El trabajador, que entró en la sociedad en 1975 con 15 años como «pinche, haciendo recados en la administración», enfrentó este martes su última jornada laboral por su inminente jubilación; la entidad le preparó un acto de despedida en la que participó el presidente Joaquín Miranda

El 16 de julio de 1975, Javier Chauseiro cumplió su primera jornada laboral en el Grupo Covadonga. «Entré a trabajar de pinche, haciendo los recados en la administración tras realizar una entrevista», recuerda 50 años y medio después, en el día en el que cumple su última faena. Y es que este trabajador abraza una merecida jubilación después de medio siglo de dedicación a la entidad grupista que fue reconocida ayer por directiva, compañeros y socios. El propio presidente Joaquín Miranda lo recibió por la tarde en su despacho en un acto de despedida.
miGijón conversó con el homenajeado minutos antes de dicho evento, al que acudía con «sensaciones de emoción» acumuladas de todo el día. Chauseiro tuvo la oportunidad de reunirse con sus compañeros y se mostraba agradecido por «los mensajes de cariño y aprecio» que llevaba recibiendo durante toda la jornada. El medio siglo de servicio en las instalaciones grupistas hacen de él una persona reconocible por trabajadores y socios. «En mi periodo pasaron nueve presidentes y una gestora», rememoraba.
Yendo hacia atrás, apunta que «recuerdo que tuve que ir a las oficinas generales acompañado de mis padres» al tener sólo 15 años cuando empezó en la entidad. «En aquella época cuando eras menor de edad necesitabas tener la autorización de tus padres para trabajar», explica. Tras este inicio, «pasé a servicios generales, estuve en la portería principal varios años y, a los 24 o 25 años, no me acuerdo exactamente, ya me nombraron jefe de Personal subalterno y hasta hoy», puesto que recibe ahora la denominación de encargado de Instalaciones y Servicios».
La bomba en el guardarropa
En este tiempo «el Grupo evolucionó mucho, en instalaciones y en socios», afirma, y las anécdotas e historias se suceden, aunque «es tanto lo que viviste que no crea que se recuerda todo». No se olvida, eso sí, cuando, a eso del año 90, «tuve que transportar una bomba que nos pusieron en el guardarropa», dirigida «a un entrenador de atletismo». «El socio responsable fue el que luego puso la bomba de Muniello», especifica, la tienda de electrodomésticos de la calle Trinidad que sufrió en 1993 una explosión causando heridas graves y hasta mutilaciones a tres personas. Chauseiro cogió la caja y la transportó «a la sala de juntas», momento en el que «la abro y me percato de que es una bomba. Tenía una pila de petaca, un frasco con líquido inflamable, una mecha, pólvora y un cable. Entonces avisé, vinieron los artificieros de Oviedo y se desalojó el Grupo. Fue la primera vez que hubo que desalojar el Grupo», recuerda.
Otro aspecto que destaca es que «el Grupo prácticamente no se cerró nunca. Sólo se cerró cuando hubo una huelga general de trabajadores, en los años 80», en tiempo de la presidencia de Luis Ángel Varela. Son las historias que tiene más en la cabeza Chauseiro, que va a dedicar ahora su tiempo «a mi familia». Socio de mérito, no cuenta con utilizar mucho las instalaciones para hacer deporte, pero seguro que no faltarán visitas a sus compañeros y los paseos por aquellos espacios y ‘praos’ que vio cambiar con el paso de los años.
«Desde el corazón de esta institución, queremos darle las gracias por su dedicación incansable, su lealtad ejemplar y su compromiso con cada rincón del club. Ha sido mucho más que un trabajador: ha sido familia, historia viva y ejemplo para todos. Te echaremos de menos, Javi. Mucho. Pero sabemos que seguirás con nosotros en cada recuerdo compartido. ¡Gracias por todo!», expresaba el Grupo en su página web junto con información sobre la trayectoria de su ya exempleado.
