El colectivo afea al Principado que dé luz verde a un equipamiento semejante «en la actual situación de emergencia climática en la que nos encontramos», y siendo ese mineral «el máximo responsable de las emisiones de CO2»

La cuerda entre la Autoridad Portuaria de Gijón y el Principado, y la Coordinadora Ecologista de Asturias, por otro, ha vuelto a tensarse. Y, de nuevo, el carbón se halla detrás de ello. Valiéndose de una nota de prensa remitida esta mañana a los medios de comunicación, el colectivo ha criticado al Gobierno autonómico que haya dado su visto bueno a la instalación de un nuevo parque de almacenamiento, clasificación y venta de carbones, antracitas, coke de petróleo y cok metalúrgico en la zona de Aboño Sur de El Musel, a instancias de la empresa Energy Fuel Asturias, SL, y que contará con una superficie final de 13.800 metros cuadrados. Especialmente, a la vista de los problemas de contaminación que tanto la Zona Oeste de Gijón como el cercano concejo de Carreño padecen desde hace años.
«Nos parece increíble que la Consejería de Transición Ecológica, Industria y Desarrollo Económico de Asturias lo autorice diciendo que no va tener efectos adversos significativos sobre el medio ambiente, y no es necesario someterlo al procedimiento de evaluación ambiental ordinaria, como publica hoy el Boletín Oficial del Principado (BOPA), denuncian desde la Coordinadora. Sus integrantes han sido tajantes al respecto, confirmando que «no compartimos, ni podemos entender, que en la actual situación de emergencia climática en la que nos encontramos se continúe apostando por el consumo de energías fósiles, especialmente el carbón, máximo responsable de las emisiones de CO2 a la atmósfera». En la misma línea, tampoco se comprende que, «en el actual contexto nacional e internacional de progresiva desaparición del carbón, sigamos rivalizando para que nuestros puertos de El Musel y de Avilés acojan este tipo de actividades, de futuro más que dudoso y que producen un fuerte impacto ambiental en su entorno».
Los responsables del colectivo ahondan en dicha cuestión. Según su planteamiento, «en una zona tan contaminada, dada la naturaleza de la actuación prevista, que requiere la manipulación de un granel pulverulento con su consiguiente dispersión a causa del viento y de la propia manipulación, nos preocupa dicha dispersión de partículas y su posterior inmisión en el entorno cercano». Concretamente, inquieta «la acumulación de impactos, o los efectos sinérgicos producidos en la calidad del aire como consecuencia de la existencia de esta planta y de las otras de graneles del complejo del Musel, del parque de minerales, de la térmica y de la cementera, en un entorno donde viven miles de personas a menos de 2.000 metros y que sufren desde hace décadas una disparada contaminación del aire, de las aguas y del suelo». Por todo ello, «sorprende que el Principado lo autorice sin un estudio impacto ambiental serio que seguro que determinaría la inviabilidad de este nuevo parque».