Las víctimas, miembros de una familia con domicilio en Torcuato Fernández Miranda, no se explican cómo los cacos pudieron llevarse un vehículo de 150 kilos que, a mayores, estaba encajonado entre otra motocicleta y una pared; la Policía Nacional ya investiga el caso

Que a uno le roben resquema. Siempre. Por sistema. Y no sólo por la pérdida material, ojo; también por esa herida en el orgullo que abre el descubrir que, de un momento a otro, algo que era legítimamente propio ha pasado ilícitamente a manos de un tercero. Cierta familia con domicilio en la calle Torcuato Fernández Miranda, a escasa distancia del Parador de Gijón, ha experimentado recientemente esa desagradable sensación… Aderezada, eso sí, con un importante componente de desconcierto. Porque ni los dos miembros de la pareja, ni su hija se explican en qué momento el autor, o autores, del hecho se colaron en el garaje vecinal y lograron llevarse sin levantar sospechas la motocicleta Honda SH-125 del marido… Que pesa 150 kilos y, para más inri, estaba encajonada entre otro ciclomotor y una pared del complejo. Una pintoresca cuestión a la que, con suerte, dará respuesta la Policía Nacional, que ya investiga el caso.
«Debían tenerle muchas ganas, porque tuvieron que hacer una fuerza para sacarla…», reflexiona el cabeza de familia, quien hace ocho años y medio que adquirió el vehículo, de color negro y con matrícula 9748 JSD. Lo del supuesto énfasis de los cacos no es un comentario gratuito… En el transcurso del robo, llegaron a dejar importantes marcas en el firme del garaje, prueba del esfuerzo que les supuso extraer la moto del hueco y cargarla hasta la superficie. Algo de lo que esta familia no se percató a las cinco y media de la tarde de ayer martes, veinticuatro horas después de que la Honda fuese dejada en el garaje por última vez. «Fue mi mujer quien se dio cuenta; bajó a cogerla, y se encontró con el espacio vacío», comenta el marido. Ahora, si esperanza que el las imágenes recogidas por el sistema de videovigilancia de una obra cercana ayuden a identificar a los autores de la sustracción… Y a que la moto sea devuelta lo más sana y salva posible.
Sobre ese último punto, la familia ruega la colaboración ciudadana, de modo que cualquier persona que vea un ciclomotor con la matrícula en cuestión, o que se ajuste a las imágenes que acompañan a este texto, dé aviso a las autoridades. Afortunadamente, la Policía Nacional se ha mostrado optimista. «Nos han dicho que, en estos casos, los vehículos aparecen en unos diez días; otra cosa es el estado en el que estén», comparte el hombre. En lo que sí confía es en que lo ocurrido influya en el resto de propietarios de su comunidad, y les decida a instalar cámaras propias de una vez por todas. «Es cierto que esa zona, la del Molino Viejo, es muy segura, pero ya hemos tenido algunos sustos recientes: nos abrieron todos los extintores, robaron una manguera de cincuenta metros de la obra…», acota. Hechos todos que, sin embargo, no derivaron en una votación favorable a las cámaras en la última junta de vecinos. «Ojalá esto les haga entrar en razón».