Quieren que hablemos para aclarar todos sus puntos y extremos? No hay respuesta. En esa tesitura se encuentra, desde hace más de un año, el empresario gijonés Rafael Riva Meana, máximo responsable de la compañía Trans Europea Riva, S. L. Todo está analizado al detalle: presupuesto, financiación, tarifas, tráficos, buques… en decenas de páginas y soporte gráfico. Lo dicho, no hay respuesta. Ni Principado, ni Ayuntamiento de Gijón, ni Autoridad Portuaria local han movido pieza, al menos hasta la fecha, para desazón del promotor de la iniciativa.
Resulta paradójico este silencio después de leer y escuchar, hasta la saciedad, cómo desde el Gobierno regional, desde el ayuntamiento local y desde El Musel se habla, hablan sus responsables, de recuperar esta línea marítima y lo importante que sería para Gijón y para Asturias, un mantra que resulta ya hasta recurrente y cansino. Todavía hace pocas fechas, el pleno municipal aprobaba por unanimidad la necesidad de darle una nueva vida a ese trayecto marítimo. Todos están de acuerdo, pero, a tenor de los resultados, a la hora de la verdad nadie arrima el hombro. Por lo que se refiere a la Junta General, ya son innumerables las veces que se sacó el asunto a colación con idéntico resultado: todos a favor. Sin embargo, el proyecto presentado por Trans Europea Riva S. L. no ha merecido, hasta la fecha, una mínima atención del presidente del Principado, Adrián Barbón, ni de la alcaldesa de Gijón, Carmen Moriyón, que se han limitado a sortear el interés de los promotores con entrevistas insulsas e ineficaces con miembros de tercera fila de sus respectivos gobiernos. Las declaraciones grandilocuentes dejan paso a una absoluta indiferencia ante la ‘osadía’ de un empresario local de presentar un proyecto privado que parece aterrorizar.
Caso aparte merece la Autoridad Portuaria que, además de enviar un interlocutor de compromiso a la presentación del dosier, está dando largas a todo el proyecto sin permitir que tome cuerpo e incluso dando visibles muestras a los promotores, por lo que parece, de dinamitar la iniciativa. En todo caso, ninguno de los tres estamentos requeridos ha querido siquiera suscribir un acuerdo de colaboración institucional, y no ha sido por falta de intentos por parte de los promotores. En ello llevan más de un año aunque, reconocen, la situación se vuelve ya insoportable con el paso de los meses. Sólo ese apoyo institucional permitiría dar pasos adelante en busca de soporte económico. Nada se ha avanzado. Los hechos demuestran que la iniciativa del empresario local no agrada a las instituciones que tanto alardean de impulsar la Autopista del Mar y, además, nadie se atreve a romper la baraja so pena, es de suponer, de quedar políticamente al descubierto. Ayuntamiento, Principado y Puerto optan por la indiferencia a base de dar largas. En ello está Trans Europea Riva desde hace más de un año. Habrá que ver hasta cuándo.
Pero sigamos con alguno de los detalles de este denostado proyecto. El Plan Logístico Industrial Energético Atlántico, en su Fase 1, la relativa a la reapertura de la Autopista del Mar, habla de una inversión movilizada de entre 18 y 28 millones de euros, con unos fondos públicos previstos modelo CEF, Feder y Sekuens, todo ello con un barco modelo Ropax con capacidad para transportar mercancías y pasajeros, a diferencia del servicio ro-ro que está ahora, y desde hace tiempo, operativo desde Vigo con el puerto francés y que sólo se utiliza para mercancía. La frecuencia prevista entre Gijón y Nantes sería de seis rotaciones a la semana, es decir, con tres salidas y, en términos realistas, la previsión de movimiento anual estimada sería la siguiente: 15.000 unidades de semirremolque o camiones y 32.000 pasajeros en 2026; 18.000 unidades y 40.000 pasajeros en 2027; 20.000 unidades y 45.000 pasajeros en 2028, y 22.000 unidades y 50.000 pasajeros para los años 2029 y 2030. De esta manera y cumpliendo las premisas que exigirá el denominado Pacto Verde de bajar las emisiones para el año 2030, se evitarían no sólo la saturación de los pasos fronterizos, sino también la circulación de unos 20.000 camiones al año por todo el entorno.
En el prolijo informe se hace expresa mención al cierre de la línea en el año 2014 por parte del armador francés LD Lines y se cita que, a favor de reabrir ahora este servicio marítimo, estaría ahora el coste del transporte por carretera que en los últimos cinco años se estima que se ha elevado un 18 por ciento, y que, respecto a la anterior experiencia, se podría reducir el coste del buque en un 30 por ciento, además de sacar provecho a la importante bajada del precio del combustible, con lo que se valora que se lograría una rentabilidad operativa de la línea en dos años con una ocupación de carga media del 60 por ciento. A nivel de tarifas, en el terreno de mercancía, se mencionan que el semirremolque sin conductor estaría entre 450 a 490 euros por trayecto y el camión completo con conductor, incluido el alojamiento básico, entre 550 y 600 euros. La línea de Vigo tiene por tarifa entre 650 y 750 euros y una duración del viaje de siete a nueve horas más que desde Gijón.
La pretensión es que el barco disponga de camarotes individuales, butacas reclinables, restaurante cafetería, sala de descanso para los transportistas y conexiones a las líneas de internet. Así sería en las 312 rotaciones al año, claro que, para ello, el promotor Rafael Riva Meana solicitó hace meses, como queda dicho, la colaboración institucional del Ayuntamiento de Gijón, del Principado y de la Autoridad Portuaria de Gijón, sin recibir respuesta alguna, como si la obtuvo de diferentes empresas asturianas y del hinterland portuario local interesadas y de diferentes ámbitos, desde el industrial hasta el agrícola, el hortofrutícola, el del ocio y turismo y el de la logística especial, incluida la militar.
Este proyecto, que ampliaría las posibilidades logísticas de El Musel y hasta los ingresos por tasas portuarias lleva meses en los despachos. Mientras, no hay político que se precie en Gijón y en Asturias que no mueva el mantra de la Autopista del Mar cuando tiene la menor ocasión para ello, incluso como arma arrojadiza. Incluso la presidenta de la Autoridad Portuaria de Gijón viajó hace meses a Nantes, con todo su equipo, al poco tiempo de tomar posesión del cargo, para, se dijo, volver a remover esa ‘caldo’ que todo el mundo sabe, hasta ella misma, que tiene la fecha ya más que caducada hace años. Han pasado más de seis meses de ese viaje y, que se sepa, de nada ha servido, salvo para alimentar estudios que nunca aparecen y justificar, con la foto, un interés por la línea que los hechos desmienten.
En medio de todo este abandono oficial igual alguien sigue esperando por el proyecto de Balearia, tan aireado en su momento como fracasado antes de nacer. Mientras, un empresario local mueve pieza en medio del desierto institucional que se pierde en declaraciones para la galería, pero que, por lo que parece, no da la cara, ni para bien ni para mal, cuando se le pone delante un proyecto trabajado, ni siquiera para dialogar. No es la primera vez que Rafael Riva intenta recuperar esta línea regular, sin descartar otras futuras con el sur de Irlanda y de Inglaterra, pero parece no contar con los ‘favores’ de quienes manejan las teclas políticas. Asegura que seguirá insistiendo. Quizás algún día lo logre, si es que, quienes manejan ‘la barca’, dejan de ponerle la proa.