En el segundo día del juicio, la exmujer y las hijas del acusado confirman que «estaba muy obsesionado» con la víctima; la pareja e hijas de esta última niegan conocimiento alguno de las acusaciones de estafa que pesan sobre su difunto padre

La segunda jornada del juicio contra el presunto autor de la muerte a puñaladas de F. J. R. T., de 55 años y dueño de una inmobiliaria de Ceares, ha vuelto a demostrar este martes hasta qué punto aquel crimen, perpetrado en septiembre de 2023, aún logra situar las emociones a flor de piel. Tanto la exmujer del acusado como sus dos hijas han comparecido para aportar sus respectivos testimonios, y han confirmado que, efectivamente, el ahora procesado había llegado a estar «muy obsesionado» con la que fue su víctima, a la que responsabilizaba de una supuesta estaba que había derivado en una ejecución inmobiliaria e, incluso, de haber abusado sexualmente de su pareja.
«No pudo olvidarlo», ha afirmado la que fuese compañera sentimental del acusado, quien ha explicado, refrendando el testimonio dado ayer por este último, que contrató en secreto un préstamo con el fallecido por su «cuenta y riesgo», al verse «agobiada económicamente». No obstante, en el momento de la firma, plasmó su rúbrica en hojas de papel en blanco, ya que, según le dijo el gerente de la inmobiliaria, el notario estaba «muy liado». Aquel mismo día recibió en mano la cantidad de 3.500 euros; no sería hasta tiempo después cuando descubrió que el montante prestado ascendía a 12.900. Al descubrir el supuesto engaño, la mujer informó a su marido, y ambos interpusieron una querella que, sin embargo, fracasó. Así las cosas, el matrimonio fue encadenando créditos para pagar la deuda hasta que, en 2014, una ejecución hipotecaria dejó a ambos sin vivienda. Fue entonces cuando la actitud del procesado «cambió cien por ciento»; siempre según su exmujer, «se metió en una depresión» y comenzó a beber en exceso, razón por la cual terminaron divorciándose. Aun así, mantenía una buena relación.
Una «obsesión» con el hombre que le había «arruinado la vida»
En su testimonio, la mujer ha negado haber tenido cualquier clase de relación sexual con la víctima, aunque sí ha reconocido que el que fuese su marido le mostró unos mensajes enviados por el difunto que daban a entender ese punto. También ha expuesto que en 2014, coincidiendo con la ejecución inmobiliaria y ante la pregunta hecha por el acusado a la víctima de si le parecía normal dejarles sin vivienda por 3.500 euros, el segundo le respondió «Qué me vas a decir a mí, cornudo, que tú no sabes lo que pasa en tu casa». Y ha narrado que cuatro años más tarde, en otro juicio al que ella acudió en calidad de testigo, acompañada por su exmarido, éste le preguntó al gerente de la inmobiliaria si se acordaba de él, y la contestación del aludido fue «A ti no te conozco de nada, a la que conozco es a tu mujer». En fin, un cúmulo de elementos que llevaron al ahora procesado a «obsesionarse», y a insistir una y otra vez que las presuntas acciones de quien sería su víctima le habían «arruinado la vida».
Ese último aspecto ha sido refrendado por una de las hijas del presunto criminal, de quien ha dicho que «su única vida era para mí y para mi hermana». La aludida también ha abordado los 250 euros consignados como reparación del daño a la familia de la víctima, una cantidad que «puede resultar irrisoria», pero que deja de serlo si se tiene en cuenta que su padre, en el momento del arresto, «no tenía nada», sólo diecisiete céntimos en su cuenta bancaria. En ese sentido, uno de los momentos más vívidos de la jornada lo ha protagonizado su madre, quien ha afirmado desconocer hasta el inicio del proceso que su exmarido, pasada la ejecución hipotecaria, llegó a vivir quince días en un trastero. Y ambas, madre e hija, han coincidido en contar que, en el momento de la detención, un agente de la Policía Nacional llegó a decirles que «sabía que esa situación se iba a dar», en referencia al crimen.
Una testigo del crimen confirma haber visto al autor «muy tranquilo» en todo momento
La sesión de hoy también ha contado con relatos desde el flanco del difunto, aunque más escueta. Tanto la que fuese su compañera sentimental, con la que mantuvo una relación de ocho años, como una de sus hijas han negado todo conocimiento de esas supuestas estafas; han insisto en que la agencia sólo se dedicaba a la compra y venta de inmuebles, y no a la concesión de préstamos, y se han declarado dependientes económicamente del fallecido. Es más, la hermana de la segunda ha asegurado que, con la muerte de su progenitor, tuvieron que clausurar el negocio, al ser incapaces de administrarlo. También ha testificado una testigo de los hechos, quien vio al acusado sacar el cuchillo del cuerpo de la víctima, meterlo en una bolsa y marcharse, con un comportamiento «muy tranquilo» en todo momento. Finalmente, un amigo del acusado lo ha descrito como «demasiado reservado» y «una sombra de sí mismo», si bien tenía constancia de que «debía mucho dinero» y de su temor a que no se lo concediesen. Y ha concluido detallando que ya el día anterior intuyó que le pasaba «algo raro».