
La entidad, dedicada a la asistencia a niños hospitalizados y en tratamiento, se convirtió en protagonista del Festival de Solidaridad de la FAV, que ayer viernes llenó de humor, arte y buenos deseos el Teatro Jovellanos de Gijón
Sabemos que en Gijón somo solidarios y empáticos con las necesidades de los demás. Y también podemos afirmar que, a lo largo de los años, el Teatro Jovellanos se abarrota de vecinos de todos los barrios de la villa en torno a una fundación o entidad que ayude socialmente.
La edición de este 2026 puso el foco en la Fundación Pequeño Deseo, que desde el año 2000 trabaja para mejorar el bienestar emocional de esos niños y niñas que están enfermos.
Concederles un deseo, el que más les apetezca, les hace llevar la hospitalización y los tratamientos a los que son sometidos, mucho más amables y llevaderos.
La red de Pequeño Deseo es tan sólida como solidaria, y opera en más de una treintena de hospitales de toda España. Aquí, en Asturias, tiene una cara visible, la de Camino Luna.
Ya en la entrevista que concedió hace un par de años a miGijón, Camino confesaba que muchas veces le dicen «Cómo puedes resistir tanta emoción», sabiendo que muchos de esos niños y niñas a los que se les concede un deseo no superarán su enfermedad… Ella lo tiene claro: «Alguien tiene que hacerlo».
Así que ayer la buena de Camino tuvo su multitudinario regalo de mano de todos los vecinos de su ciudad y, por supuesto, con la presencia de su familia, que es, en realidad, un apoyo importantísimo para poder llevar a cabo su altruista labor.
Y precisamente esa labor hizo que la Federación de Asociaciones Vecinales de Gijón (FAV), se fijara en Pequeño Deseo para dedicarles el Festival de Solidaridad de este año y entregarles lo recaudado.
Presentando el evento estuvo, como siempre, la voz amable y sincera de Arancha Fernández, y, abriendo la gala, el polifacético cantante Chus Serrano arrancó los primeros aplausos.
La presencia de Tere Rojo, acompañada del pianista Charly Blanco, fue una de las actuaciones aplaudidas, al igual que la de Lía Marcos, hija de Tere, que regalaron un ‘A quién le importa’, de Alaska, fantástico.
Se unió a ellas el incombustible Ceferino Otero, que se mueve como pez en el agua en cualquier escenario.
No faltó tampoco otra conocida y potentísima voz, la de Arancha Miñán, que interpretó ‘Together’, de Bonnie Tyler, no dejando indiferente a nadie de cuantas personas ocupaban el patio de butacas, que le regaló un buen momento de aplausos.
El grupo Supersonora cambió con su música el ritmo de la gala, que tuvo su momento desternillante con el monólogo del actor Alberto Rodríguez.
El coreógrafo Robert Taboada no podía faltar al evento y, junto con algunos componentes de sus coreografías, recordó con una de ellas al gran Tino Casal, al que ya en su día homenajeó en el Auditorio de Pola de Siero.
Cerró la gala solidaria la cantante Mina Longo, que, además de interpretar una de las rancheras con las que deleitará en breve al mismo teatro, en un concierto para el que ya no hay ni una entrada, cerró con la petición popular de ‘Gijón del alma’.





